Por Edgar Hernández
Premio
Nacional de Periodismo
@LineaCaliente
REVIENTA LA
UPAV
Se ahoga en un
mar de corrupción propiciada por singulares personajes que encontraron el fácil
enriquecimiento por la vía de la transa: el atarantado Cuitláhuac García, el ex
secretario de Educación Zenyazen Escobar y las repartidoras del billete a partir
de 2018, las exrectoras Maribel Sánchez Lara y Ome Tochtli Méndez Ramírez.
Las
detenciones este fin de semana Sergio N y Víctor de Jesús N, exrector y
exdirector administrativo de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV)
por presuntas irregularidades financieras superiores a los 800 millones destapó
la caja de pandora.
El viejo sueño
de don Guillermo Zúñiga, primer rector y fundador de la Universidad Popular
Autónoma de Veracruz, de dar oportunidad a quienes por su condición de
marginación estaban limitados, se lo llevó la trampa.
Se fue al
carajo el modelo educativo flexible, accesible y comunitario, un modelo a
distancia, de fines de semana y ofertas de bachillerato, licenciaturas,
maestrías y doctorados con la base en la solidaridad y participación
comunitaria.
Con el
gobierno de la «esperanza» instalado por López Obrador, la UPAV dio un giro de
180 grados.
Transitó por
los oscuros caminos de la corrupción, fuente inagotable de dinero fácil y
apoyos presupuestales a rectores en turno.
Las áreas de
administración y finanzas, así como académicos cómplices convirtieron el
claustro académico en una caja registradora a la cual alumnos e interesados
acudían a comprar títulos hechizos.
Se
institucionalizó el moche.
No hubo más
necesidad de ir a clases, ni conectarse a las virtuales, menos estudiar ya que
el soborno cubría el requisito académico.
Obligado para
el aspirante el pago por «cursar sin cursar» la preparatoria en trimestres por
cuotas, digamos institucionalizadas desde 550 pesos (con becas disponibles),
licenciaturas/maestrías con pagos cuatrimestrales y maestrías, como la de
Derecho Laboral, por 6 mil 600 por cuatrimestre. El costo final de trámites y
titulación rondaba los 10 mil pesos.
Lo importante,
ya en el terreno de la transa, lo fueron las recaudaciones “por fuera”, el
apoyo financiero estatal y los negocios de los mismos profesores de otorgar las
más altas calificaciones a los “burros” que se mochaban.
En realidad,
la fama de comprar licenciaturas y maestrías y doctorados sería en lo que se
convertiría esta “Universidad Patito” en donde se hizo común, a partir de la
exigencia laboral de parte del gobierno, de tener una maestría como mínimo
académico para seguir avanzando en el escalafón burocrático.
Y que mejor
que comprarlo.
Así la UPAV
calificada en su arranque como una universidad sin claustro de talla
internacional, que desde que nació su misión se enfocó en atender la exigencia
educativa de la clase marginada, de gestar “nuevos horizontes para la educación
superior” quedó en el rango de un tosco negocio de cantina.
Una mal puesta
oficina en el centro de Xalapa, una universidad imaginaria, embarcó a gente
honorable y a empresarios de la ecuación a apostar por generaciones urgidas de
títulos comprados.
Así, a partir
de 2018 la UPAV se plagó de una plantilla de improvisados y de locales
alquilados de manera eventual para cubrir las apariencias, el requisito
académico.
Hasta hace
unos días en que se destapó el escándalo, una licenciatura costaba alrededor de
50 mil pesos, titulación incluida, la maestría el doble con diploma en mano y
toga impuesta y el doctorado sería negociado a plazos.
Desde luego
que ello no incluía la certificación de la SEP ya que la titulación de la UPAV
carecía de reconocimiento oficial.
De ello
siempre estuvo enterado Cuitláhuac, el omiso Secretario de Educación de ese
entonces, Zenyazen Escobar, que tenía con el pie en el cuello a la UPAV al
estar enterado de los turbios negocios de los rectores Andrés Blancas Portilla,
Maribel Sánchez Lara (encargada), Carlos Raúl Velázquez Hernández, Ome Tochtli
Méndez Ramírez Y Sergio Torres Mejía.
El último
rector Rodolfo Torres Velázquez, ya como rector en la presente administración,
sería el destapador de la cloaca.
La nueva
administración gubernamental que encabeza Rocío Nahle lo que se hizo fue atraer
a la UPAV, reorganizarla -acaso fincar las bases para su desaparición-, a la
sordina liquidar e investigar a la plantilla administrativa y magisterial y
solicitar al Congreso la modificación de su estatus legal tras ponerla en pausa
financiera.
Con este
escándalo que coloca al atarantado en el ojo del huracán se le abren nuevos
frentes, le explota de nuevo en las manos la corrupción y no se sabe, pero
seguramente Nahle no está para solapar al «ex», sino al borde de la ruptura,
que en los hechos ya existe, al igual que en la posibilidad de llevarlo a
prisión.
Cuitláhuac,
hasta ahora intocable y cubierto con el manto protector de López Obrador,
podría ser llevado ante un juez ante la brutal corrupción de su gobierno puesta
al descubierto.
Tiempo a
tiempo.

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