19 de febrero de 2026

CUANDO DEJAN DE SER “LOS DEMÁS” : Dedicado a Gisele

 

CUANDO DEJAN DE SER “LOS DEMÁS”

A Gisele


Gisele tenía treinta y tres años.

Treinta y tres años es la edad en la que la vida empieza a abrirse, no a cerrarse.

Era psicóloga, egresada de la Universidad Iberoamericana de Puebla. Había elegido escuchar, ayudar, reconstruir a otros desde el dolor. Era el orgullo de sus padres, Alejandro e Ivette. Era una mujer que había hecho todo bien. 

Estudió. Trabajó. Cumplió. Creyó.

Creyó que su país era también su casa.

No era una estadística. Era una ciudadana ejemplar. Una joven que no le debía nada a nadie. Que aportaba. Que construía. Que vivía con dignidad.

Y, sin embargo, México la dejó morir.

La asesinaron en Puebla a la 1:52 de la madrugada al salir de festejar con sus amigos: "Un grupo armado que se desplazaba a bordo de motocicletas asesinó a tres personas, dos hombres y una mujer, y dejó cuatro heridos más frente al bar “Despecho”, ubicado en la zona de Angelópolis".

Catorce horas después, llegaron los comunicados. Las condolencias. Las promesas.

Siempre llegan tarde.

Nunca llegan para proteger. Solo llegan para lamentar.

Después vinieron las palabras.

Siempre vienen las palabras.

“Lamentamos profundamente los hechos.”

“Se llegará hasta las últimas consecuencias.”

“Habrá justicia.”

Dirán que “perdió la vida”.

No.

Gisele no perdió la vida: la asesinaron.

Era una ciudadana mexicana con todos sus derechos vigentes y todos sus deberes cumplidos. No le debía nada a nadie. No le quitó nada a nadie. No dañó a nadie.

Y, sin embargo, México la condenó a muerte.

No un juez.

No una sentencia escrita.

No un tribunal.

La condenó el abandono.

La condenó la indiferencia.

La condenó un país que dejó de proteger a los suyos.

Gisele salió esa noche a celebrar la vida. A celebrar el amor y la amistad. A hacer lo que hacen los jóvenes en los países normales del mundo: vivir sin miedo.

Los abrazos los puso ella.

Los balazos los puso este país.

Y lo más insoportable de todo es la mentira que intentan sostener: que esto es normal, que esto es inevitable, que “ella pasaba por ahí”, que esto es parte de la vida.

No lo es.

Esto es abandono.

Esto es fracaso.

Esto es indignidad.

En México, salir a celebrar puede convertirse en una sentencia.

En México, estar vivo se ha vuelto un acto de riesgo.

En México, hacer todo bien no garantiza nada.

Hoy muchos describen estos hechos tímidos y cautelosos, con indignación legítima, pero distantes.

Yo no.

Gisele no era un nombre más.

Gisele era familia.

Era la hija de Alejandro, primo hermano de mi esposa Alicia.

Era su sangre.

Era nuestra sangre.

Ahora nos tocó a nosotros.

Nos tocó sentir ese vacío que dejan las vidas que no debieron terminar.

Nos tocó entender, en carne propia, que en México nadie está a salvo.

Nos tocó dejar de hablar de “los demás”.

Porque esta vez no fueron los demás.

Fuimos nosotros.

Por eso hoy no escribo con prudencia.

No escribo con distancia.

No escribo con cortesía.

Escribo con dolor.

Escribo con rabia.

Escribo con la dignidad herida de una familia a la que le arrebataron una parte de sí misma.

Y por eso lo digo como lo siento:

Chinguen a su madre.

No como insulto.

Como límite.

Como la última palabra que queda cuando un país le falla a los suyos.

Copiado de la red. Descanse e Paz y consuelo a su familia. 🙏

JAVIER DUARTE CREYÓ INGENUAMENTE EN ROCÍO NAHLE; HOY, FGR LE ABRE OTRO PROCESO JUDICIAL


Entre lo utópico y lo verdadero

Por Claudia Guerrero/Columna

Desde la campaña de Rocío Nahle García, como candidata a la Gubernatura de Veracruz, el exgobernador y hoy preso en el Reclusorio Norte, Javier Duarte de Ochoa, quien purga una mínima sentencia de nueve años, por los delitos de desvíos de recursos, corrupción y fraude, en detrimento al erario de Veracruz, este ladrón era un ferviente defensor de la oriunda de Zacatecas y aseguraba que al Estado le iría bien, si ganaba Nahle como gobernadora y dirigir las riendas de esta entidad veracruzana. Duarte pretendía, que la hoy gobernadora Nahle recordara, años atrás, el apoyo económico a Morena y a los candidatos a las diputaciones federales, entre ellas, la de Cuitláhuac García Jiménez, a quien le crearon su plataforma electoral para ganar como gobernador y a la propia Nahle, para hacerla diputada federal.

EL COMPROMISO ERA TAN GRANDE Y FUE OLVIDADO POR LA PROPIA ROCÍO NAHLE.

Resulta que este próximo 15 de abril de 2026, vence la sentencia de Javier Duarte, recordando que en el gobierno de Enrique Peña Nieto se pactó el pírrico castigo de nueve años, ante miles de millones de pesos desviados a cuentas personales de Javier Duarte y su esposa Karime Macías , siendo dinero de los veracruzanos y endeudando a Veracruz por 30 largos años.

Javier Duarte metía en una famosa “licuadora” recursos etiquetados de varias partidas presupuestales y los repartía para el pago de sus excesos personales, propiedades, joyas, autos y ranchos, convirtiéndose en los nuevos millonarios de Veracruz. Así como enriquecer a sus hermanos, quienes gastaban los recursos de los veracruzanos en casinos y propiedades en España y otros países de Europa. Unos cínicos ladrones, dejando endeudado al Estado, como lo dimos a conocer en el libro de nuestra autoría «Sí Merezco Abundancia», de Editorial Planeta..

Ante la próxima salida de Javier Duarte de Ochoa, en abril, un juez federal, bajo petición de la FGR, formuló otra carpeta de investigación solicitando a un juez de control vincular a Duarte a un nuevo proceso penal por la “participación en el desvío de $5 millones de pesos destinados a personas vulnerables en la entidad”. Más de 12 horas duró la audiencia y el juez Gustavo Aquiles Villaseñor determinó vincularlo por la triangulación de cuentas bancarias, operadas por excolaboradores en la Secretaría de Finanzas y Planeación.

El pillo Javier Duarte de Ochoa dio órdenes claras: Los recursos etiquetados fuesen utilizados para la compra personal de inmuebles, ranchos, pagos ilegales a proveedores y contratos a empresas fantasmas o fachada. Estos ladrones encabezados por Duarte de Ochoa fueron tan descarados, robaron tanto y el desfalco fue de tal magnitud, que con base a una auditoría forense, hay faltantes de documentación oficial en casi todas las secretarías, extravío de protocolos de contratos, salida de miles de millones de pesos sin justificar y hacer un rompecabezas auditable en el desastre financiero perpetrado por Duarte, familia y colaboradores.

El asilo político de Karime Macías Tubilla fue negociado. Es indignante, que Inglaterra le haya otorgado este beneficio, para garantizar la permanencia de los recursos económicos con los que llegó la esposa de Javier Duarte de Ochoa a este país y depositarlos en bancos ingleses, siendo dinero ilegal sacado de Veracruz para beneficio de Karime Macías y de sus hijos, bajo un divorcio arreglado y así salvar la fortuna amasada por esta pareja de ladrones, quienes se sentían dueños del Estado.

Ante la resolución de nuevamente vincularlo a proceso, este pasado 17 de febrero, se advierte que Javier Duarte puede llevar este nuevo proceso judicial por uno y dos largos años, bajo el criterio de una investigación llevada desde la Secretaría de Salud de Veracruz y con base a esto, medios nacionales informan: “El juez acreditó que  a través de la publicación de una Gaceta Oficial en Veracruz, el 19 de diciembre de 2011, Duarte avaló que al menos tres funcionarios de la Secretaría de Finanzas de Veracruz (SEFIPLAN) operaron el desvío de cinco de los $10 millones de pesos depositados por la Tesorería de la Federación a la Secretaría de Salud de Veracruz para el mejoramiento de dos hogares de personas en situación vulnerable… Dicho mecanismo de distracción fiscal habría operado a través de una cuenta bancaria de BBVA en la que se depositaron cinco, de los 10 millones y que jamás fueron utilizados para el fin que estaba establecido”.

Los fraudes fueron realizados constantemente, bajo empresas fachada y prestanombres, siendo testigo protegido, el entonces tesorero, Antonio Tareq Abdalá Saad, quien señaló directamente a Javier Duarte, siendo gobernador del Estado y quien dio las órdenes para este desvío de recursos, así como el responsable de contratar a los funcionarios implicados para triangular los recursos federales destinados para bajar programas específicos a una cuenta bancaria concentradora y ser usada para pagar cuentas y salarios de funcionarios duartistas.

Y comenta la nota periodística con la liga: https://oem.com.mx/elsoldemexico/mexico/javier-duarte-se-aleja-de-la-libertad-lo-procesan-por-desviar-cinco-millones-de-pesos-28505076, la cual asegura: “Tras vincular a proceso al imputado y a petición de su defensa legal, el juez dio seis meses para la investigación complementaria. Derivado de esto y en caso de que su defensa no busque apelar la prisión preventiva justificada que se le impuso, Duarte de Ochoa  permanecería preso, al menos, hasta finales de agosto de este año por el nuevo proceso penal que se le abrió».

Javier Duarte de Ochoa y Karime Macías pretenden librar su responsabilidad en el desastre administrativo operado en Veracruz. Y muchos de sus colaboradores, quienes hoy se hacen las víctimas, son coresponsables de la enorme deuda que los veracruzanos estamos pagando por los excesos, filias y fobias de un exgobernador corrupto, ladrón y sobre todo, sin amar a nuestro querido Veracruz.

Dudas y comentarios: claudiaguerreromtz@gmail.com

Visite: www.periodicoveraz.com y www.claudiaguerrero.mx

16 de febrero de 2026

ESTADOS UNIDOS LOS LLAMÓ TRAIDORES, MÉXICO LOS LLAMA HÉROES, PERO LOS SOSLAYA; SU HISTORIA TE VA A PONER LA PIEL DE GALLINA


En 1846, cuando los cañones de Estados Unidos comenzaron a rugir contra México, muchos pensaron que la derrota era cuestión de tiempo.

Un imperio avanzaba con pólvora, oro y disciplina. México sangraba, dividido, exhausto.

Pero nadie contaba con ellos. No eran mexicanos. No habían nacido bajo ese cielo ardiente. No rezaban en español.

Eran irlandeses, alemanes, inmigrantes pobres que habían cruzado el océano buscando pan y encontraron desprecio.

En el ejército invasor los humillaban, se burlaban de su fe católica, los golpeaban, les pagaban menos que a los demás. Eran carne de cañón con acento extranjero.

Hasta que un día algo se quebró. Cruzaron el río. Se quitaron el uniforme azul y eligieron otro destino.

Se cosieron en el pecho el verde, blanco y rojo. Así nació el Batallón de San Patricio, un puñado de hombres contra un imperio.

Levantaron una bandera verde con un arpa irlandesa y la imagen de San Patricio bendiciendo su causa. Juraron defender una tierra que no era suya, pero que habían aprendido a amar en las calles polvorientas, en las iglesias humildes, en la mirada agradecida de la gente que los trató como hermanos.

⚔️ Pelearon en Monterrey.

⚔️ Resistieron en Cerro Gordo.

⚔️ Se volvieron leyenda en Churubusco.

Allí, rodeados. Sin municiones. Con hambre. Con heridas abiertas. Siguieron disparando. Cuando algunos soldados mexicanos querían rendirse, ellos gritaban:

—¡No se rindan! ¡Sigan luchando!

Arrancaban la bandera blanca. Cargaban los cañones con manos ensangrentadas. Disparaban hasta que el humo les quemaba los pulmones.

Pero el enemigo era superior. No cayeron por falta de valor, cayeron por falta de balas. Los capturaron.

Y entonces llegó el verdadero infierno. Estados Unidos no los llamó soldados. Los llamó traidores. Hierro candente en la piel. Latigazos que desgarraban la espalda. Cadenas que mordían los tobillos. Y a más de cincuenta, los condenaron a la horca.

Frente al Castillo de Chapultepec, los alinearon. Esperaron a que la bandera estadounidense subiera sobre la fortaleza. Y justo cuando el estandarte tocó el cielo, jalaron las cuerdas.

Murieron mirando cómo caía México, sin pedir perdón. Sin bajar la cabeza. Sus últimas palabras fueron claras:

—Morimos por lo correcto.

Pero hay algo que casi nadie sabe. La noche antes de las ejecuciones, uno de ellos recibió una visita secreta. Un mensaje. Una promesa.

Y lo que ocurrió después, cambiaría la memoria de ambos países para siempre.

¿Quién fue ese visitante? ¿Qué les ofrecieron a cambio de salvar su vida? ¿Y por qué algunos nombres desaparecieron de los registros oficiales? ¿Que pasó después…?

La noche anterior a las ejecuciones, el campamento olía a sudor, pólvora húmeda y miedo contenido.

John Riley, líder del Batallón de San Patricio, estaba encadenado bajo vigilancia. La marca de hierro ardía todavía en su mejilla: una “D” de desertor que no logró doblegarlo. La hoguera iluminaba los rostros cansados de los prisioneros.

Entonces apareció un oficial estadounidense. No gritó. No insultó. Se acercó con calma.

—Aún puedes salvarte —le dijo a Riley en voz baja—Delata a quienes te convencieron. Di que te obligaron. Jura lealtad. Pide perdón y vivirás.

Riley escupió sangre al suelo.

—No traicioné. Elegí.

El oficial se marchó con la respuesta clavada en el orgullo. A pocos metros, otros prisioneros escuchaban ofertas similares. Reducción de pena. Indulto parcial. Vida a cambio de arrepentimiento público. Ninguno aceptó.

Al amanecer, los sacaron encadenados. El sol caía sin piedad sobre el Valle de México. Los obligaron a presenciar cómo las tropas estadounidenses avanzaban hacia Chapultepec.

La orden fue cruelmente calculada: las ejecuciones debían ocurrir justo cuando la bandera de las barras y estrellas ondeara en el castillo.

Los colocaron sobre carretas, con la soga al cuello. Algunos apenas podían mantenerse en pie. Otros rezaban en gaélico. Uno comenzó a cantar una vieja balada irlandesa; otro lo siguió. Los soldados mexicanos prisioneros miraban con lágrimas en los ojos.

Cuando la bandera estadounidense comenzó a subir lentamente por el mástil, un tambor redobló. El oficial levantó la mano. El viento infló la tela. Y en el instante exacto en que alcanzó la cima… Las carretas fueron empujadas.

Cincuenta cuerpos quedaron suspendidos. Algunos murieron rápido. Otros lucharon contra la asfixia durante minutos eternos. El silencio fue espeso. Incluso algunos soldados estadounidenses apartaron la mirada.

No hubo discursos finales. No hubo ceremonias.

Solo dignidad colgando del aire.

John Riley no fue ahorcado. Su deserción había ocurrido antes de la declaración oficial de guerra, lo que lo salvó de la horca.

En su lugar recibió 59 latigazos públicos. Uno por cada hombre ejecutado ese día, susurraban algunos.

Cada golpe desgarró su espalda. No gritó. Después fue liberado. Caminó entre ruinas, entre cenizas, entre un país herido.

México cayó oficialmente poco después. El tratado de Guadalupe Hidalgo arrancó más de la mitad del territorio mexicano. El mapa cambió para siempre.

Pero los nombres de los San Patricios no se borraron en el corazón del pueblo.

En los años siguientes, México levantó monumentos en su honor. Sus nombres fueron inscritos en placas de mármol. Cada 12 de septiembre se les recuerda.

En Irlanda también se canta su historia. Porque no pelearon por una bandera de nacimiento. Pelearon por una causa que sintieron justa.

Muchos historiadores estadounidenses los llamaron traidores durante décadas. Pero en México fueron reconocidos como héroes extranjeros que eligieron la dignidad.

John Riley desapareció de los registros después de la guerra. Algunos dicen que murió en Veracruz. Otros que regresó a Irlanda. Otros que vivió discretamente en México, lejos de la fama.

Nadie lo sabe con certeza. Lo que sí se sabe es esto: Cuando muchos huyeron, ellos cruzaron el río en sentido contrario. Cuando muchos eligieron sobrevivir, ellos eligieron creer. Cuando todo parecía perdido, ellos dispararon una vez más.

No nacieron mexicanos. Se hicieron mexicanos con sangre. Y mientras haya alguien que recuerde su historia, mientras alguien pronuncie el nombre “San Patricio” con respeto, mientras una bandera verde ondee junto a la mexicana cada septiembre, no serán olvidados.

Porque hay derrotas que valen más que mil victorias. Y hay hombres que, al morir de pie, enseñan a los pueblos a no vivir de rodillas.

 


https://notiredmerida.com/2026/02/16/el-batallon-de-san-patricio-martires-de-la-patria/

CUANDO SETECIENTOS CUARENTA NIÑOS FUERON EMPUJADOS AL MAR PARA MORIR EN SILENCIO, EL MUNDO ENTERO MIRÓ HACIA OTRO LADO.


Cuando setecientos cuarenta niños fueron empujados al mar para morir en silencio, el mundo entero miró hacia otro lado.


El año era 1942. La guerra había convertido la vida humana en un número fácil de borrar, y en medio del océano Índico avanzaba un barco viejo, oxidado, sin rumbo claro. No llevaba soldados ni armas. Llevaba niños. Setecientos cuarenta niños polacos que ya habían sobrevivido a lo imposible.

Habían visto morir a sus padres en campos de trabajo soviéticos. Hambre. Enfermedad. Frío. Habían aprendido demasiado pronto a no llorar. A no preguntar. A obedecer para seguir respirando. Cuando lograron escapar hacia Irán, pensaron —por primera vez— que lo peor había quedado atrás.

Se equivocaron.

Ningún país quiso recibirlos.

El barco tocó puerto tras puerto a lo largo de la costa de la India. En todos recibió la misma respuesta. No. No tenemos espacio. No es nuestro problema. No ahora. El Imperio Británico, dueño del mar y de los puertos, se negó una y otra vez. “No es nuestra responsabilidad.”

Mientras los adultos discutían responsabilidades, la comida empezó a desaparecer. El agua se racionó. Las medicinas se acabaron. Los cuerpos pequeños comenzaron a debilitarse otra vez. Y la esperanza —esa que había sobrevivido a los campos— empezó a romperse.

María tenía doce años. Apretaba la mano de su hermano menor, de seis, con una fuerza que no correspondía a su edad. Antes de morir, su madre le había hecho prometer algo simple y cruel: “Protégelo.” María repetía esa promesa cada noche, mirando el techo del barco, preguntándose cómo se protege a alguien cuando el mundo entero ha decidido que no importas.

Los niños dormían amontonados, mareados, quemados por el sol del día y temblando por las noches. Algunos ya no preguntaban a dónde iban. Otros seguían contando los días con marcas invisibles en la madera. Nadie les explicaba nada. Solo sabían que el mar no tenía compasión.

La noticia llegó entonces a un pequeño palacio en Nawanagar, en Gujarat.

El gobernante era Jam Sahib Digvijay Singhji. Un maharajá bajo control británico. Sin ejército. Sin poder real sobre los puertos. Sin obligación alguna de involucrarse. Sus consejeros fueron directos:

—Hay setecientos cuarenta niños polacos atrapados en el mar. Los británicos no permiten que desembarquen.

Él no respondió de inmediato. Preguntó algo que nadie esperaba.

—¿Cuántos niños?

—Setecientos cuarenta.

Hubo silencio. Largo. Pesado.

Digvijay Singhji sabía lo que significaba desafiar al Imperio. Sabía que no tenía autoridad legal. Sabía que ayudar podía costarle el trono, la libertad, todo. Pero también sabía otra cosa: que la historia no siempre juzga por leyes, sino por decisiones.

—Los británicos pueden controlar nuestros puertos —dijo al fin—. Pero no pueden controlar mi conciencia.

Cuando le advirtieron sobre las consecuencias, no levantó la voz.

—Yo las asumiré.

Y entonces envió un mensaje breve, sin adornos, que cruzó el mar.

“Aquí son bienvenidos.”

En agosto de 1942, el barco entró al puerto bajo un sol abrasador. Los niños descendieron en silencio, débiles, desconfiados, sin saber si aquello era real. El maharajá los esperaba. Vestido de blanco. Se arrodilló para quedar a su altura… y abrió la boca.

En ese instante, algo cambió para siempre.

¿Por qué un hombre sin poder decidió enfrentarse al imperio más grande del mundo?

¿Qué vio en los ojos de esos niños para asumir un riesgo que nadie más quiso tomar?

¿Qué palabras pronunció arrodillado frente a ellos?

¿Y si ese momento no fue un acto de caridad, sino una lección que el mundo aún no aprende?

12 de febrero de 2026

A CINCO AÑOS DE LA DESAPARICIÓN DE CLAUDIA URUCHURTU, LA SCJN REVIERTE AMPARO Y CIERRA EL PASO A LA IMPUNIDAD


A CINCO AÑOS DE LA DESAPARICIÓN DE CLAUDIA URUCHURTU, LA SCJN REVIERTE AMPARO Y CIERRA EL PASO A LA IMPUNIDAD

A cinco años de la desaparición forzada de la activista y defensora de derechos humanos Claudia Uruchurtu Cruz, la Suprema Corte de Justicia de la Nación dio un giro relevante al caso al revocar el amparo que había favorecido la libertad de Johan Ricardo M., exfuncionario municipal señalado como presunto autor intelectual del crimen ocurrido en marzo de 2021 en Asunción Nochixtlán, Oaxaca. El Pleno determinó que el tribunal colegiado que concedió el amparo incurrió en omisiones graves al no analizar adecuadamente la naturaleza, complejidad y gravedad del delito de desaparición forzada, ordenando emitir una nueva resolución conforme a estándares constitucionales y convencionales.

La SCJN fue enfática al señalar que los órganos jurisdiccionales tienen una obligación reforzada cuando analizan delitos de desaparición forzada, particularmente si las víctimas son mujeres defensoras de derechos humanos. En estos casos, estableció que es obligatorio aplicar un enfoque diferencial con perspectiva de género e interseccional, considerando el contexto de violencia estructural, los riesgos agravados derivados de la labor de defensa y los posibles móviles vinculados al activismo de la víctima. Advirtió la Corte, que la omisión de este análisis debilita la función judicial y favorece escenarios de impunidad.

El Alto Tribunal también reprochó que el tribunal colegiado se haya limitado a cuestionar la credibilidad de un testigo colaborador, sin valorar el contexto del caso ni la prueba circunstancial, elementos esenciales ante la clandestinidad que caracteriza la desaparición forzada y las dificultades estructurales para obtener pruebas directas. La Corte recordó que este delito constituye una violación grave y continuada de derechos humanos, marcada por la ocultación de información, el abuso de poder y la persistencia de sus efectos en el tiempo, lo que exige una intervención judicial integral orientada a garantizar los derechos a la verdad, la justicia y la reparación.

Claudia Uruchurtu Cruz desapareció el 26 de marzo de 2021, tras participar en una manifestación frente al Ayuntamiento de Nochixtlán para exigir la liberación de una persona detenida arbitrariamente y golpeada por la policía municipal. Testigos señalaron que, al término de la protesta, fue perseguida y privada de la libertad, siendo subida de forma violenta a una camioneta al servicio del municipio. Desde entonces, su paradero es desconocido. Claudia había documentado y denunciado presuntos desvíos de recursos públicos durante la administración municipal encabezada por Lizbeth Victoria Huerta, quien en ese momento buscaba la reelección.

En diciembre de 2022, Lizbeth Victoria Huerta y otros tres implicados fueron procesados por desaparición forzada; sin embargo, en diciembre de 2024 el delito fue reclasificado, permitiendo la liberación de la exalcaldesa tras reducirse la condena a obstrucción de la justicia. Johan Ricardo M., asesor jurídico del ayuntamiento, fue condenado inicialmente a 40 años de prisión, pena que posteriormente se elevó a 50 años, pero obtuvo su libertad en agosto de 2025 mediante el amparo ahora revocado por la SCJN. La familia de Claudia impugnó esa resolución, logrando que el máximo tribunal interviniera.

Las hermanas de Claudia, Elizabeth y Sara Georgina Uruchurtu, han denunciado desde el Reino Unido vínculos políticos que habrían favorecido la impunidad en el caso, señalando que la no localización de la víctima y la liberación de personas clave reflejan fallas estructurales del sistema de justicia en Oaxaca. Tras la nueva decisión de la SCJN, los asesores jurídicos de la familia también solicitaron revisar la legalidad de la liberación de Lizbeth Victoria Huerta, asunto sobre el cual el Alto Tribunal aún no se ha pronunciado.

🦉⚖️
Desde BÚHO PENAL , advertimos que esta resolución no repara por sí sola el daño, pero marca un precedente fundamental: la desaparición forzada de personas defensoras no puede analizarse de forma superficial ni descontextualizada. A cinco años del crimen, la exigencia sigue siendo la misma: verdad, justicia y sanción a todos los responsables, sin excepciones ni privilegios políticos.



#BúhoPenal #ClaudiaUruchurtu #DesapariciónForzada #SCJN #Nochixtlán #DefensorasDeDerechosHumanos #NoALaImpunidad
#VerdadYJusticia

MÁS DE CUATRO AÑOS DESDE QUE SE REPORTÓ LA DESAPARICIÓN DE YENIFER CRISTINA VELÁZQUEZ LÓPEZ Y NO HAY RESPUESTA DE LAS AUTORIDADES


SE HAN CUMPLIDO MÁS DE CUATRO AÑOS (CAMINO A LOS CINCO) DESDE QUE SE REPORTÓ LA DESAPARICIÓN DE YENIFER CRISTINA VELÁZQUEZ LÓPEZ, JOVEN VENEZOLANA DE 26 AÑOS VINCULADA SENTIMENTALMENTE CON EL HOY DIPUTADO FEDERAL ZENYAZEN ESCOBAR GARCÍA, EXSECRETARIO DE EDUCACIÓN DE VERACRUZ.

* FECHA DE DESAPARICIÓN:
Fue vista por última vez el 5 de septiembre de 2021 en Xalapa, Veracruz. Sin embargo, la ficha de búsqueda (21/SB 1488U-21ZC) se emitió oficialmente un mes después, en octubre de ese año.

* CONTEXTO DE LA RELACIÓN:
Diversos reportes periodísticos y testimonios señalan que, previo a su desaparición, Yenifer habría tenido un conflicto con Escobar García. Se ha señalado mediáticamente que la fiscalía general del Estado (FGE) no ha citado al hoy diputado federal Zenyanzen Escobar García, exfuncionario de la SEV, para declarar sobre el caso.
* ESTADO ACTUAL:
A inicios de 2026, el caso permanece sin avances públicos significativos. Críticas recientes apuntan a que la investigación ha sido "archivada" o mantenida bajo un perfil bajo debido a la relevancia política del implicado durante el gobierno de Cuitláhuac García.

* FICHA DE BÚSQUEDA:
Sus características incluyen una estatura de 1.60 metros, ojos cafés oscuro, piel blanca y cabello castaño oscuro, lacio y largo.
¡JUSTICIA, NI UNA MAS!
A casi 5 años de cumplirse la desaparición de Yenifer Cristina Velázquez López, joven venezolana de 26 años, ha sido un proceso prolongado. A pesar de los avances en la Ley General de Desaparición, que busca establecer un marco legal más claro y efectivo para la búsqueda de personas desaparecidas, las autoridades no han aportado información sobre el paradero de Yenifer. Mientras tanto los familiares en Venezuela sufren su ausencia.
Tres periodistas sensibles y bien informadas, como Claudia Guerrero Martínez, directora general del Periódico Veraz; Silvia Núñez, directora de AGN y Ana Laura Pérez Mendoza, columnista de Notiver y expresidenta de la Comisión Estatal para la Atención y Protección a Periodistas, han abordado más de una vez el caso de la joven cuyos familiares reclaman desde su país. A ellos que pasan por el amargo trance de tener desaparecido a alguien entrañable, les enviamos un mensaje de aliento y consuelo con el deseo sincero que Yenifer Cristina aparezca, al igual que las decenas de desaparecidos en Veracruz.
Al gobierno del Estado de Veracruz y México, un llamado para que actúen en consecuencia, de manera urgente para con aquellos que piden por la aparición de sus familiares y no solamente clamen en el desierto.
Zenyanzen Escobar no ha sido citado


9 de febrero de 2026

EL ALCALDE DE TEQUILA TENÍA EN NÓMINA A COLOMBIANOS Y A GENTE DEL “MENCHO”. ESO LO DENUNCIARON DESDE HACE AÑOS. AÚN ASÍ MORENA LO APOYÓ; TAMBIÉN LA PRESIDENTA


 Por Libertad Bajo Palabra

Diego Rivera es el summum de cómo llegaron los grupos del crimen organizado a apropiarse de miles de administraciones municipales en todo el país. En primer lugar, los narcos buscan un perfil carismático, le brindan todo el apoyo económico, se deshacen de los aspirantes más fuertes, los que le podrían hacer sombra a su “títere”, lo apoyan con todo en la elección, lo hacen alcalde y después le cobras todos esos favores. Diego Rivera, alcalde de Tequila, Jalisco llegó así al poder.

Una regidora de Morena que se opuso a las acciones ilegales de este alcalde acusó en su momento: «En el municipio, en presidencia, hay una nómina de gente extranjera, colombianos, gente de Michoacán y gente que no sabemos de dónde vienen pero, pero sabemos que son del cártel. Yo quiero que se detenga esta situación porque Diego Rivera es una persona muy peligrosa y tiene padrinos no políticos sino del crimen organizado, es un narco político, quiero ser muy puntual en que Diego Rivera anda armado incluso antes de ser presidente, sabemos que trabajaba para el Cártel Jalisco Nueva Generación».