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19 de febrero de 2018

PÉRDIDA DEL PODER ADQUISITIVO DEL SALARIO: POLÍTICA DEL RÉGIMEN


La política del régimen respecto al salario de la fuerza de trabajo ha consistido en reducir su precio muy por debajo de su valor, lo que ha traído como consecuencia la pauperización de las masas trabajadoras, empero, no es así con los pagos que se autootorgan la servidumbre de la burguesía en sus diferentes figuras representativas que personifican las instituciones burguesas. Mientras el trabajador asalariado padece los efectos de la pérdida sistemática del poder adquisitivo de lo que percibe como salario, la servidumbre de la burguesía goza al ver incrementar su riqueza no devengada; mientras los primeros se subsumen a una mayor explotación, los segundos se regocijan en su avaricia y cobijan con el manto de la impunidad.

El salario mínimo tienen que sostener a su familia. Quien genera la riqueza social es condenado a la miseria creciente, y, quien no produce riqueza social, a cambio defiende los intereses del explotador, esos hombres del régimen encargados de oprimir, viven en la opulencia, ésta es la igualdad y libertad capitalista. Otro hombre del régimen, Alfonso Navarrete Prida, una de las piezas claves para imponer la política laboral en el país, quien hoy es recompensado con la Secretaría de Gobernación (Segob), su ostentoso sueldo acumulado por trabajar para el Estado en lo que va de la presente junta administrativa es de 16 millones 216 mil 945 pesos más 70 millones 128 mil 922 por supuestos servicios profesionales y económicos, en total 86 millones 345 mil 867 pesos.

¿Qué proletario o trabajador asalariado amasa tal fortuna? Ninguno, ni lo podrán hacer en toda su vida, así trabaje las 24 horas de los 365 días del año. Resulta impúdico e hipócrita el proceder de los personeros del régimen al quererse presentar ante el pueblo como hombres al servicio de él. Qué trabajo calificado guardan estos hombres del régimen que devengue la riqueza social que se embolsan en concepto de sueldo sin contar seguro y prestaciones, en especial Alfonso Navarrete Prida, quien puso como causa la de los salarios paupérrimos en México el trabajo poco calificado de la fuerza de trabajo, en sus palabras se debe a las “muy pocas capacidades, muy poca certificación de habilidades, con niveles de productividad bajos”.

Ninguno que justifique los que se apropian, Navarrete Prida es licenciado en derecho como muchos desempleados en el país, como muchos asalariados con nivel licenciatura que perciben de uno a tres salarios mínimos al mes. Millonarios sueldos, riqueza no devengada e injustificada de los hombres del régimen contrastan de manera obscena con la mísera cantidad de riqueza social que se apropia la mitad de la Población Económicamente Ocupada, 28,6 millones, quienes perciben al mes de uno a dos salarios mínimos, no más de 4 mil 869 pesos, no hay parangón con lo que se embolsan los señores Basilio González Núñez en el mismo período de tiempo 173 mil y Alfonso Navarrete Prida 205 mil 122. Es evidente que políticos de oficio, funcionarios públicos y de más personificaciones del poder burgués no sólo son inmorales al imponer una política salarial que condena a la pauperización al proletariado, son criminales.

No los conmueve un ápice la condición de miseria creciente a la que son sometidos el proletariado y el campesino pobre, los indigna el supuesto del decremento de la tasa de ganancia capitalista. La miseria del trabajador está ligada al incremento de la explotación capitalista a la cual es sometido, a la corporativización a través de sindicatos oficialistas que lejos de velar por los intereses de los trabajadores refuerzan los grilletes de la opresión y justifican la explotación. En contraste, la opulencia de los personeros del régimen es la avaricia y la corrupción que la impunidad de la ley burguesa les otorga. ¡Por nuestros camaradas proletarios! ¡Resueltos a vencer! El insurgente ¡Con la guerra popular! ¡El EPR triunfará! Año 22 Nº 182 Enero de 2018 Pág. 6 La sistemática pérdida del poder adquisitivo del salario responde a las leyes capitalistas en una economía dependiente y funcional al imperialismo; es fruto de la lógica capitalista y consecuencia directa de la política neoliberal aplicada por el régimen por más de treinta años; ilustra el tamaño de la explotación y opresión del poder burgués para con el proletariado en México; y, es reflejo de la inflación que padecen los trabajadores producto de los precios monopólicos en las mercancías. La actual junta administrativa al igual que sus predecesoras son enemigas del proletariado, el campesino pobre y sectores populares, así lo demuestra el 11.11% de la pérdida del poder adquisitivo del salario en los cinco años de la presente administración. Un efecto inmediato de las reformas burguesas neoliberales impuestas por la servidumbre burguesa, entre ellos, Meade Kuribreña quien en su gira como precandidato presidencial, presume sin recato llevar trabajando 20 años para el Estado, hombres del régimen como éste, son los responsables materiales en parte de la miseria creciente de miles de millones de mexicanos, son los responsables de los efectos de la crisis que padecen los trabajadores del campo y la ciudad.

El espiral inflacionario, el 11.11 por ciento de la pérdida del poder adquisitivo del salario en lo que va del actual gobierno antipopular, y el índice alto de desempleo echan por la borda los supuestos de la teoría económica burguesa en donde fundamenta el régimen su política económica. Queda así demostrado que la inflación y la pérdida del poder adquisitivo del salario son en parte producto de las medidas antipopulares que la junta administrativa a impuesto entono a las reformas burguesas neoliberales impuestas como ley, más no del incremento del salario como reza la empedernida teoría neoliberal.

Ninguna medida derivada de las teorías económicas burguesas han de favorecer en términos reales al asalario, pues el capitalismo descansa en la explotación del hombre por el hombre a través del trabajo asalariado, es ahí en la producción capitalista en donde la fuerza de trabajo genera el plus valor producto del trabajo no pagado a la misma. Así que, ninguna oferta salarial desde el régimen y sus personeros tiene la intención de sacar al asalariado de su condición de pauperismo creciente.

Si la condición de miseria creciente que padece el trabajador asalariado es inmanente a la naturaleza del sistema, su superación definitiva no se encuentra en ninguna medida subjetiva materializada en reforma, se halla en la transformación radical del sistema, desde su raíz, y, dada la agudización de la lucha de clases, la contradicción entre capital y trabajo pasa por la organización de la fuerza de trabajo fuera de marcos corporativos del Estado hasta la guerra de todo el pueblo contra sus explotadores y opresores.



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