10 de diciembre de 2012

VANDALISMO POLÍTICO Y DE ESTADO: ARMANDO BARTRA


Armando Bartra. Cuál anarquismo. Foto: Alejandro Saldívar
Armando Bartra. Cuál anarquismo.
Foto: Alejandro Saldívar
Más allá de las contradicciones o absurdos en que pudo incurrir Marcelo Ebrard al calificar de “anarquistas” a los supuestos responsables de actos vandálicos y violentos el pasado 1 de diciembre, y en el último día de su gobierno rendir tributo a los hermanos Flores Magón, precursores del anarquismo en México, al inaugurar la Casa del Hijo del Ahuizote, al sociólogo Armando Bartra le preocupa algo más grave:
Que con una acción al final de su gobierno, una persona eche para atrás la actitud, hasta entonces consecuente y “razonablemente civilizada”, de la policía y los granaderos hacia quienes protestaban:
“Independientemente de que haya inaugurado o no en el último día Marcelo Ebrard, es un manchón que debiéramos tratar de borrar de alguna manera, porque no sólo ensucia la trayectoria de un jefe de gobierno –que desde un punto de vista había sido de claroscuros, yo diría en algunos casos más claros que oscuros–, ensucia una tradición ya prolongada de gobiernos de izquierda en la ciudad.
“No puede ser que este gobierno, un gobierno de izquierda, que además va a ser sucedido por otro gobierno de izquierda, también elegido mayoritariamente por la izquierda, termine el ejercicio con decenas de presos políticos arbitrariamente detenidos, brutalmente golpeados y, hasta ahora, encauzados judicialmente de manera muy irregular.”
Especialista en anarquismo, urge a hacer algo para revertir lo que está sucediendo y rectificar ésta “que fue una acción brutal, bárbara, injustificada, desde todos los puntos de vista”. Plantea:
“Mi postura de arranque es de indignación y de protesta abierta, franca, decidida sin ninguna duda, de que una vez más –para quienes tenemos un rato largo en esto– debemos exigir libertad a los presos políticos, libertad sin discriminación. Quienes fueron detenidos en ese contexto, de esa manera, con esa arbitrariedad, deben ser liberados.”
Y eso, aclara, no debe excluir una investigación sobre los posibles infiltrados que participaron de manera vandálica, pero de arranque el punto es liberar a todos los presos, muchos de ellos detenidos sin flagrancia y en lugares distintos a los que supuestamente ameritaban la intervención de la policía. Esto en el caso de las acciones de la Procuraduría General de Justicia del DF.
Pero se debe investigar también la represión de que fueron objeto los jóvenes en los alrededores de San Lázaro, por parte de la policía federal, quizá hasta intervino detrás de las vallas el Estado Mayor Presidencial. Y tuvo un saldo de heridos muy elevado, con una persona que está ahora en un coma inducido y de un joven que perdió un ojo, dado que se dispararon “directamente sobre los cuerpos de la gente” balas de goma que, ya se comprobó en Atenco, sí producen muertes, además de granadas antigases.
El sociólogo, miembro también de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), pregunta indignado dónde está la provocación, dónde el vandalismo:
“Afirmo categóricamente que los provocadores, los vandálicos son aquellos que se robaron la elección, aquellos que una vez más violentaron la Constitución y pasaron por encima de las leyes en una elección desaseada, inequitativa, en definitiva fraudulenta.”
Se debió haber previsto que los jóvenes protestarían, puesto que ya lo habían hecho desde el desarrollo de la campaña, por el perfil del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. Los manifestantes habían ya descalificado el proceso electoral, señala.
Pero ello no justifica el modo como se protegió San Lázaro ni los excesos “evidentes” que se cometieron y que pueden verse ya en videos e imágenes difundidos a través de internet.
“Hay un proceso que no puede calificarse de otra manera, más que de vandalismo político y provocación. Y los autores son los mismos poderes fácticos que están hoy dándole una cobertura absolutamente despreciable a estos eventos.
“Esos son los vándalos, esos son los provocadores, y creo que deben ser justamente investigados y castigados, no así los jóvenes que protestaron porque era inevitable que lo hicieran, y si hubo violencia, porque la hubo sin duda y es una expresión natural en una indignación juvenil, pudo haber sido contenida, pudo haber sido manejada, pero fue acicateada, fue provocada, con el saldo que hoy conocemos.”
Y en cuanto a las acusaciones que hizo Ebrard en el sentido de que eran grupos de “anarquistas”, Bartra dice que justo por estar cerca del pensamiento de los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón, editores del periódico El Hijo del Ahuizote, y en general de los jóvenes rebeldes de finales del siglo XIX y principios del XX, agrupados en torno al Partido Liberal Mexicano, de ideología anarquista y pensamiento magonista, de los cuales “hoy nos enorgullecemos”, no deja de sorprenderle que ahora cuando se trata de vituperar, insultar o decir una expresión agresiva, se diga “anarquista”.
Cuestiona de nuevo qué es lo que se puede esperar hoy de la juventud mexicana y del mundo luego de un siglo en el cual el Estado, o todos los Estados capitalistas o socialistas del mundo, han dado muestras de brutalidad, de autoritarismo, de prepotencia, incluso los Estados presuntamente sociales, y cuando la democracia no ofrece nada en términos reales:
“Bueno, pues los jóvenes tienden naturalmente –y creo que todos debiéramos hacerlo, es un buen ejemplo el que podemos tomar de ellos– a descreer en el Estado, a descreer en el gobierno, en todos los gobiernos. Si eso se llama anarquismo, entones va a haber una revitalización del pensamiento anarquista. Y anarquismo no necesariamente es una política desordenada, no es una política caótica, no es –aunque haya estado asociada en algunas épocas– una política violenta.
“Anarquismo es una crítica radical a la función que históricamente han tenido los Estados y al carácter represivo que adoptan en los años recientes en países como el nuestro. Que los jóvenes sean anarquistas, o una parte de los jóvenes sean anarquistas, me parece un producto natural de una experiencia política, para muchos de ellos quizá libresca, pero que ya empiezan a vivir en carne propia en forma bastante dramática.”

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