Hoy, una investigación conjunta del New York Times y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación reveló que esas mismas municiones terminan en manos de los cárteles mexicanos después de ser compradas legalmente en EE.UU. y contrabandeadas a través de la frontera. Desde 2012, la ATF ha decomisado más de 40,370 rondas de calibre .50 en estados fronterizos con México. Un tercio de ellas salió de Lake City.
El caso más escalofriante: Villa Unión, Coahuila, noviembre de 2019. Un convoy de pickups con ametralladora pesada y rifles calibre .50 entró al pueblo y abrió fuego. Los policías locales quedaron inmovilizados ante el poder de fuego superior mientras esperaban refuerzos militares. Al recoger evidencia, hallaron al menos 45 casquillos marcados "L.C.", las iniciales de Lake City. Murieron 4 policías y 2 civiles.
Los números son aplastantes: EE.UU. tiene más de 75,000 distribuidores de armas. México tiene UNA sola tienda de armas, ubicada en una base militar. Se estima que 200,000 armas cruzan ilegalmente de norte a sur cada año. Solo 902 fueron decomisadas saliendo del país. Un ex agente de la ATF lo resumió así: "El impacto de un calibre .50 en un tiroteo es descomunal. Cambian completamente la balanza."
Con estas
armas los cárteles han derribado helicópteros, asesinado funcionarios,
masacrado civiles e impactado blancos a más de una milla y media de distancia.
La policía mexicana no tiene nada con qué responder a eso. La misma nación que
le declara la guerra a los cárteles es la que fabrica, vende legalmente y deja
cruzar las balas que los hacen invencibles.
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