19 de enero de 2026

EN 1948, JAMES PETERSON FUE LOBOTOMIZADO POR SER GAY


A los 28 años, artista, feliz y enamorado, James fue internado por sus propios padres tras descubrir su relación con otro hombre.

El diagnóstico del asilo: “perversión sexual”.

El tratamiento: lobotomía transorbital —instrumentos similares a picos de hielo introducidos por las órbitas de los ojos hasta el cerebro.

Quince minutos fueron suficientes.

El médico declaró: “La perversión fue corregida.”

Lo que regresó a la familia no fue un hombre curado, sino un cuerpo vacío.

James dejó de pintar, de leer poesía, de reír.

Pasó a obedecer órdenes simples, a mirar paredes y a no desear nada más.

Una fotografía tomada dos horas después del procedimiento muestra las marcas sobre los ojos y una mirada apagada.

En el expediente, la sentencia fría: “Paciente tranquilo. Procedimiento exitoso.”

El “desvío” era amar a otro hombre.

La “calma” era daño cerebral irreversible.

El “éxito” fue el asesinato de la personalidad.

James vivió 46 años más en una institución, sin elecciones, sin deseos, sin identidad.

Murió en 1994, a los 74 años.

Sus padres lo visitaron solo una vez, en 1949, y nunca regresaron.

Querían un hijo que no fuera gay.

Pero no aceptaron a un hijo que no era nada.

Su compañero guardó la fotografía y los registros médicos y, tras su muerte, donó todo a un archivo LGBTQIA+.

En la nota final, la verdad brutal:

“Dijeron que estaba curado. Estaba muerto. El cuerpo solo siguió funcionando.” 

TOMADO DE LAS REDES SOCIALES.

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