25 de agosto de 2013

“DE TODAS LAS EQUIVOCACIONES Y LOS ABUSOS DE LA VICE GOBERNADORA, ESTE ES DE LOS MÁS INDIGNANTES. EL LODO VERTIDO SOBRE LOS COMPAÑEROS VIVOS Y MUERTOS LA IMPOSIBILITA MORALMENTE PARA HABLAR DE NADA MÁS QUE DE LAS BONDADES DE LA PROSPERIDAD”



Memoria corta, lengua larga.
Decía el Secretario de Gobernación  Miguel Ángel Osorio  Chong que la paciencia tiene un límite y no se equivoca…..No sólo la paciencia, también la prudencia tiene un límite, como debería tenerlo la maldad y el cinismo.  La carta “aclaratoria” que el día de ayer le envió  la Coordinadora de Comunicación Social al maestro, al periodista, al compañero, al amigo Luis Velázquez, no solamente es injusta, también como ella misma, es infame.   

En una época en la que el país completo cuestiona a los maestros por abandonar las aulas y tomar las calles exigiendo  privilegios sindicales logrados  gracias a la ambición desmedida de sus propios líderes,  vale la pena hablar de “los otros”, los que día a día  ejercen el magisterio como un apostolado.  El compromiso de Luis Velázquez con el periodismo de a pie, el que defiende las causas de los más desprotegidos, el que exhibe los peores males de un gobierno al precio que sea,  el que ignora privilegios y acepta que su obligación moral con sus lectores es llevar la historia sin remiendos, lo llevó a las aulas, desde donde luchó por  forjar  generación tras generación  a esta clase de periodistas. 

Como muchos de los que hoy forman parte de una redacción, están al frente de un micrófono o  de una cámara, recuerdo como cada tarde, en punto de las cuatro,  llegaba Luis Velázquez  al salón de clases con una catedra sobre los pormenores del oficio.  Ponía siempre el mismo rigor en los textos que sus alumnos debían entregarle como  en los motivos que los llevaron a escribirlos. Como pocos  supo encontrar  en cada uno ese “algo” indescifrable que definiría la manera de ejercer el oficio. A muchos  de ellos, los  llevaba  a la redacción del periódico que durante tantos años dirigió para que conocieran lo que implica el verdadero  trabajo periodístico y  en  la mayoría -los más afortunados-,  logró sembrar el coraje y la “indignación crónica” que conlleva, casarse con la obligación de informar los hechos como son y no como convienen a los poderosos que se den a conocer.

Punto por punto….

“Me encontré con un análisis fuera de la realidad y sustentado en percepciones totalmente falsas” dice Gina Domínguez en su carta aclaratoria al Maestro Velázquez.  Las percepciones se derivan de la manera particular  en la que  cada uno  entiende el entorno, por lo tanto no hay falsas o verdaderas,  simplemente dependen del criterio de cada cual,   pretender que sólo las afines a los intereses de la vocera sean “verdaderas” demuestra uno de los puntos que rechaza en su misiva…Intolerancia. 

“Recuerdo sus clases de periodismo, en donde su discurso regía en torno a la objetividad, el profesionalismo y, sobre todo, el compromiso con la verdad.  Muy lejos, maestro, quedo esa época”…. escribe Gina Domínguez.  Difícilmente algo de aquellas clases recordará la vocera y la redacción de la misiva lo corrobora. Luis Velázquez, señora Domínguez, jamás habló en sus clases de objetividad, citaba constantemente a García Márquez y  recordaba a sus alumnos que la objetividad es relativa a los objetos.  Como sujetos –dijo el maestro en una clase- tenemos mayor afinidad a determinada ideología, nuestro reto diario es plasmar en cada nota la visión y la versión de todos los implicados, entendiendo que el deber obliga  a contar la historia más allá de lo que esta nos provoque.  Tal como enseño a sus alumnos, aunque claro está que no todos aprendieron, su compromiso con la verdad ha quedado demostrado durante cada día de las más de tres décadas que ha denunciado la miseria que se vive en Veracruz  y que Domínguez niega en cada boletín, la vulnerabilidad de los migrantes a los que el  Gobierno del estado desprecia y  la corrupción de los funcionarios  a los que el aparato estatal protege.

“La libertad de expresión debe ser ejercida con toda honestidad y, sobre todo, con toda veracidad”… Sentencia Gina Domínguez.    Libertad de expresión significa manifestar del modo que sea  lo que cada quien  piensa,  el “deber” es de aquellos a quienes el pueblo paga por servirles, para el resto se aplica sólo “el ser” y “el ser” implica expresar en libertad lo que la información, la intuición, la emoción o la experiencia  que se posea te dicta.  Nada más. 

  “No soy dueña de ningún periódico, ni de ninguna estación de radio, ni tengo negocios millonarios, ni poseo restaurantes ni salones de fiesta”…. Aclara Gina Domínguez.   Luis Velázquez con el rigor periodístico que lo caracteriza, no acusó nunca que los tuviera, citó a quienes hemos dicho, y lo sostenemos, que los posee.   Si de verdad la vocera quiere “aclarar” este punto, hay instancias legales para hacerlo, para empezar si ella misma permitiera  que los órganos encargados de transparentar el manejo de los recursos públicos hicieran  su labor, podría por ejemplo, permitir que la gente conociera  el presupuesto real que la dependencia a su cargo maneja.  Después y porque no está demás,  se podría exhortar a los verdaderos dueños de las empresas de las que se menciona como socia, a dar la cara y mostrar las actas constitutivas de cada una en aras de limpiar su imagen.

“Yo puedo ver a la cara, a los ojos, a cualquier compañero de  los medios de comunicación, incluyendo a mis fervientes detractores, incluso usted”…. Desafía Gina Domínguez.   Esta reportera, a quien Luis Velázquez ha dado voz en sus espacios cada que a la vocera se le ha antojado mandar a despedir,  es testigo de su prepotencia e infinita soberbia, no podría ver la vocera a la cara, menos a los ojos a quienes ha perseguido hasta el cansancio, hasta la saciedad, a menos claro, que el cinismo se haya apoderado por completo de ella y nada quede de la  que un día vivió en carne propia el hostigamiento oficial, aunque por otros motivos que nada tienen que ver con la denuncia social.

El resto de la misiva enviada por Gina Domínguez  a quien fuera Premio Nacional de Periodismo Luis Velázquez, resulta tan insultante para el maestro  como para cualquiera que la lea.  Habla de verdad, justicia, vergüenza, términos que a lo mejor en alguna época de su vida conoció pero que hoy  en el día a día, demuestra no son parte de sus valores.   De todas las equivocaciones y los abusos de la vice Gobernadora, este es de los más indignantes.   El lodo vertido sobre los compañeros  vivos y muertos la imposibilita moralmente para hablar de nada más que de las bondades de la prosperidad.

FUENTE: NOTIVER


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