10 de junio de 2026

ENTRE “CASI GOBERNADOR” Y “NO SOY PIÑATA”; LA DISPUTA QUE REVIVE LOS FANTASMAS DEL CUITLAHUISMO...


De la redaccion

Veracruz volvió a presenciar uno de esos episodios que Morena intenta presentar como debate interno, pero que en realidad terminan pareciendo un ajuste de cuentas entre quienes compartieron gabinete durante el sexenio de Cuitláhuac García Jiménez, un gobierno que para muchos veracruzanos dejó más cuestionamientos que resultados.
La polémica surgió luego de que el diputado federal Zenyazen Escobar García afirmara que Eric Cisneros Burgos, exsecretario de Gobierno, “se sentía casi gobernador” durante la administración estatal y que incluso operó políticamente contra Rocío Nahle en el proceso interno para definir la candidatura de Morena a la gubernatura.
Según Escobar, Cisneros encabezó una estrategia de ataques y una “guerra de lodo” contra quien finalmente se convertiría en candidata y posteriormente gobernadora de Veracruz. Las declaraciones no solo exhiben las fracturas que existieron dentro del partido oficialista, sino que también revelan el nivel de confrontación que se vivía al interior del equipo que supuestamente gobernaba unido.
La respuesta de Cisneros no tardó en llegar, a través de un posicionamiento público, el exfuncionario defendió su trayectoria académica y política, aseguró que siempre ha sido respetuoso de sus compañeros de movimiento y lanzó un mensaje con dedicatoria incluida: “no soy piñata de nadie”.
Con un tono institucional, aunque claramente dirigido a su excompañero de gabinete, Cisneros recordó que Zenyazen fue secretario de Educación durante el mismo gobierno encabezado por Cuitláhuac García Jiménez y señaló que “los resultados de cada quien están a la vista de los veracruzanos”.
Y quizá ahí se encuentra el punto más interesante de esta disputa, porque mientras ambos personajes intercambian señalamientos sobre quién tenía más poder, quién operó políticamente o quién obtuvo mejores resultados, inevitablemente terminan recordando que ambos formaron parte del mismo gobierno. Ese gobierno donde, según uno, había funcionarios que se sentían gobernadores sin serlo, y según el otro, los resultados hablan por sí mismos.
La discusión deja una pregunta incómoda para Morena, si dentro del propio gabinete existían guerras internas, disputas por la sucesión, ataques políticos y funcionarios que actuaban como candidatos permanentes, ¿quién estaba realmente gobernando Veracruz?...
Lo paradójico es que en su intento por desacreditarse mutuamente, tanto Zenyazen como Cisneros parecen coincidir en algo sin decirlo abiertamente, durante el sexenio pasado hubo más energía dedicada a las luchas políticas internas que a resolver muchos de los problemas que enfrentaban los veracruzanos.
Mientras uno acusa que el exsecretario de Gobierno actuaba como si ya fuera gobernador y el otro presume que será la historia quien juzgue los resultados, los ciudadanos observan una confrontación que termina reviviendo el legado del cuitlahuismo, una administración que cerró entre críticas por la inseguridad, la crisis institucional, los conflictos políticos y una percepción generalizada de falta de resultados.
Al final, la historia será quien emita el veredicto, pero si algo queda claro tras este intercambio es que los protagonistas de aquel sexenio siguen disputándose la narrativa de un gobierno que, para una parte importante de la sociedad veracruzana, difícilmente será recordado entre los mejores, más bien, la discusión parece una competencia para determinar quién carga con menos responsabilidad de uno de los periodos más cuestionados en la historia reciente de Veracruz.

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