Sigue supurando la herida.
La pus brota sin remedio desde que la gobernadora Rocío Nahle decidió cerrar la llave: ni un peso más para terminar la farsa de los estadios “Pirata” Fuente y “Nido del Halcón”. Fue ese portazo lo que destapó la cloaca. Y en la pestilencia emergieron nombres y apellidos: familias enteras al centro de una red que se hace llamar, con desparpajo, el Cártel de los Cuicas.
A la sombra de los reflectores y las gradas inconclusas se tejió una maraña de fraudes que ronda los cinco mil millones de pesos. Un agujero negro de recursos públicos, hermanado —dicen— con otro clan: el Cártel de las Grúas.
Ayer lo adelantábamos en este espacio: la historia de estos estadios es una escalada de corruptelas que huelen a moho y concreto podrido. Sólo en la remodelación del “Pirata” Fuente y la construcción del “Nido del Halcón” se drenaron casi tres mil millones de pesos, un río de dinero que terminó en cuentas, bolsillos y fantasmas.
Las cabezas visibles se repiten como estampitas: Ricardo García Jiménez, ingeniero de confianza, de Zenyazen Escobar, exsecretario de Educación de Veracruz y hoy diputado federal. Durante su gestión, Zenyazen entregó la Oficialía Mayor de la SEV a Eleazar Guerrero, primo del gobernador, quien a su vez puso a su “amiga” Ariadna Celeste Aguilar. Todo quedó, literalmente, en familia.
Del presupuesto original de 400 millones para el “Pirata” Fuente, la cifra se infló sin pudor hasta rebasar los mil 600 millones. El resultado: un estadio que se cae a pedazos antes de inaugurarse.
Pero el cuento se alarga. En la médula de este esquema está “Espacios Educativos”, la eterna “Caja Chica” de la SEV. Desde ahí, Ricardo García Jiménez orquestó contratos y partidas mientras la Auditoría Superior de la Federación levantaba actas: tan sólo hace unas semanas, detectaron desvíos por 32 millones de pesos.
El informe es demoledor: anticipos sin amortizar, facturas sin comprobantes, obras sin avances, retrasos sin justificación y pagos por trabajos nunca ejecutados. Catorce obras ni siquiera fueron registradas ante el IMSS, lo que, de entrada, permitió escamotear cuotas de seguridad social para cientos de trabajadores de la construcción.
La ASF documentó 13 contratos plagados de anomalías —IEEV-FAMB-2024-106, IEEV-FAMS-2024-136, IEEV-FAMB-2024-138, por citar algunos. Y mientras tanto, en la Oficialía Mayor se cocinaba otro festín: Zenyazen Escobar y su exoficial mayor, la siempre exuberante Ariadna Celeste Aguilar Amaya, terminaron señalándose uno al otro tras autorizar cerca de 200 contratos a empresas recién nacidas: las infames “empresas fantasma”.
En paralelo, las “Tiendas Escolares” les dejaron un botín de nada menos que cinco mil millones de pesos. Todo en la misma cofradía, el mismo círculo de poder y parentesco.
Y aún falta. La concesión del “Nido del Halcón” a la familia Fernández Chedraui es otro capítulo de la novela: cobraron, prometieron, abandonaron. Medio estadio en pie, medio estadio en ruinas. De eso hablaremos en la próxima entrega, porque esta historia es de grandes ligas.
La cloaca se abrió. Y lo que sale de ahí promete seguir apestando.
Tiempo al tiempo.
Por Edgar Hernández
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