18 de octubre de 2014

TODOS SOMOS AYOTZINAPA

El corazón se parte en dos al ver un video que fue difundido en las redes sociales, donde se expone el testimonio de una mujer campesina de la localidad de San Antonio, municipio de Cualtepec, Guerrero, quien implora volver a ver su hijo, el cual es uno de los 43 normalistas que fueron levantados por parte la policía municipal de Iguala a cargo de José Luis Abarca Velázquez, y posteriormente fueran entregados al grupo delictivo “Guerreros Unidos”.
“Mi hijo se lo llevaron y yo lo quiero, porque, es el único hijo que me queda (…) ‘Mijo’ no es un delincuente, ‘mijo’ es un estudiante y se vino a estudiar porque quería salir adelante (…) A ‘mijo’ lo quiero vivo, no lo quiero muerto” alude la mujer, quien llora amargamente.
Una señora de rasgos indígenas con humilde vestimenta, expresa con desesperación y casi clemencia que las autoridades den con el paradero de su hijo y del resto de los alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa. Su madre indicó que dichos jóvenes continuamente “boteaban” para obtener recursos para mejoras de su plantel, por lo que la sustracción de los estudiantes, es abusiva.
El único delito de los jóvenes normalistas que pudieron haber cometido, es tener aspiraciones de superación, como el hijo de esa mujer, la cual trabaja arduamente para obtener unos cuantos centavos para poder sobrevivir.
Actualmente quienes han demostrado que la cobardía debe dejarse a un lado emprendiendo una valiente lucha para presionar a las autoridades a que los 43 normalistas los devuelvan vivos, son los estudiantes universitarios. El hartazgo a la polución política es cada día más insoportable y ha originado que la sociedad –porque los estudiantes son parte de ella- hagan uso de la violencia como forma de defensa en contra de los espacios públicos, para perjudicar a los corruptos.
Ver el palacio de Gobierno de Guerrero envuelto en llamas es hasta cierta un descanso a la vista de quienes detestan a los servidores públicos que han hecho mal uso del poder. La crisis está surgiendo, al parecer los “políticos de pacotilla” no aprenden y no ponen sus “barbas a remojar”.  Al menos en el estado de Veracruz siguen sirviéndose con la “cuchara grande”, como los legisladores quienes se aprobaron un incremento al presupuesto del 2015, el cual será en ese año de 616 millones de pesos, dinero que sólo les sirve para canalizarlos a sus cuentas personas y nunca para gestionar mejoras en sus distritos.
El problema de Guerrero con las manifestaciones masivas y de Michoacán con las autodefensas debería de tomarse como ejemplo para el resto de la población mexicana que habitan en otros estados de la República. La pasividad social no tiene cabida actualmente. El justificar la apatía como una forma de auto protegerse no es viable ni congruente. Al hacerlo, se es cómplice de la corrupción que los “gobernantes” mantienen una vez que llegan al poder.
El cinismo de quienes se enquistan en algún puesto de elección popular o cualquier otra titularidad en el gobierno, se convierte en un estilo de vida. Su principal objetivo, es lograr perpetuarse y continuar robando a manos llenas, corrompiéndose, haciendo alianza con el narcotráfico y la delincuencia organizada para obtener a cambio de la “protección” brindada, pagos exorbitantes por ser omisos y consecuentes. El negocio es redondo por hacerse de la “vista gorda” y permitir que los delincuentes dominen todo el territorio mexicano. Por ello amable lector, nunca promulgarán reformas en donde perjudiquen a sus socios delincuentes, pues al hacerlo, estarían acabando con la gallina de “los huevos de oro”. El oponerse a reformas donde se debilite el secuestro y la venta de drogas no es para proteger a la sociedad, sino porque al permitir que continúen operando como hasta ahora, se garantiza un exitoso negocio derivado de la extorsión y la venta de estupefacientes.
Su condescendiente actitud ha llegado al grado de permitir que sean los propios delincuentes quienes se postulen a cargos de elección popular tanto en estados y municipios. Se han evidenciado también los lazos estrechos entre las bandas como Los Caballeros Templarios con legisladores. Tal fue el caso de la diputada federal del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Iris Vianey Mendoza, quien fue evidenciada en una fotografía cuando compartía en una fiesta de dicha banda delictiva. Hizo el circo mediático de solicitar a la Procuraduría General de la República (PGR) a cargo de Jesús Murillo Karam, una licencia por 30 días para que se le investigara.
Hasta la fecha, dicha instancia se ha comportado omisa y complaciente con la legisladora, pero implacable en contra de José Manuel Mireles Valverde quien fue el que denunció sus vínculos con la delincuencia en la emisión de Carmen Aristegui en febrero del 2014 y que de acuerdo a la versión de su abogada, Talía Vázquez Alatorre, fue vehículo de la fabricación de pruebas para poder encarcelarlo.
Guerrero como su nombre lo enmarca, es un estado guerrillero. Actualmente está sufriendo un Déjà vu, la cual ya ha sido testigo del levantamiento social en los 60’s. Lucio Cabañas Barrientos, maestro rural egresado de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa e impulsor y líder del grupo armado denominado “Partido de los Pobres” luchó contra la opresión  de los sectores más vulnerables. Combatió en zona guerrerense en 1967 luego de que ejidatarios habían sido despojados de sus tierras.
La situación en Guerrero es una bomba de tiempo con cronometro. El estallamiento social está decretado y los hilos que mueven al presidente de la República –Carlos Salinas de Gortari- no se ha sensibilizado, ni pretende desviar el timón para evitar el derramamiento de sangre. Al parecer lo espera, pretende maquinar la estrategia que implementó en 1994 con el grupo guerrillero Ejército Zapatista de Liberación  Nacional (EZLN), donde ordenó bombardear comunidades enteras con la finalidad de eliminar a las etnias de dicha entidad chiapaneca. Las cuales le producen a este ex presidente de la República un odio a tal grado, que sueña su exterminio.
Gran parte de la población mexicana se encuentra cansada de los horrores que han tenido que padecer a causa de la inseguridad derivada por los grupos delincuenciales –ese mismo que vive enquistada en el poder-. Muchos pueden llorar en las tumbas de sus muertos pues tuvieron un poquito de más suerte de aquellas personas, que mueren todos los días por la desesperación de no saber del paradero de su padre, de su madre, de su abuelo, su hermano o su hijo.
México está harto de tanta corrupción por parte de sus políticos. La descomposición en las más altas esferas de los gobiernos –enarbolados por las diferentes corrientes partidistas que se prostituyen con tal de perpetuarse- dedicados expresamente a delinquir están originando una debacle literal en los partidos políticos. Se olvidaron de gobernar, se olvidaron de servir al pueblo, si es que alguna vez lo hicieron.
¿Qué se puede esperar de alguien que para poder sentarse en la silla presidencial –ya sea la República, municipal o curul, roba urnas y conciencias?
Esta es la cruda realidad de México, un país vapuleado, pisoteado, mancillado y dolido por parte de la clase política, la cual día a día está más decadente y corrupta.
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Silvia Núñez Hernández

Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación, directora general y columnista. Sustenta su trabajo, tras 23 años de ejercicio periodístico adquirido en diversos medios de comunicación situados en el estado de Veracruz. Su principal objetivo dentro de su carrera profesional es ofrecer a la ciudadanía una editorial ética y objetiva. Un espacio donde los temas sociales y políticos, son analizadas con una visión crítica, con la finalidad de mostrar una perspectiva sustentada y razonada sobre la problemática social de Veracruz y de la República Mexicana.
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