19 de abril de 2014

“EN CAPTURA DEL CHAPO HUBO TRABAJO DE INTELIGENCIA, PRESIÓN DE EU Y ALGO DE SUERTE”: MALCOLM BEITH

Animal Político entrevista al periodista británico-estadounidense Malcolm Beith, autor del libro El último narco, obra en la que hace un perfil del líder del cártel de Sinaloa.
Manu Ureste (@ManuVPC)
“No, no creo que la detención del Chapo Guzmán fuera pactada”. La voz del periodista británico-estadounidense Malcom Beith suena con la seguridad de quien ha dedicado años de su carrera a investigar la vida de Joaquín Guzmán Loera para la publicación de El último narco, libro que salió a la venta en 2010 y que Ediciones B acaba de reeditar con un capítulo dedicado a la reciente captura del líder del cártel de Sinaloa.

“Sé cómo funciona este mundo del narcotráfico –agrega el periodista en la entrevista con Animal Político- y no creo que hubiera una negociación. Por ejemplo, tenemos evidencia de que Vicente Zambada Niebla (El Vicentillo) intentó negociar con el gobierno de Estados Unidos (en una reunión en 2009, en el hotel María Isabel, ubicado en el paseo de la Reforma, en el DF), pero también hay testimonios de la DEA que dijeron: ‘no, no podemos prometer nada’”.
 
“Es decir –se explica-, la DEA no tiene el derecho de hacer pactos. Pueden hacer negociaciones, utilizar información de detenidos de un cártel para irse contra otro cártel. Pero no pueden hacer pactos con nadie”.
 
En este sentido, Beith, que ha trabajado para medios como Newsweek o The Foreign Policy, considera que en la detención de Joaquín Guzmán Loera se combinaron numerosos factores, como un largo trabajo de inteligencia repleto de un enorme historial de fracasos, tal y como expone en su libro, además de “un poco de suerte”.
 
“En la captura del Chapo hubo cooperación de inteligencia entre la DEA, la Marina de México y el Ejército. Y probablemente también había presión por parte de Washington para hacer algo contra el capo. Pero también hubo un poco de suerte, porque todo apuntaba a que iban detrás de Ismael El Mayo Zambada (número dos del cártel), en Culiacán. De hecho, las detenciones que se produjeron fueron de gente del Mayo, y después de eso, tras siete días, fueron a otro lado y encontraron al Chapo Guzmán. Ahora sabemos que el Chapo estaba corriendo, que buscaba lugares para esconderse, y que no vivía una vida de lujo, sino que vivía moviéndose de un lugar a otro”, expone el autor de El último narco, quien apunta a colación que la detención de otros capos, como Alfredo Beltrán Leyva, alias El Mochomo, también fue determinante en la caída del Chapo.
 
“La captura del Alfredo Beltrán Leyva (uno de los líderes del cártel de los Beltrán Leyva) en 2008; la muerte de su hermano Arturo, en diciembre de 2009; la muerte de Nacho Coronel (uno de los jefes máximos del cártel de Sinaloa) en 2010; la detención de (Édgar Valdez Villarreal) La Barbie, en 2010; la detención de algunos de los hijos del Mayo Zambada…
 
 Todo esto fue un camino que ha llevado hasta la detención del Chapo Guzmán”, expone.
 
En cuanto a cuál será el futuro de la organización criminal del cártel de Sinaloa con su líder tras las rejas, Malcolm Beith opina que la captura del Chapo Guzmán no supondrá el desmantelamiento inmediato de este grupo delictivo, aunque sí le ha generado un enorme daño que otros grupos criminales intentarán aprovechar para hacerse con el control de la plaza.
 
“No creo que se produzca un desmantelamiento por la detención del Chapo, pero sí vamos a ver un cártel mucho menos poderoso. Porque sin una figura como El Chapo Guzmán no va a ser tan fácil hacer negocios en España, Argentina o Chile, por ejemplo. Porque necesitas un CEO (director ejecutivo) que lidere la empresa para poder hacer esto. Además, veremos qué pasa en Sinaloa en los próximos meses; hay que estar pendientes de si Los Zetas se mueven en el estado para tomar influencia, y veremos si alguien de dentro del cártel quiere tomar el control de la organización”, señala el periodista.
 
Extradición a EU, “la peor pesadilla” de los capos

En el capítulo uno de El último narco, Malcolm Beith trata “el gran escape” de Joaquín “El Chapo” Guzmán de la prisión de máxima seguridad de Puente Grande, el 19 de enero de 2001. En el episodio, el periodista británico-estadounidense narra “la buena vida tras las rejas” del capo y cómo el dinero nunca fue obstáculo para que el líder del cártel de Sinaloa tejiera una red de corrupción para hacer de Puente Grande su “patio de recreo personal”, desde el que continuaba manejando los hilos del narcotráfico.
 
“En Altiplano no creo que el Chapo tenga la influencia que tenía en la anterior prisión (Puente Grande), y no creo que pueda seguir manejando el grupo desde la cárcel –plantea Beith ante la cuestión de si el capo podría hacer ahora lo mismo que en 2001-. La pregunta ahora es si después de ser detenido su influencia va a seguir vigente o no en Sinaloa. Y creo que esto va a depender de cómo el gobierno maneje al Chapo Guzmán. En este sentido, opino que deberían utilizarlo como un informante, y así luchar contra esa imagen ‘mitológica’ del capo como salvador del pueblo. Además, en el mundo del narco alguien que informa al gobierno es alguien que no puede estar a cargo de un cártel, por lo que muchos de sus seguidores dirían: ‘El Chapo ya no es uno de los nuestros. No es el gran capo de capos’”.
 
Cuestionado sobre la petición de extradición de Estados Unidos para que El Chapo Guzmán rinda cuentas ante la justicia de este país, el autor de El último narco apunta que, de aceptar México, se estaría dando un mensaje negativo a la sociedad mexicana.
 
“Es cierto que muchos narcos no quieren ser extraditados, esa es su peor pesadilla. Tienen ese pensamiento de que aún en la cárcel pueden seguir viviendo como reyes y manejar su organización, como pasó con El Chapo en Puente Grande. Pero yo prefiero que sea juzgado en México; sería bueno para mostrar a la ciudadanía que sí se hace justicia en este país”.
 
“Además –agrega el periodista para concluir la entrevista-, juzgar al Chapo Guzmán en México,  y que cumpla su condena aquí, sería una forma de enmendar el error que las autoridades tuvieron con su escape de Puente Grande. Sería una forma de probar al pueblo mexicano que, lentamente, las cosas están mejorando”.
 

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