La Marquesina TV
El descaro político disfrazado de
administración: cuando hasta los perros y gatos pagan el precio de la
incompetencia.
Lo que debía ser un programa de cuidado
y bienestar animal terminó convertido en un circo de omisiones, burlas y
complicidades dentro del Ayuntamiento de Córdoba. Funcionarios con cargo y
sueldo, pero sin pizca de sensibilidad, dejaron sin alimento suficiente a
decenas de animales resguardados en el Centro de Bienestar Animal (CBA).
Y como si la negligencia no fuera
suficiente, la historia incluyó un espectáculo bochornoso en el cabildo: la
tesorera Rosa María Velasco Ramírez y el encargado de compras, Rodrigo
Hernández Méndez, fueron señalados por retener y no aplicar más de 180 mil
pesos destinados a alimento, lo que redujo a limosnas el presupuesto aprobado.
La sesión de cabildo se encendió cuando
Hernández, citado para explicar las omisiones, se presentó con aires de cantina
más que de funcionario. Entre risas y evasivas, provocó la reacción de
regidores que le recordaron que estaba en un espacio público, no en una
tertulia de bar.
Pero la torpeza no paró ahí: quedó en
evidencia que ni siquiera conocía el presupuesto asignado al CBA, aunque
firmaba oficios y rechazaba solicitudes. Lo más grave: los ediles revelaron que
goza de protección directa del alcalde Juan Martínez, para quien funge como
chofer de confianza.
Mientras tanto, la tesorera Velasco
guardó silencio frente a las acusaciones de haber dejado inactivos más de 90%
de los recursos. Su omisión no es casual, dicen los regidores: obedece a una
estructura de protección que la blinda ante cualquier cuestionamiento.
El Centro de Bienestar Animal, además
de operar sin recursos, lleva más de un año sin servicio eléctrico. El dato es
brutal: el propio alcalde estaba enterado desde 2023 de esta carencia, pero la
dejó correr como si fuera un problema menor.
El resultado: animales en penumbras,
alimentados con apenas 15 bultos de croquetas “donados” tras la presión
política, mientras el presupuesto oficial duerme en las arcas municipales.
Los regidores que hicieron públicas
estas irregularidades hablaron de compras fantasmas, de expedientes con sellos
oficiales ignorados, y de un patrón de corrupción que va más allá del CBA.
La cereza en el pastel: la referencia a
las famosas 8 mil luminarias nunca instaladas, donde los mismos nombres vuelven
a aparecer como beneficiarios de la opacidad.
¿Hasta cuándo
Juan Martínez seguirá encubriendo a su círculo íntimo mientras animales mueren
y ciudadanos se indignan? La destitución de Velasco y Hernández no es
suficiente; la exigencia social apunta a investigaciones, sanciones y
auditorías profundas.
Porque si en
Córdoba ni los animales pueden comer por culpa de la corrupción, ¿qué pueden
esperar los ciudadanos?

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