2 de abril de 2015

CRIMEN ORGANIZADO, UNA EMPRESA MÁS DE ESTE MODELO NEOLIBERAL

La inseguridad es uno de los principales factores que incide en la baja de la popularidad de Enrique Peña Nieto y la causante de que su partido, el PRI, pierda importantes posiciones no sólo en la Cámara de Diputados, sino también gubernaturas, presidencias municipales y diputaciones locales en la próxima elección intermedia. El número de personas ejecutadas en México ha aumentado en alrededor de un 300 por ciento, y ya se ubica en alrededor de 160 mil personas asesinadas, asegura el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que encabeza Javier Sicilia.
Junto con la corrupción y el fracaso en el ámbito económico de la presente administración federal, completan el escenario electoral que hace prever una baja participación de la ciudadanía el próximo 7 de junio. Los escándalos de corrupción partidista, en los que están involucradas las tres principales fuerzas políticas del país, dirigencias políticas partidistas cada vez más alejadas de los reclamos ciudadanos y los llamados en algunas entidades a boicotear la realización de las elecciones, completan la combinación perfecta para incrementar el abstencionismo en los comicios intermedios.
Voces autorizadas como la de monseñor Raúl Vera López consideran que tenemos un gobierno que no sólo tolera la violencia, sino que es un gobierno criminal. Las reformas constitucionales –agraria, laboral, energética y la más reciente que busca privatizar el agua- son auténticas salvajadas. “Debemos trabajar para frenar esto, para cambiar las estructuras… No hablo de una revolución violenta, están los caminos del derecho internacional, de la recurrencia a las cortes internacionales para denunciar los crímenes de lesa humanidad”.
El crimen organizado, que funciona como una empresa más, es socio en este modelo neoliberal. Los cárteles son otros acumuladores de riqueza con métodos tan carentes de ética como las que caracterizan al mundo económico, sostiene Vera López. Añade que la administración de la justicia no ha sido una característica fundamental para afrontar esta serie de situaciones, vivimos una descomposición fundamental en la que la ética se ha ausentado de la política y la economía.
La transición a la democracia es un proyecto frustrado en México. Del control de la ciudadanía de los procesos electorales con el IFE, se pasó al control de los partidos de todo el proceso electoral con la conformación, por cuotas partidistas, del Instituto Nacional Electoral (INE). Con su empoderamiento, los partidos políticos han demostrado un gran desprecio hacia los ciudadanos, que cada vez se sienten menos representados por los institutos políticos, que no obstante los escándalos políticos, han presentado candidatos impresentables, lo que eleva el nivel de descrédito y elimina los incentivos de la sociedad para ir a votar.
Históricamente, el abstencionismo en elecciones intermedias ronda el 60 por ciento en promedio, pero a escala regional factores como la inseguridad suele disparar esos índices, como ha sucedido en Chihuahua, Michoacán o Guerrero, donde han superado el 70 por ciento del padrón electoral. Es precisamente en esas entidades, donde prevalece la pobreza, el narcotráfico es cuestión de todos los días, y hay una debilidad institucional, donde están los focos rojos para las próximas elecciones.
El desánimo social frente a las elecciones se ha generado desde la propia residencia oficial de Los Pinos, con los escándalos de corrupción que han impactado a Enrique Peña Nieto, a su esposa y a su poderoso ministro de Hacienda, Luis Videgaray. Pero también han sido involucrados en éstos personajes destacados de la oposición como el gobernador de Sonora, el panista Guillermo Padrés, o el ex jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon, con el escándalo de la Línea 12 del Metro, o el ex gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, cuya caída es consecuencia del caso Ayotzinapa y de la comprobación de tener una familia ligada al narco que no le es ajena.
Todos estos escándalos han desgastado al PRI, al PAN y al PRD, pero no han fortalecido a otras opciones políticas. Incluso, se pretende que se vote por los mismos personajes que se han visto involucrados en estas polémicas, como el propio Ebrard, o el ex delegado de Iztapalapa, Jesús Valencia, en el caso del PRD. Por lo que toca al PRI, es ilustrativo el caso del ex dirigente Cuauhtémoc Gutiérrez, quien logró colocar a su madre como candidata una vez que comprobaron que a ella no la ponía a “talonear” como lo hacía con las empleadas de ese partido.
El desprecio de los partidos por los ciudadanos se demostró porque en ninguno de ellos se dieron procesos democráticos para sacar a los candidatos a los cargos de elección. Estos fueron seleccionados por “dedazo”, y en muchos casos se optó por abanderados que están involucrados en los escándalos mencionados, con lo que se apostó a la “marca” del partido. De ahí que se postulara a futbolistas, artistas, payasos, y se hiciera de lado a candidatos ciudadanos.

En esta elección, los partidos le apuestan a su “voto duro”, que definitivamente está a la baja pero que aún puede ser utilizado por los institutos políticos para alcanzar sus metas electorales. Ejemplo de esto es el PRI, que sigue siendo el partido con mayor identidad partidista. Sin embargo, sigue aumentando el fenómeno de que los electores votan más por el candidato que por el partido, lo que aumenta las probabilidades de triunfo de los llamados candidatos independientes, pero que tengan experiencia política.

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