Edgar Assur Toache Montiel murió el 26 de diciembre de 2006. O lo dejaron morir. A casi 20 años de los hechos, ni hay responsables ni hay justicia. Pero sí hay nombres que se repiten: Zenyazen Escobar García, exsecretario de Educación, hoy diputado federal por MORENA; y su primo, Ricardo Pérez García, actual alcalde de Río Blanco. Ambos, señalados como los últimos que estuvieron con la víctima esa noche, siguen tan campantes como si nada.
El caso fue etiquetado como un “accidente”. Según el parte oficial, Edgar cayó desde el mirador de “Los 500 Escalones” en Orizaba y murió de hipotermia. Pero el expediente —si es que todavía existe— está lleno de contradicciones. El dictamen forense dice que tenía fracturas en las piernas, pero ninguna lesión letal. Su madre asegura que su hijo fue hallado con vida y no recibió ayuda a tiempo. ¿Quién lo dejó morir?
Y aquí viene lo verdaderamente grave: Zenyazen Escobar —quien en ese entonces era conocido como “Tarzán Boy”, un exstríper sin cargo público— estaba con él esa noche. También su primo Ricardo. Y sin embargo, nunca fueron citados a declarar. Jamás. Ninguna autoridad los tocó, ni una llamada, ni un oficio, nada.
¿Quién los protege? ¿Quién les dio ese blindaje?
Porque si algo ha quedado claro en Veracruz, es que la Fiscalía General del Estado sabe guardar silencio… cuando le conviene. La carpeta de investigación 1044/2006 está empolvada, enterrada en la Agencia del Ministerio Público Investigador Sector Sur. Un expediente olvidado, como si la vida de Edgar Assur no valiera nada frente al ascenso político de sus amigos.
Y ojo: no es el único caso en la lista de pendientes de Zenyazen Escobar. Su nombre también aparece vinculado a la desaparición de Yenifer Cristina Velázquez López, su expareja, reportada como desaparecida desde el 5 de septiembre de 2021. Hasta hoy, ni rastro de ella, ni línea de investigación abierta.
Así que sí, mientras en las campañas presume logros en educación, programas sociales y selfies con militantes, lo cierto es que hay una madre que sigue preguntando por qué dejaron morir a su hijo y por qué los responsables siguen libres.
Y la respuesta —una vez más—
parece ser la misma de siempre en Veracruz: impunidad institucional, apellidos
intocables y una Fiscalía que calla cuando más se le necesita.
Fuente: el griton newsmx blogspot com



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