Córdoba, Veracruz
27-10-2026.
Seis perfiles
buscan posicionarse rumbo a la diputación federal de 2027; sus trayectorias y
desempeño público ponen a prueba el discurso de transformación del partido.
La disputa por
la candidatura de Morena a la diputación federal por el Distrito 16 comienza a
subir de temperatura. Sin embargo, el debate no gira necesariamente en torno a
propuestas, resultados o proyectos para resolver los problemas de la población,
sino a los cuestionamientos que acompañan a varios de los perfiles que buscan
abrirse paso en la carrera electoral de 2027.
Sidny Darían
Escobar, hija del exsecretario de Educación de Veracruz, Zenyazen Escobar;
Lourdes Juárez, exdiputada local; Nahum Álvarez Pellico, exalcalde de
Ixtaczoquitlán; Irene Sedas López, síndica del Ayuntamiento de Córdoba; Juan
Tress, actual diputado local, y Vania López González, exsíndica y actual
regidora de Córdoba, figuran entre quienes formalizaron su registro como
aspirantes a la coordinación distrital de Morena, posición que podría
colocarlos en la ruta hacia la candidatura federal.
Se trata de
seis nombres con antecedentes políticos distintos, pero que enfrentan una misma
exigencia: demostrar que sus aspiraciones responden al interés ciudadano y no a
la ambición de conservar, ampliar o heredar espacios de poder.
Porque una
cosa es registrarse para competir bajo las siglas de Morena y otra muy distinta
acreditar méritos, resultados y compromiso con la población. La militancia
partidista no sustituye la rendición de cuentas, ni la cercanía con las cúpulas
garantiza capacidad para representar dignamente a un distrito electoral.
LOS
CUESTIONAMIENTOS QUE ACOMPAÑAN A LOS ASPIRANTES
El negocio de
la basura de Zenyazen Escobar y su hija Sidny Darian Escobar López, a través de
la empresa Materiales Oconit, ha sido objeto de investigaciones y críticas
debido a su operación del vertedero Los Colorines en Nogales, Veracruz. Este
negocio ha generado ingresos millonarios, con tarifas de aproximadamente 350
pesos por tonelada y un volumen de residuos diario entre 2,000 y 2,500
toneladas. Sin embargo, también ha enfrentado acusaciones de corrupción y
contaminación ambiental. La investigación ha revelado vínculos familiares y
empresariales que han permitido a la familia Escobar operar sin ser sancionada
por las autoridades. Sidny Darian Escobar, no solo hereda el apellido de un
hombre controvertido, sino que también hereda la corrupción que conlleva este
tipo de negocios.
Lourdes
Juárez, exdiputada local, también tiene cuentas políticas pendientes frente a
quienes cuestionan su desempeño legislativo. Sus críticos ponen en duda los
resultados de su paso por el Congreso y consideran que su trayectoria debe
evaluarse más allá de los cargos que ha ocupado. Si pretende avanzar en la
carrera por una diputación federal, tendrá que responder con hechos: ¿qué
iniciativas impulsó?, ¿qué gestiones realizó?, ¿qué problemas contribuyó a
resolver y cuáles fueron los beneficios concretos para la ciudadanía?
Nahum Álvarez
Pellico, exalcalde de Ixtaczoquitlán, tampoco puede quedar al margen del
escrutinio público. Su gestión municipal ha sido objeto de cuestionamientos y
señalamientos sobre presuntas irregularidades, asuntos que requieren
documentación y respuestas claras. Su eventual aspiración federal obliga a
revisar los resultados de su administración, la transparencia en el manejo de
los recursos públicos y las explicaciones que haya ofrecido ante las críticas.
Haber ocupado una alcaldía no representa, por sí mismo, una carta de
presentación suficiente para aspirar a otro cargo.
En Córdoba,
Irene Sedas López, actual síndica municipal, enfrenta el reto de acreditar que
ha cumplido con las responsabilidades jurídicas y políticas inherentes a su
encargo. Las críticas sobre su desempeño abren una interrogante legítima: ¿ha
defendido con eficacia los intereses del Ayuntamiento y de la población? Antes
de buscar una nueva posición, debería poder presentar resultados verificables
de su gestión. La política no tendría que convertirse en una escalera para
saltar de un cargo a otro sin que medie una evaluación pública del trabajo
realizado.
El diputado
local Juan Tress Zilli también debe responder a los cuestionamientos que se plantean
sobre la posible relación entre sus actividades empresariales y sus
responsabilidades como representante popular. La existencia de intereses
privados no constituye, por sí sola, una irregularidad; el problema aparece
cuando existen posibles incompatibilidades, conflictos de interés o decisiones
públicas que pudieran beneficiar intereses particulares. La transparencia y la
rendición de cuentas son indispensables para despejar cualquier duda y
demostrar que el ejercicio legislativo está al servicio de la sociedad.
Por su parte,
Vania López González, exsíndica y actual regidora del Ayuntamiento de Córdoba,
además de figura vinculada al Partido Verde Ecologista de México, enfrenta
críticas por su participación política en la administración municipal
encabezada por el exalcalde Juan Martínez Flores. Sus detractores cuestionan su
cercanía con ese gobierno y le atribuyen responsabilidad política por
decisiones que consideran cuestionables. Si busca posicionarse para una nueva
candidatura, el balance de su actuación pública y las razones de su
participación en las decisiones municipales tendrían que formar parte de la
discusión.
En todos los
casos, la evaluación debe sustentarse en hechos, documentos y resultados, no
únicamente en acusaciones o disputas entre grupos políticos. Pero tampoco puede
exigirse a la ciudadanía que otorgue un cheque en blanco a quienes pretenden
representarla.
MORENA Y EL
RIESGO DE RECICLAR LOS MISMOS PERFILES
La presencia
de estos aspirantes abre un nuevo frente de tensión dentro de Morena y pone a
prueba la credibilidad de su discurso de transformación. El partido que
prometió combatir los privilegios, desterrar las viejas prácticas y colocar al
pueblo en el centro de las decisiones ahora debe demostrar que esos principios
también se aplican al momento de seleccionar a sus propios candidatos.
La pregunta es
inevitable: ¿se privilegiarán la capacidad, la honestidad, los resultados y el
compromiso social, o volverán a imponerse los acuerdos entre grupos, las
lealtades políticas y las relaciones personales?
El problema no
consiste en que quienes ya ocuparon cargos públicos busquen continuar su
carrera política. En una democracia, cualquier aspirante que cumpla los
requisitos legales tiene derecho a participar. La cuestión de fondo es si
cuenta con resultados que respalden sus aspiraciones y si está dispuesto a
someter su trayectoria al escrutinio ciudadano.
En el Distrito
15, la exigencia debe ser concreta: que cada aspirante explique qué hizo desde
los cargos que ocupó, qué resultados obtuvo, cómo respondió a las demandas
sociales y qué propone para enfrentar los problemas de los municipios que
integran esta demarcación electoral.
No bastan las
fotografías con dirigentes, los discursos de lealtad partidista ni las promesas
de continuidad. Tampoco es suficiente invocar la transformación mientras se
evaden las preguntas sobre el desempeño individual y las responsabilidades
públicas.
Morena tendrá
que demostrar que su proceso interno no es una simple negociación para repartir
posiciones entre grupos políticos. Si pretende convencer al electorado de que
representa una alternativa distinta, necesita establecer criterios
transparentes de selección, evaluar trayectorias y garantizar que sus
aspirantes puedan rendir cuentas ante la sociedad.
De lo
contrario, el riesgo será reproducir las mismas prácticas que el propio
movimiento prometió erradicar: el reciclaje de figuras, la disputa por cuotas
de poder y la utilización de los cargos públicos como plataforma para nuevas
aspiraciones.
En el Distrito
16, la contienda no debería definirse por quién tiene más padrinos políticos,
mejores conexiones o mayor capacidad de negociación dentro del partido, sino
por quién puede demostrar resultados y ofrecer una propuesta seria para la
ciudadanía.
Porque la
diputación federal no es un premio a la lealtad partidista ni una recompensa
por los servicios prestados a un grupo político. Es una responsabilidad
pública. Y quienes aspiran a ocuparla deben entender que, antes de pedir el
voto, tienen la obligación de explicar qué han hecho, qué dejaron pendiente y
por qué merecen una nueva oportunidad.
Desarmador Politico