Por Víctor Hugo Arteaga
Hace nueve días el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció la captura en Caracas de Nicolás Maduro y con ello en México se encendieron las alertas y las red flags, porque ahora sí es posible pensar que en algún momento pudiera suceder algo así en nuestro país.
A raíz de esto en Venezuela las cosas han comenzado a cambiar de manera veloz, dejando a cientos o miles de prisioneros políticos en libertad y con los líderes del Congreso venezolano enfrentando a sus representados con vergüenza y de manera hipócrita diciendo que, ahora sí, van a estar cerca de ellos y los van a escuchar para lograr hacer de Venezuela un mejor país.
Diosdado Cabello, el segundo hombre más poderoso de Venezuela después de Nicolás Maduro, ha comenzado a replantear su posición radical y ahora sí quiere pactar por la vía diplomática con Trump y los Estados Unidos.
No, si el miedo no anda en burro y mientras esos cambios y nuevas posiciones políticas se apresuran en tierras de Venezuela, acá en México parece que no entienden las lecciones y mensajes desde el país vecino al norte.
Ya lo dijo Trump la semana pasada, que se empezarán a atacar a los cárteles de la droga en México y quien no quiera atender el aviso o la advertencia, es un iluso político.
El gobierno de los Estados Unidos de Trump no se anda por las ramas y quien no quiera creerle que lo hará en México, está condenado a ser señalad@ por la historia.
México no está muy lejos de los Estados Unidos. Acá en las costas mexicanas ya las fuerzas armadas estadounidenses han hundido lanchas con mercancía proveniente del narcotráfico, igual que como comenzó todo en Venezuela.
La expropiación de mil 147 empresas entre 2007 y 2009, el autoritarismo evidente en 2014, cuando una serie de protestas que denunciaban corrupción gubernamental y violaciones hacia estudiantes terminaron en el asesinato de al menos 43 personas y este acontecimiento marcó el inicio de la consolidación autoritaria del régimen de Maduro.
En julio de 2017, el régimen realizó un falso referéndum para disolver la Asamblea Nacional y crear una nueva Asamblea Constituyente que estaba bajo el control del partido (también conocido como PSUV).
En México se hizo una falsa consulta popular en la que se determinó la continuidad de un Presidente, Andrés Manuel López Obrador, y se tomó el control de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como un aliado del régimen, al igual que en Venezuela.
El referéndum de 2017 en Venezuela fue claramente fraudulento, ya que solo el 40% de la participación electoral, 8.1 millones, votó.
Les suena como al igual que allá, acá en México una minoría en consultas dirigidas pueden darle al Gobierno la justificación ideal para tomar decisiones como la sobre representación de los diputados en favor de Morena y sus aliados?
El régimen de Maduro tomó el control de todos los poderes del gobierno ese año, como en México en el 2024 y 2025 se concretó la subordinación de poderes ante la figura presidencial. Tanto el Legislativo, como el Judicial.
En Venezuela las protestas de 2017 terminarían en el asesinato de unas 170 personas, el arresto de unas 5 mil y decenas de miles de heridos.
En México más de 250 mil asesinatos dolosos desde 2018 han dado forma a la similitud entre lo que sucedía en Venezuela y lo que pasa en México en la no lucha de fondo contra el crimen organizado.
El fraude electoral se volvió habitual en Venezuela a partir de entonces, incluyendo en las elecciones presidenciales de 2018 y 2024.
Mientras en México, como en la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el fraude electoral recibe una forma disfrazada al utilizar las instituciones como promotoras del voto en favor del partido oficialista.
El autoritarismo del régimen ha continuado desde entonces y ha afectado la vida de millones de venezolanos de maneras inimaginables.
El régimen tomó el control total del ejército y lo convirtió en la herramienta de represión del Estado, torturando y asesinando a manifestantes y figuras de la oposición durante los últimos años.
En México las fuerzas armadas son ahora controladas por la Presidencia, que ha fortalecido las dependencias militares otorgándoles las magnas obras, dotándoles de un poder absoluto para patrullar todo el país y verse en carreteras, aeropuertos, sistemas ferroviarios, puertos y terminales de autobuses.
La militarización de México ya ocurrió y nadie se dio cuenta.
Con la ayuda de grupos paramilitares conocidos como “colectivos chavistas”, la población ha sido sometida al miedo; si alguno de los colectivos te escucha criticar al régimen de Maduro, al día siguiente unos soldados o un policía pueden ir a tu casa y llevarte.
En México esos grupos paramilitares son las células delincuenciales y los cárteles de las drogas y el narcotráfico, que, según reportes de la seguridad nacional de los Estados Unidos, son ayudantes de los gobiernos de Morena para afianzar el régimen de izquierda.
Así que si Donald Trump manda avisos a México de que entraran al país a combatir a los grupos delincuenciales se le debe creer. Ya demostró que no solo es un bravucón. Es un bravucón que cumple lo que dice.
El Presidente Trump ya le ha dicho a este gobierno que nuestro país es dominado por los carteles de las drogas. ¿Qué se puede esperar?
Pues que cumpla lo que ya ha dicho y, desde su poder armamentista, ocurra lo mismo que ocurrió en Venezuela, donde entró por un Presidente Dictador.
Si, en
Palenque y en los círculos más altos de la política mexicana y sobre todo en
los corruptos que están tomando las decisiones en el
País, se debería tener no temor, sino terror.
Si los hijos
del ex presidente de México tienen cola que pisarles, algunos gobernadores como
el de Sinaloa o Tamaulipas están en la mira de los Estados Unidos, y todos a
quienes ya les han quitado la visa, es tiempo de poner las cosas en orden antes
de que para ellos el tiempo sea muy tarde.
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