Por Redacción
Córdoba, Veracruz
En Córdoba ya no hay margen para la duda: Movimiento Ciudadano (MC) dejó de ser un proyecto político abierto para convertirse en una franquicia controlada por un solo grupo. Los hilos del partido en el municipio los mueve la familia Sacre, que hoy decide quién entra, quién sale, quién obtiene candidaturas y quién es relegado. Todo ocurre bajo la complacencia de la dirigencia estatal y la sombra del liderazgo nacional de Dante Delgado.
NEGOCIACIONES DE CÚPULA Y CANDIDATURAS AMARRADAS
La reciente incorporación del expriista Enrique Rustrián Villanueva no es un fichaje cualquiera. Fuentes internas del partido afirman que su llegada responde a una negociación política cupular que incluye una promesa explícita: la candidatura a la diputación federal por el distrito de Córdoba. De confirmarse este escenario, quedará en evidencia que en el partido naranja las posiciones no se ganan con trabajo de militancia, sino mediante acuerdos de escritorio.
ALFOMBRA NARANJA PARA UNOS, EXCLUSIÓN PARA OTROS
Mientras algunos sectores entran con privilegios, los cuadros locales que construyeron el partido se van decepcionados. El ejemplo más claro es el de Samantha Vicentini, quien rompió definitivamente con MC tras denunciar el nulo respaldo de la dirigencia hacia su proyecto. Al final, las regidurías clave quedaron asignadas al grupo que mantiene el control corporativo del instituto político
La pregunta en el escenario local es obligada: ¿De quién es Movimiento Ciudadano en Córdoba? Cada decisión reciente demuestra que las siglas pertenecen a una familia y no a sus bases. Los Sacre operan como administradores de un patrimonio privado, repartiendo posiciones y diseñando candidaturas a conveniencia.
EL COSTO ELECTORAL DEL RECICLAJE HACIA 2027
El electorado cordobés observa cómo un partido que presumía ser "lo nuevo" termina reciclando perfiles que ayer representaban al PRI, desplazando a quienes caminaron las calles bajo las siglas naranjas.
Si la estrategia rumbo al periodo
electoral 2027-2029 se sostiene sobre el reciclaje político, el nepotismo y el
control familiar, MC difícilmente podrá convencer a una ciudadanía que exige
congruencia. En Córdoba, la narrativa del cambio se topa con una realidad
ineludible: una cosa es cambiar de partido y otra, muy distinta, es cambiar de
dueño

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