Historia de
Laura Vázquez
Los reportes
incluyeron el testimonio de una mujer que afirmó que Trump la violó en
Mar-a-Lago cuando ella tenía 13 o 14 años.
La reciente
liberación de documentos del caso Jeffrey Epstein por parte del Departamento de
Justicia de Estados Unidos ha reavivado uno de los expedientes más
controvertidos de las últimas décadas. Entre miles de archivos, testimonios
ciudadanos y reportes internos del FBI, reaparecen acusaciones no verificadas
que vinculan al presidente Donald Trump con abusos sexuales, fiestas privadas
de alto perfil y, de forma particularmente explosiva, con menciones al Cártel
de Sinaloa.
Aunque ninguna
de estas denuncias ha sido probada judicialmente, el contenido ha vuelto a
colocar a Trump en el centro de una narrativa que conecta poder político, redes
de élite, explotación sexual y crimen organizado.
EPSTEIN, PODER
Y LAS DENUNCIAS QUE RESURGEN
Los nuevos
archivos incluyen testimonios recopilados por el FBI entre las décadas de 1980
y 2000, en los que distintas personas afirman haber presenciado o sufrido
abusos en contextos vinculados a Epstein y su círculo cercano.
Algunas
denuncias sostienen que Trump habría participado en eventos privados
organizados por Epstein, donde presuntamente ocurrieron abusos contra menores.
Entre los relatos figura el de una mujer que aseguró haber sido violada en
Mar-a-Lago cuando tenía entre 13 y 14 años, así como otros testimonios que
mencionan fiestas sexuales en residencias de Epstein en Nueva York y en
propiedades asociadas a Trump.
Los documentos
muestran que el FBI registró las denuncias y realizó verificaciones
preliminares, aunque en varios casos determinó que la información no era
concluyente, que no se logró localizar a los denunciantes o que algunos
informantes fueron considerados “no creíbles” por inconsistencias en sus
relatos o antecedentes personales.
La mención del
Cártel de Sinaloa: la acusación más delicada
Uno de los
fragmentos más polémicos de los archivos hace referencia a un testimonio que
menciona presuntos vínculos entre Trump, fiestas de alto perfil y el Cártel de
Sinaloa.
Según el
documento, un denunciante afirmó poseer videos de encuentros sexuales de alto
nivel, supuestos acuerdos criminales y haber presenciado hechos violentos
durante reuniones privadas. En esa narrativa aparecen mencionados Trump,
Epstein, Ghislaine Maxwell, el periodista Robin Leach y la organización
criminal mexicana.
Hasta ahora,
no existe evidencia pública que confirme estas afirmaciones, y los propios
documentos internos del FBI subrayan que varias denuncias corresponden a
“información de segunda mano” o carecen de sustento verificable.
El rol del
FBI: denuncias registradas, pero sin pruebas concluyentes
El Centro
Nacional de Operaciones de Amenazas del FBI recopiló al menos 12 denuncias
formales que involucran a Trump en posibles delitos sexuales relacionados con
Epstein. En los archivos se detalla que los agentes intentaron contactar a
denunciantes, revisar antecedentes y evaluar la credibilidad de los
testimonios.
En varios
casos, los investigadores reportaron que:
* No pudieron
localizar a las personas que presentaron las denuncias.
* Los datos de
contacto eran incorrectos o inexistentes.
* Algunas
fuentes tenían antecedentes criminales o evaluaciones psiquiátricas previas.
* Parte de la
información carecía de valor probatorio.
Estos
elementos llevaron a que ninguna de las acusaciones derivara en cargos formales
contra Trump dentro del marco del caso Epstein.
Trump niega
los señalamientos y acusa motivaciones políticas
El presidente
Donald Trump ha rechazado de forma reiterada cualquier vínculo criminal o
conducta irregular relacionada con Epstein. Ha sostenido que las acusaciones
forman parte de una campaña política impulsada por sectores demócratas para
debilitar su figura pública. A lo largo de los años, Trump ha reconocido haber
coincidido socialmente con Epstein en eventos, pero ha negado haber participado
en actividades ilícitas.
Más allá de la
figura de Trump, los documentos vuelven a exponer la dimensión internacional de
la red de Epstein, en la que aparecen nombres de políticos, empresarios,
celebridades y reclutadores de modelos, así como referencias a eventos
privados, cruceros, clubes exclusivos y mansiones.
El caso
refleja una constante: la dificultad de probar legalmente los abusos
denunciados, la fragmentación de los testimonios y los límites de las
investigaciones cuando las fuentes desaparecen, se contradicen o no pueden ser
verificadas.
Entre la
sospecha pública y la falta de pruebas
La mención del
Cártel de Sinaloa eleva el nivel de gravedad del caso al conectar élites
políticas estadounidenses con organizaciones criminales internacionales, aunque
hasta ahora se trata de señalamientos sin respaldo judicial.
Los archivos
Epstein, una vez más, dejan al descubierto un terreno gris donde convergen
rumores, poder, víctimas potenciales, investigaciones incompletas y una opinión
pública hambrienta de respuestas.
Mientras las
acusaciones siguen sin probarse en tribunales, la sombra del caso Epstein
continúa persiguiendo a Donald Trump, ahora con un nuevo y delicado
ingrediente: la presunta conexión con el crimen organizado.
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