Opinión de Jorge Fernández Menéndez
La tesis de la conjura
opositora para la marcha del sábado pasado es la narrativa más ridícula que le
he escuchado a gobierno y vaya que hemos tenido algunas terribles. Ahora
resulta que la conjura la pergeñó un chavo veinteañero que cobra por manejar varias
redes de panistas, nada más y nada menos que la friolera de 20 mil pesos
mensuales. Con eso, dice la inefable Luisa María Alcalde, organizó una granja
de bots (a los que a su vez debía pagarles) que convocaron a la marcha y por
supuesto, esos jovencitos panistas deben haber convocado también a los halcones
del bloque negro, que no lo sabíamos, pero resultó que todos son fanáticos de
Gómez Morín.
Esa es la información que le hace llegar la fiscal de la ciudad de México, Bertha Alcalde, a su hermana, Luisa María, que casualmente es también la presidenta nacional de Morena. Por cierto, lo que hacen tanto Bertha como Luisa María es ilegal, no se puede divulgar información de averiguaciones en curso ni se puede difundir información personal como hicieron con el joven Edson.
La verdad, tendrían que esforzarse más los panistas. A Edson le convendría mucho más cobrar los apoyos para jóvenes que reparte el gobierno sin condición alguna y que sumados reportan unos seis mil pesos mensuales y que se distribuyen, discrecionalmente, para millones de supuestos o reales becarios.
Los jóvenes de la ultraderecha no saben cobrar. Tendrían que aprender, por ejemplo, de Epigmenio Ibarra, que inventó que los manifestantes querían tomar Palacio Nacional e implementar un golpe de Estado, que recibió un crédito de 150 millones de pesos de Bancomext, en 2020, sin tener que poner una fecha para pagarlo. O de Jesús Ramírez, el ex director de comunicación de López Obrador y ahora coordinador de asesores de la presidenta Sheinbaum, que pagó a sus empresas y medios unos 2 mil 800 millones de pesos el sexenio pasado, sobre todo al periódico Regeneración y a la empresa Doble L. O de Jenaro Villamil, el director del servicio público de radio y televisión, al que la Auditoría Superior de la Federación, acusa de graves deficiencias en el manejo del presupuesto, que suman más de 12 mil millones de pesos entre 2019 y 2025. Por ejemplo, se denunció que 100 millones de pesos fueron asignados a “expansión de señal” pero no fueron respaldados por obra alguna, se referían a unas antenas que nunca se instalaron. También se pregunta la ASF porqué si mantuvo y aumentó su presupuesto, redujo cerca del 40 por ciento la producción de contenidos originales.
Y no olvidemos los que cobran en esos medios públicos sin trabajar demasiado, los que escriben discursos, o los que en las mañaneras cobran 200 mil pesos por hacer preguntas interesadas a la presidenta.
El joven Edson, al que no conozco pero que me pareció un chavo sensato en sus intervenciones en redes denunciando lo sucedido, está haciendo un trabajo legal, respaldado en facturas, pagando sus impuestos, y no lo hace a escondidas de nadie. Tiene derecho a convocar a la manifestación que quiera. Es lo más lejano posible a una conjura, es una infamia que se lo acuse por trabajar legalmente, por un sueldo normal, en un país donde millones de jóvenes no pueden trabajar ni estudiar y donde miles son extorsionados, reclutados o asesinados por los grupos criminales.
En la Asamblea Legislativa capitalina, los diputados de Morena también descubrieron el eje de la conjura y explicaron que Mauricio Tabe y Alessandra Rojo de la Vega, alcaldes de Miguel Hidalgo y de Cuauhtémoc respectivamente, fueron los que organizaron la marcha. No sé si impulsaron o no a su gente a ir, pero he visto desde hace décadas como las marchas del lopezobradorismo fueron y son apoyadas por gobernadores con cientos de autobuses que vienen con acarreados de todo el país.
Ayer un grupo de jóvenes se plantearon hacer una movilización casi simultánea con el desfile cívico militar del 20 de noviembre. Era una notable irresponsabilidad: los desfiles, el del 20 de noviembre y el del 16 de septiembre, son fiestas cívicas, son parte de conmemoraciones que deben unir y hacer reflexionar a toda la sociedad, no son, no deberían ser, eventos para el lucimiento del gobierno en turno, sino para que la gente se acerque y reconozca a sus fuerzas armadas y recuerde su historia. Así están concebidos. Tratar de confrontar una manifestación opositora un desfile militar es, además, una provocación.
Pero lo cierto es que esos jóvenes decidieron hacerlo y estaban en su derecho. Para contenerlos, había cuatro veces más policías y granaderos que manifestantes, una exhibición de fuerza ridícula y que cuando se transforma en imágenes deja la percepción de un gobierno profundamente represivo.
Recordemos la historia. En
1987 y 88, fue el movimiento del CEU en contra de la reforma universitaria.
Hicieron muchas e inolvidables movilizaciones, que terminaron respaldando la
candidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Las autoridades no usaron a la
policía. Se reunieron con sus dirigentes, Carlos Imaz, Imanol Ordorica, Antonio
Santos los más destacados, acordaron con ellos y en 1989, el rector José
Sarukhán, con José Narro Robles desde la secretaria de gobierno de la UNAM,
convocaron junto con esos y otros líderes estudiantiles, a un Congreso
Universitario que decidió, de común acuerdo, el futuro de la UNAM, del
movimiento estudiantil y también de buena parte de la izquierda mexicana.
Escuchar y dialogar, integrar, es siempre mejor que reprimir y polarizar.

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