UNA DÉCADA BAJO EL FUEGO DE LOS ARDILLOS Y EL ABANDONO DEL ESTADO
De Arturo de Dios Palma en El Tlacolol
Este es el último capítulo: la organización criminal Los Ardillos, durante seis días —del 6 al 11 de mayo—, atacó a los pobladores de las comunidades de Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán, en Chilapa.
Los criminales cercaron los pueblos, luego entraron y quemaron casas, cortaron la energía eléctrica y la telefonía. Les dispararon desde los cerros y les lanzaron explosivos desde drones artillados.
Los pobladores hicieron lo que pudieron: niñas, niños, mujeres y adultos mayores salieron huyendo hacia Alcozacán, la comunidad vecina. Tomaron lo que pudieron y salieron corriendo con las balas detrás.
Los Ardillos no se detuvieron; llegaron hasta Alcozacán y los volvieron a atacar. Volvieron los disparos y los pobladores volvieron a huir aterrorizados hacia los cerros para protegerse.
En esta nueva ofensiva hubo un aviso. La mañana del 6 de abril, un grupo armado mató a cuatro albañiles en la comunidad de Xicotlán.
Los armados se bajaron de la camioneta y dispararon contra Isaías Morales Lucas, Bernardino Hilario Ocotlán, Ernesto Hilario Ocotlán e Isacar Villalba Rosario.
Bernardino y Ernesto Hilario eran hermanos y los cuatro eran integrantes del Consejo Indígena y Popular de Guerrero Emiliano Zapata (Cipog-EZ) y de la Policía Comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), organizaciones que durante más de una década han resistido al acoso de Los Ardillos.
Isaías Morales era promotor del consejo y “defensor de la vida, tierra y del territorio”. Hace dos años solicitó medidas cautelares ante el Mecanismo de Protección a Defensores de Derechos Humanos y Periodistas, pero le han negado el ingreso.
El Cipog-EZ denunció que la camioneta blanca blindada huyó hacia el crucero de El Jagüey, que lleva hacia los municipios de Mochitlán y Quechultenango, el bastión de Los Ardillos, justo donde ese día estaba instalado un retén militar.
Este nuevo ataque tuvo un saldo funesto: tres hombres asesinados, seis heridos, por lo menos cuatro desaparecidos, cientos de desplazados y decenas de viviendas quemadas.
La Federación, el gobierno del estado y el municipio, durante estos seis días, fueron un espectador más.
¿Por qué no actuaron? ¿Por qué permitieron que los niños y niñas sufrieran el terror? ¿Por qué no movieron un dedo para evitar que pueblos completos salieran huyendo? ¿Por qué los abandonaron?
Artículo completo: https://eltlacolol.com/chilapa-una-decada-bsjo-el-fuego.../

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