Historia de
Rivelino Rueda
La Comisión
Nacional de los Derechos Humanos apunta a que un poderoso cacique de Guerrero
operó la desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa.
Policías municipales, estatales y federales habrían estado bajo control de El
Patrón, quien, según diversos testimonios, es nada más y nada menos que Rubén
Figueroa Alcocer, exgobernador priista de la entidad de 1993 a 1996.
En la nueva
narrativa sobre el caso Iguala, la CNDH delimitó la tragedia de los alumnos de
la Escuela Normal Rural ‘Raúl Isidro Burgos’ al ámbito estatal, lo cual generó
controversia y críticas por parte de diversas asociaciones civiles, los
familiares de los normalistas y analistas que han seguido los hechos.
¿Pero qué dice
la recomendación No. 208VG/2026? A pocos días del 12 aniversario de la
desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, MILENIO se dio a la tarea de
revisar las 867 páginas del documento para ofrecer un panorama completo.
¿Cuánto poder tenía El Patrón? ¿Qué testimonios respaldan esta versión? ¿Qué
actores políticos parecen quedar exonerados?
Según el
organismo presidido por Rosario Piedra Ibarra, desde las 22:00 horas del 26 de
septiembre de 2014 hasta casi el mediodía del 27 de septiembre de ese año, la
suerte de los estudiantes ‘levantados’ en Iguala por fuerzas federales,
estatales y por policías municipales, y luego entregados a sicarios del crimen
organizado, dependía sólo de un personaje: El Patrón.
El sujeto con
ese sobrenombre, mencionado constantemente en las comunicaciones intervenidas
por diversas instancias, “tenía un control mucho más amplio” y, según la última
recomendación de la CNDH, “contaba con un poder regional, un ‘mando’ único, no
limitado a Iguala”.
En el polémico
documento dado a conocer el 2 de julio, donde el organismo exonera al Ejército
y a la Marina de cualquier participación en el caso Ayotzinapa, pero además
busca delimitar este crimen sólo al estado de Guerrero, se señala que el sujeto
que operó y ordenó la desaparición de los 43 normalistas corresponde a Rubén
Figueroa Alcocer, exgobernador priista de la entidad de 1993 a 1996.
Este
mandatario se vio orillado a dejar el cargo por su responsabilidad en otro
hecho de graves violaciones a los derechos humanos: la masacre de Aguas
Blancas, en 1995, donde 17 campesinos fueron asesinados.
Figueroa
Alcocer cumplirá 87 años el próximo 4 de diciembre. Hace 12 años, cuando se
dieron los hechos en la Normal de Ayotzinapa, el cacique guerrerense,
originario del municipio de Huitzuco de los Figueroa, contaba con 74 años. El
estado era gobernado por Ángel Heladio Aguirre Rivero, hoy en prisión por su
presunta participación en la desaparición de los normalistas.
Aguirre
Rivero, miembro del primer círculo de los Figueroa, sucedió a Rubén Figueroa
Alcocer cuando pidió licencia como gobernador tras la matanza de Aguas Blancas.
De 1996 a 1999, como militante del PRI, fue gobernador sustituto de Guerrero.
En los comicios de 2011 llegó de nuevo a la gubernatura, pero ahora bajo las
siglas del PRD. Un mes después de la tragedia de Iguala se vio obligado a
solicitar licencia.
Figueroa
Alcocer es el hijo mayor del también exgobernador de Guerrero de 1975 a 1981,
Rubén Figueroa Figueroa, apodado El Tigre de Huitzuco, quien fue uno de los
principales operadores de la cacería y aniquilación del Partido de los Pobres
(PDLP), guerrilla comandada por Lucio Cabañas.
Pero, sobre
todo, Figueroa Figueroa fue uno de los artífices y facilitadores de la guerra
de contrainsurgencia en las comunidades que apoyaban a Lucio Cabañas
Barrientos, egresado de la Normal de Ayotzinapa, que dejó cientos de muertos,
desapariciones y graves violaciones a los derechos humanos en ese estado en el
periodo conocido como la ‘guerra sucia’.
El 9 de
noviembre de 2025, el Congreso de Guerrero y autoridades estatales realizaron
un homenaje a Figueroa Figueroa por el 117 aniversario de su natalicio. En el
evento estuvo presente su hijo, Rubén Figueroa Alcocer. Dos días después, el 11
de noviembre, la CNDH hizo un “enérgico llamado” a las autoridades guerrerenses
a “respetar la memoria de las víctimas de la represión en las décadas de los
sesenta y setenta”.
La presidenta
Claudia Sheinbaum Pardo también se pronunció sobre este homenaje el 13 de
noviembre. En la conferencia mañanera de ese día dijo que “se tiene que revisar
si está en los días cívicos esta persona, porque se caracterizó por la
represión al pueblo, entre otras cosas. Es importante que el Congreso estatal
revise esas fechas”.
BITÁCORA DEL
HORROR
El Patrón,
anotó la CNDH en la recomendación 208/2026, “tenía una capacidad de
convocatoria y coordinación tal, que permitió involucrar también en las
acciones a la Policía Estatal y a elementos de la Policía Federal; un sujeto
con alta capacidad para ocultar su propia identidad, mediante la recompensa”.
“Hablamos de
un control regional, un ‘mando’ único, no limitado a Iguala, sino que implicaba
a autoridades de los municipios de Cocula, Huitzuco, Tepecoacuilco, Taxco e
Ixcateopan, y muy posiblemente algunos municipios más; pero, además, de la
amenaza como garantía de impunidad”, señala el organismo presidido por Rosario
Piedra Ibarra.
Diversos
testimonios, declaraciones de testigos protegidos y personas involucradas en
este episodio se refieren a las “instrucciones” decisivas en esas horas de
terror. Y todas coinciden en que venían en vertical de un individuo con el mote
de El Patrón.
En un reporte
reciente de la CNDH sobre la participación de policías municipales de Huitzuco
de los Figueroa en la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela
Normal Rural ‘Raúl Isidro Burgos’ de Ayotzinapa, se señala que una prueba de la
importancia que tuvo El Patrón en las acciones violentas contra los normalistas
se refiere a los hechos que tuvieron lugar en el ‘Puente del Chipote’, en
Iguala de la Independencia.
Ahí, indica el
documento del organismo constitucional autónomo de ese año, “arribaron dos
patrullas de la Policía Federal, y al preguntarles los agentes federales a los
policías de Iguala qué estaba pasando con los estudiantes, uno de los policías
municipales le respondió que ‘se los van a llevar a Huitzuco’ para que El
Patrón decida qué va a hacer con ellos, a lo que el agente federal simplemente
dijo: ‘Está bien”.
Otro
testimonio sobre este personaje fue el de Damián, ex policía municipal de
Huitzuco y testigo protegido, quien declaró en 2022 ante la Unidad Especial de
Investigación y Litigación para el Caso Ayotzinapa (UEILCA) de la Fiscalía
General de la República (FGR) que “sabía que le llaman El Patrón a Rubén
Figueroa”.
“Antes del
comandante (Javier) Núñez Duarte estuvo Fernando Montelongo, quien, por meses,
junto a un hermano, un tío y otros tres más se ocuparon del municipio de
Huitzuco y en repetidas ocasiones se refería a Rubén Figueroa como El Patrón”,
mencionó.
EL CACICAZGO
DE HUITZUCO
Figueroa
Alcocer declaró, en una entrevista con el periódico El Sur de Acapulco, en
febrero de 2019, que en Huitzuco “le dicen 'patrón' a todo el mundo. Eso es un
eslogan de los norteños delincuentes: ‘Llámale al patrón fulano’, es un eslogan
de la delincuencia; ahí no hay nadie. En mi pueblo, fue muy poca la
participación; es más, dentro de todo, dicen que por ahí pasó un camión y que
se ocultó. Realmente yo no tuve conocimiento de nada de eso”.
A unos días de
cumplirse 12 años de este crimen, la CNDH colocó en el complejo tablero del
caso Ayotzinapa otra pieza candente. El organismo recomendó: “No puede seguir
aplazando la identificación de El Patrón, ya que no se puede seguir
pretendiendo (sic) que fuera un mando regional la cabeza en la cúspide de las
decisiones".