27 de diciembre de 2020

JORGE LUIS BORGES, UN POETA EN LA PENUMBRA

n la cultura


https://elvuelodelalechuza.com/author/virginiamoratiel/

Dicen desde antiguo que los poetas ciegos pierden la vista para lo externo, que el mundo se les difumina en la indiferencia de colores y figuras, pero ganan la visión interior, la puramente espiritual. Eso los asemeja a los adivinos. De hecho, el primer poeta griego, Homero, y el enigmático augur de las tragedias clásicas, Tiresias, eran invidentes. Como aquellos seres, entre míticos y humanos, Borges, el poeta que poco a poco se quedó ciego, fue capaz de ahondar en la realidad desdibujándola, para atravesarla y alcanzar su esencia ideal, siempre más allá. Consciente de que el tiempo le arrancó los ojos –como el propio Demócrito lo hizo consigo– simplemente para poder pensar, elogió la sombra y aceptó las tinieblas como parte de un destino que se resiste al olvido. Aunque quizás fue más admirado como cuentista, buscó desde joven la luz en la poesía intuyendo en ella el acceso al auténtico conocimiento. Primero se apoyó en la fantasía, luego aquilató la metáfora, más tarde sus recuerdos, hasta que por fin se internó en la vía metafísica. Y a medida que aumentaba su incredulidad ante el mundo, más se cobijaba en un intimismo autobiográfico y, a la vez, paradójico, por ser escéptico incluso de su propio yo.

Lo han despojado del diverso mundo,
de los rostros, que son lo que eran antes.
De las cercanas calles, hoy distantes,
y del cóncavo azul, ayer profundo.

De los libros le queda lo que deja
la memoria, esa forma del olvido
que retiene el formato, el sentido,
y que los meros títulos refleja.

El desnivel acecha. Cada paso
puede ser la caída. Soy el lento
prisionero de un tiempo soñoliento

que no marca su aurora ni su ocaso.
Es de noche. No hay otros. Con el verso
debo labrar mi insípido universo.

Siendo niño, Borges creció aislado, casi a contrapelo de su entorno, recluido por gusto propio entre los libros de su padre. Realizó sus primeros estudios con una institutriz inglesa y acudió al colegio público cuando ya tenía nueve años. Para entonces era bilingüe, había escrito un relato y traducido El príncipe feliz de Oscar Wilde. Su aspecto atildado, tímido, de ratón de biblioteca, era objeto de burlas entre sus compañeros. Cuando siendo un adolescente viajó con sus familiares a Ginebra para que su padre recibiese tratamiento oftalmológico, ya que padecía la misma enfermedad que con el tiempo lo aquejó a él, se vieron sorprendidos por la Primera Guerra Mundial y obligados a permanecer en Suiza hasta el final de la contienda. Así es como Borges continuó en esa condición de refugiado que desde un comienzo se había impuesto, sumergiéndose en su interior. De esta época datan sus primeros poemas, hechos públicos por entonces en España y destinados a componer un libro que el propio autor más tarde se negó a editar. Mientras seguía aprendiendo idiomas (el alemán –como gustaba decir– para poder leer a Schopenhauer) y estudiaba el bachillerato, imbuido de ambiente protestante, Borges descubría la narrativa realista, a los simbolistas franceses, y reflejaba en su poesía –ahora en un lenguaje claramente expresionista– sus emociones ante una lucha a la que nunca asistió y que sólo podía entrever con su imaginación. A la vez, espiaba por el rabillo del ojo, e incluso elogiaba, la también lejana Revolución rusa.

Cuando el peligro de la conflagración pasó y la familia consiguió llegar a España, donde vivieron tres años deambulando de una ciudad a otra, el joven logró publicar sus poemas y sus críticas literarias en distintas revistas, como Grecia o Ultra, y establecer contactos con poetas y escritores vanguardistas, asistiendo, por ejemplo, a las tertulias de Rafael Cansinos Assens en el Café Colonial de Madrid. Así fue como se convirtió al ultraísmo, que luego introdujo en Argentina, aunque pronto renegó de él. En su afán de ser moderno, buscó entonces la economía de la expresión: sin anécdota, sin lazos entre palabras, sin rima ni puntuación, lo cual volvió críptica su poesía. Ocultó los sentimientos tras ampulosas metáforas, imágenes innovadoras o vocablos inusitados y, con ello, una vez más evadió la vida objetiva para parapetarse, nihilista, en su interioridad.

Benjuí de tu presencia

que iré quemando luego en el recuerdo

y miradas felices

de bordear tu vivir

Afuera hay un ocaso joya oscura

engastada en el tiempo

que redime las calles humilladas

y una honda ciudad ciega

de hombres que no te vieron

La tarde calla o canta

Alguien descrucifica los acordes

clavados en el piano

siempre la multitud de tu belleza

en claro esparcimiento sobre mi alma.REPORT THIS AD

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El retorno a Buenos Aires le cambió nuevamente el estilo y los registros. Pensó que su “deber era escribir como argentino” y, ayudado por un diccionario, plagó su lírica de palabras que ya nadie entendía. Era evidente que con este localismo no plasmaba su entorno inmediato ni tampoco el que correspondía a un escritor de buena familia, cercano al “Grupo Florida”, pese a su decidida admiración por Macedonio Fernández. En ese redescubrimiento fervoroso de su ciudad natal, Borges no sólo se refería a las zonas más tradicionales donde habitaba la oligarquía, sino que mostraba una preferencia por los arrabales, donde guapos y compadritos se desafiaban con cuchillos, por los barrios de viviendas bajas con zaguán, patio y aljibe, donde crecían olorosos jazmines, madreselvas y malvones, como en aquella casa de su infancia. Y de este modo, no sólo apelaba a los recuerdos para retener lo que en su vida ya era marginal y presto a la exclusión, sino a una memoria ancestral, capaz de enraizar su larga condición de expatriado, aportarle un pasado (de espadas y libros –como él mismo dijo–), que habría de convertirse finalmente en mito:

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
la juzgo tan eterna como el agua y el aire.

Tras los tres primeros poemarios –Fervor de Buenos AiresLuna de enfrente y Cuaderno de San Martín–, en los que Borges perfila los temas en torno a los cuales girará hasta el término de su vida, transcurren treinta años para que vuelva a la lírica. Mientras tanto, inicia su colaboración con la revista Sur y su fructífera amistad con Victoria Ocampo, su hermana Silvina y Bioy Casares. A partir de entonces, escribe crítica literaria, que completará más tarde con ensayos y clases de historia de las literaturas inglesa y alemana en distintas universidades, y se dedica a la traducción, por ejemplo, de la obra de su admirado Walt Whitman. En el campo de la ficción, se entrega a la narrativa fantástica, advocando un estilo peculiar: el de los cuentos-trampa, donde comenta libros inexistentes, reúne lo real y lo fingido, inventa recuerdos, crea zoologías inverosímiles, ontologías imaginarias y simula genealogías, gramáticas, geografías y geometrías novelescas. En esta época empieza también su carrera como bibliotecario, a la cual se lo fuerza a renunciar mediante un nombramiento de inspector de mercados de aves de corral, debido a su antiperonismo. Finalmente la culminará con el cargo de director de la Biblioteca Nacional. Demasiado tarde, porque el hombre que concebía el Paraíso como una biblioteca, se encontraba sumido ya en la penumbra:

Nadie rebaje a lágrima o reproche

esta declaración de la maestría

de Dios, que con magnífica ironía

me dio a la vez los libros y la noche.

Jorge Luis Borges.jpg

El Hacedor inicia la segunda etapa de su lírica con un estilo más clásico y sencillo, una vuelta a la rima, al soneto, al uso de metros tradicionales: el verso alejandrino, el endecasílabo y el heptasílabo. Como diría Schopenhauer, Borges se da cuenta de que no todo lo nuevo es bueno. También se siente más seguro de su visión del mundo y del modo de expresarla. Por eso, en esta etapa resurgen con insistencia los temas anteriores (incluso en los poemas dedicados a personajes históricos, a escritores, a amigos). Es cierto que el repertorio se amplía con gestas de ingleses y vikingos, pero las cuestiones de fondo vuelven a entrecruzarse con los actuales focos de interés. Y a la vez, éstas se delinean y se bifurcan, ya que, por un lado, aparecen las milongas y, por otro, se fortalece la poesía metafísica. La filosofía avanza entonces hacia el proscenio para preguntarse por la realidad exterior, Dios o lo eterno, y concluir en la perplejidad de un subjetivismo radical como el de Berkeley:

Yo soy el único espectador de esta calle;

si dejara de verla, se moriría.

Desde la profundidad tenebrosa de la caverna, ahora resuenan los ecos de las voces de Platón y Schopenhauer, para advertir que la realidad de los sentidos es pura quimera e ilusión, el producto mental de un ser tan vano como vanidoso:

Dios ha creado las noches que se arman

de sueños y las formas del espejo

para que el hombre sienta que es reflejo

y vanidad. Por eso nos alarman.

En su falta de limitación, el ansia de saber y la soberbia humanas pueden conducir a la construcción intelectual de Dios, como de algún modo lo pretendió Spinoza, pero al final ésta resulta ser un intento fallido que apuntala el nihilismo. El alquimista que pretende penetrar en las leyes del mundo y de la vida para manejarlas a su antojo ni siquiera es capaz de servirse de ellas para su propio beneficio:

Y mientras cree tocar enardecido

el oro aquel que matará a la Muerte,

Dios, que sabe de alquimia, lo convierte

en polvo, en nadie, en nada y en olvido.

borges JL.jpg

El auténtico conocimiento nos enfrenta a cara descubierta con la duda, la ambigüedad, la desilusión y el desconcierto que provoca nuestra propia precariedad ante un mundo siempre cambiante que nos excede en infinidad de aspectos. En este punto, Borges recoge el escepticismo nostálgico del mejor tango, el que enseña que “todo es mentira”, que nada tiene sentido, que el absurdo es esencial. Por eso, la existencia se le presenta como un laberinto, cuyos arduos corredores no tienen fin. Lo que parece libertad sólo es azar o destino, de los que ni siquiera consigue sustraerse el mismo Hacedor. Ante ello, más que el lamento, cabe la ironía:

Dios mueve al jugador, y éste, a la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?

A eso se suma la falta de estabilidad de nuestra propia existencia. Nuestro ser se desgrana no sólo por su carácter efímero sino porque en cada uno parecen estar todos los demás, que también se diluyen hacia la nada, si no fueran redimidos por la palabra poética que los convierte en símbolo:

Yo soy los otros. Yo soy todos aquellos

que ha rescatado tu obstinado rigor.

Soy los que conoces y los que salvas.

El tiempo, nuestra sustancia, es lo que nos impide saber quiénes somos: esa fugacidad del instante que fluye, como el río de Heráclito, sin jamás retornar. Ni siquiera la memoria consigue sortear su transitoriedad, porque también ella entraña una especie de olvido, que, al final, desearíamos que nos absorbiese de manera integral para escapar de la soledad, el dolor, la culpa, el miedo y la muerte, que acechan en el transcurso de la travesía:

El rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.

El hoy es fugaz, es tenue y es eterno.

Otro Cielo no esperes ni otro Infierno.

Y ante la imposibilidad de escapar a esta trampa del destino…

La puerta del suicidio está abierta, pero los teólogos afirman

                     que en la sombra ulterior del otro reino, estaré yo,

                     esperándome.

26 de diciembre de 2020

REGIDORA DE CÓRDOBA SE QUEJÓ ANTE EL OPLE DE QUE DOS MEDIOS EXHIBAN SU ABULTADO SUELDO Y LOS VARIOS CARROS QUE TRAE

 -  en Nota principal

Córdoba, Ver.- Los medios de Comunicación El Buen Tono y Radar es Noticia, recibieron medidas cautelares de la Comisión de Quejas y Denuncias del Organismo Público Local Electoral (OPLE), por violencia política en razón de género en contra de Elia  Yadira “N”, regidora del Ayuntamiento de Córdoba.

Elia “N” interpuso ante el OPLE una querella, donde expuso que esos medios vierten comentarios, que causan grave daño psicológico a la regidora, puesto que publican que su salario es de 91 mil pesos mensuales y las placas de 2 vehículos, lo que provoca una invitación a la delincuencia a que le haga algún daño a su integridad física, a su patrimonio o a su familia, ya que tanto su esposo como sus dos hijos también usan dichos automotores.

El OPLE pidió apoyo a la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz para efectos de que brinde protección provisional a la posible víctima, consistente en la asignación de escolta para evitar un posible atentado contra su integridad física o su vida, hasta en tanto se garantice su integridad física, psicológica y moral.

La medida cautelar en su vertiente de tutela preventiva ordena al medio de comunicación impreso “El Buen Tono” y a “Radar es Noticia” se abstengan de dirigirse hacia Elia “N” con notas periodísticas, mensajes o imágenes que contengan insultos, vejaciones o frases denotativas y denigrantes, o cualquier contenido que pretenda descalificar, denigrar o menoscabar la capacidad y habilidades respecto de su persona y encargo.

https://plumaslibres.com.mx/2020/12/26/regidora-de-cordoba-se-quejo-ante-el-ople-de-que-dos-medios-exhiban-su-abultado-sueldo-y-los-varios-carros-que-trae/

24 de diciembre de 2020

EN VEZ DE REELECCIÓN PROPONGO LA PERPETUIDAD EN TODOS LOS CARGOS Y QUE NO HAYAN ELECCIONES


Pechev

1. Si el 80 por ciento de los diputados mexicanos –según se publica hoy- quiere reelegirse y el 20 por ciento no, propongo que ese 80 por ciento reciba a perpetuidad su diputación y el otro 20 por ciento intercambie su cargo con otro. Pero también propondría que el presidente de la República, los senadores, los magistrados, los del INE también reciban sus cargos a perpetuidad y que los procesos electorales se suspendan para siempre. Para los descontentos por esos acuerdos –que serían unos mil políticos- propongo que reciban una buena plata contante y sonante de subsidio para que vivan el resto de sus días. Basta ya de jugar con la llamada democracia y de seguir robándose todo el dinero del presupuesto. ¡Salario fijo, ya!

2. ¿Qué opina el pueblo? Bueno éste jamás ha dado su punto de vista porque nunca le ha interesado la política; está cansado de ver a los políticos que se disfrazan en cada momento, hacen “circo, maroma y teatro”, prometen todo, para alcanzar una diputación, una senaduría o algún cargo con muy buen salario o hueso para roer. Las elecciones en México siempre han sido una farsa que ha servido para engañar y manipular a la población cuyo interés ha sido siempre nulo. Las elecciones se ganan y se pierden en el papel, en los anuncios, en los medios de información, en los acuerdos secretos, con compras de votos. Cada quien habla bien o mal de democracia, de conciencia o ignorancia de los electores, según le va en la feria.

3. El 80 por ciento de la población mexicana vive en la pobreza y en la miseria. No conozco el dato de hace 100 años, pero seguramente estábamos igual. Hemos sufrido un siglo de engaños y manipulaciones de políticos de todos los partidos, con elecciones y democracia, pareciendo todo un entretenimiento para unos y hambre para la inmensa mayoría de la población. Si se aprueba la perpetuidad en los cargos, los políticos ya no harían campañas, no habría elecciones, ni partidos políticos y el INE podría desaparecer; en vez de contar votos contarían cuentos de terror a sus nietos. ¿Qué tal si como en los EEUU las empresas –propietarias o mandatarias de cada legislador- se encargaran de pagar los salarios a perpetuidad?

4. A México y al mundo les ha ido muy mal con las políticas electoreras y sus resultados. La llamada democracia, que es el disfraz que la burguesía inventó para sustituir la monarquía, ha sido peor. Antes el pueblo veía de frente a sus enemigos, a quienes los explotaban y oprimían; con la democracia y toda la demagogia que representa, los explotadores se esconden tras las instituciones que ellos mismos manipulan, así como de los políticos a quienes enriquecen. La democracia –la que conocemos desde hace varios siglos- es sinónimo de engaño y demagogia. Sólo ha servido para prolongar la explotación y el engaño al pueblo. El gobierno de uno, el del monarca, fue sustituido por el gobierno de algunos, de los partidos, igual de funestos.

5. La reelección de los diputados –aprobada por gobiernos anteriores- ha servido para ver a los ultra oportunistas que sólo buscan poder y dinero. La demagogia de AMLO diciendo que “lo que importa no es el poder sino servir para transformar”, se convirtió en una vil demagogia. Morena, el PRI, PAN, PRD, son más de lo mismo ´porque por la venas de sus políticos corre la misma sangre del oportunismo. ¿Cuánta pobreza o miseria ha desaparecido en México en los últimos dos años? ¿Cuántos millonarios han reducido la explotación y sus ganancias en los dos últimos años? Miles de millones de niños no captan enseñanzas de la escuela porque no les alcanza para comer; menos podrán terminar la escuela primaria. ¡Qué no nos jodan! 

https://pedroecheverriav.wordpress.com


Pedro Echeverría

Soy, escritor, periodista, anarquista, libre, revolucionario, hijo, padre, persistente, profesor, rebelde, generoso, amable, jodido, serio, solitario, desmadroso, enloquecido, desesperado, viajero, pesimista, inseguro, ateo, antipatriota, amigo de homosexuales, lesbianas, drogadictos, desquiciados y locos;en realidad soy tantas cosas...

pedroe@cablered.net.mx