Michoacán, a
22 de diciembre de 2025
En las últimas
horas la Presidente de la República Claudia Sheinbaum Pardo celebra que el
Banco Mundial (BM) estimó que para 2024 en México hay más población en
condición de “clase media” (39.6%) que en situación de pobreza (21.7%);
mientras que el INEGI informó que la población en pobreza fue de 29.6% y de
pobreza extrema fue de 5.3% con los estados de Chiapas, Guerrero, Oaxaca,
Veracruz, Puebla encabezando la lista y en medio de la gráfica Michoacán. La
estadística nacional señala que las personas vulnerables por carencias sociales
aumentaron de 39.7 en 2022 a 41.9 millones en 2024, donde los mayores rezagos
se encuentran en educación, salud, vivienda, acceso a servicios públicos y
alimentación.
Estas cifras
son presentadas por el gobierno federal como un gran logo de la “4T”, pero para
llegar a una conclusión objetiva y realista de la situación económica de
nuestro pueblo es necesario realizar un análisis de las condiciones concretas
del país desde el punto de vista marxista.
Las clases
sociales en México
Desde los
ideólogos de la burguesía se ha pretendido dividir las clases sociales de
acuerdo con su nivel de ingreso, teniendo así clase alta, media y baja; tal
división está completamente alejada de la realidad ya que lo que determina el
status de una persona en una sociedad es el papel que ocupa en el sistema de
producción social, su relación con los medios de producción y el lugar que
ocupan en la división del trabajo. Esto es lo que determina la clase social a
la que pertenecemos, así como el nivel de riqueza que podemos percibir.
Con la
aparición de la propiedad privada sobre los medios de producción surgieron las
clases sociales, los explotadores y explotados, de tal manera que en el
esclavismo existían esclavistas y esclavos, en el feudalismo señores
feudales-aristocracia y la siervos y en el capitalismo la burguesía y el
proletariado; todos ellos reflejan directamente las relaciones de producción
(trabajo esclavo, servidumbre y trabajo asalariado) por lo que son clases
fundamentales, mientras que existen otros sectores que por sus características
particulares figuran como clases no fundamentales o como sectores dentro de las
mismas.
Las clases
sociales en México obedece a las mismas leyes del materialismo dialéctico e
histórico, pero con ciertas particularidades: los pueblo originarios en México
se desarrollaron en medio de la transición entre el comunismo primitivo y el
esclavismo, donde las clases sociales se dividieron entre los gobernantes
indígenas y los esclavos; posterior a la conquista nos encontramos bajo una
forma de esclavismo-feudalismo, pues los españoles llegaron imponiendo las
relaciones de trabajo feudales que se combinaron con la esclavitud de los
pueblos conquistados; después de la independencia se desarrollaron relaciones
de carácter feudal-capitalista, mismas que se fueron transformando gradualmente
desde 1857, cuando los liberales colocaron los primeros cimientos jurídicos del
capitalismo, mismo que se desarrolló lentamente y se consolidó políticamente en
la Revolución Mexicana de 1910-1917 y económicamente durante el gobierno de
Lázaro Cárdenas del Río.
Desde tiempos
inmemorables el grueso de la población mexicana es de origen campesina, esto
porque durante la colonia, el México independiente, la reforma hasta los
inicios del capitalismo la tierra fue el principal medio de producción; ahora
que la producción nacional se conjunta en sector primario (agricultura,
ganadería, pesa, minería, etc.), sector secundario (manufactura, construcción y
energía) y sector terciario (comercio, transporte, turismo, etc.), la población
se haya divida fundamentalmente en burguesía y el proletariado, mientras que de
manera no fundamental en campesinado y demás sectores populares que conforman
la amplia masa de trabajadores del campo y la ciudad.
La clase
burguesa mexicana está conformada principalmente por los grandes magnates como
Carlos Slim, Germán Larrea, Alejandro Bailleres, María Asunción Aramburuzabala,
quienes durante los sexenios de la “4T” han incrementado su riqueza de tal
manera que acumulan poco más del 70% de la riqueza nacional (Desigualdad Global
2026). Con ello se confirma que la llegada de AMLO a la presidencia se debió a
los compromisos llevados a cabo con las élites empresariales para imponer una
agenda económica que contempla el desarrollo de un ciclo de capital en el
sureste del país y cada vez más apertura a la iniciativa privada.
Para lograr
imponer sus intereses, la burguesía se hace valer con sus órganos
instrumentales como el Banco Mundial, institución financiera que bajo la careta
de “ofrecer asistencia” a países en vías de desarrollo, ahoga financieramente a
las naciones que no se someten a la voluntad del imperialismo a la vez que
demanda la imposición de políticas antipopulares que benefician al capital
privado, teniendo especial relevancia en la aplicación del neoliberalismo. En
la actualidad el Banco Mundial mantiene un férreo compromiso con el programa
oligárquico de la Agenda 2030 para el Desarrollo, de tal manera que su opinión
en cuanto a la medición de la clase media en el país tiene un fin, impulsar los
objetivos de la oligarquía agrupada en esta agenda mundial, a la que la
presidente Claudia Sheinbaum Pardo está plenamente alineada. En fin, como lo
declara Carlos Marx: El Estado es el aparto administrador de los intereses de
la clase explotadora.
En medio de
este contexto, el individualismo y egoísmo exacerbados de la burguesía la hacen
mantenerse en constate conflicto, de ahí la existencia de un sector “opositor”
que en realidad es la parte de la burguesía más reaccionaria que de momento se
encuentra desplazada y que lucha por recuperar sus cotos de poder; pero como
sus intereses de clase no son contradictorios, en un momento llegan a
determinados acuerdos y a ello se deben los cambios que suscitan en la
democracia burguesa como los “chapulines” que se pasaron a MORENA o el
conflicto fiscal que actualmente mantiene Ricardo Salinas Pliego con la “4T”. A
pesar de sus diferencias, todos llegan a cerrar filas cuando ven en peligro sus
intereses tal y como ocurrió durante las amenazas arancelarias de Donald Trump.
Diametralmente
opuesto a la burguesía, el proceso de desarrollo del capital en el país ha
permitido que el proletariado crezca en número, los datos del INEGI (Boletín
Indicador 198/25) exponen que la población ocupada se divide principalmente en
las áreas de servicios, comercio, industria manufacturera, construcción,
minería, transporte, almacenamiento, comunicaciones, entre otros. Esto
significa que los trabajadores asalariados están creciendo principalmente en
las zonas donde hay desarrollo industrial, turístico y agrícola, conformando un
proletariado del campo y la ciudad.
Con la
imposición de los proyectos oligarcas como el Tren Maya, la Refinería de Dos
Bocas, el Tren Transístmico y el desarrollo de los “Polos del Bienestar” se
viene un proceso de proletarización de la población; mientras que el sector
campesino se encuentra bajo una condición de abandono y de destrucción de la
propiedad comunal y ejidal, obligándole a abandonar la tierra (misma que queda
libre para explotación de los grandes capitalistas) para convertirse en obreros
o jornaleros, migrantes, trabajadores “informales” o en el último de los casos,
en parte de los sectores más desclasados y descompuestos de la sociedad
capitalista.
Tan sólo por
poner un ejemplo de esta realidad, en abril del presente el INEGI informó que
en marzo de 2024 la población económicamente activa fue del 60.2% y en el mismo
mes de 2025 cayo a 59.3%, mientras que la informalidad se ubica en un 54.3%. Es
decir, que la mayor parte de la población es de origen proletario.
Las relaciones
de producción como causa real de la pobreza en México
Con la
existencia de las clases sociales la desigualdad social se mantiene presente,
donde su fuente es el acaparamiento de la riqueza en pocas manos, a pesar de
los datos a modo expuestos por la presidencia de la república, México sigue
siendo uno de los países con mayor desigualdad. La gran diferencia entre la
supuesta “clase media” y la pobreza en muestra de ello.
Mientras un
puñado de sujetos acumulan la mayor parte de la riqueza, los trabajadores
mexicanos laboramos extenuantes jornadas laborales de 12 horas en promedio, sin
certeza laboral y con salarios de hambre; carecemos de acceso a los derechos
más básicos como la salud, la vivienda y la educación; enfrentamos a diario la
violencia de Estado y la inseguridad, nuestros hijos mueren de hambre y
enfermedades curables.
Todo lo
anterior nos permite inferir que la pobreza y la miseria existen porque hay
explotación del hombre por el hombre, es la esclavitud asalariada la que
permite que estas condiciones persistan y por ende, para poder erradicarlas, es
necesario transformar el modelo económico existente, o sea, una cambio de modo
de producción.
Para presentar
resultados y seguir sosteniendo que el modelo capitalista es la única opción
viable para el pueblo mexicano, se destinan gran parte del Producto Interno
Bruto (PBI) en los Programas del Bienestar: becas y apoyos que en los hechos
representan una política de asistencialismo que no erradica las causas
fundamentales de la desigualdad y la pobreza, por lo que figuran como simples
paliativos para hacer más pasadera la miseria del pueblo, pero como el sistema
capitalista se parece a un paciente en crisis, todo paliativo deja de ser
funcional hasta cierto punto y, cuando se llegue este momento, quienes cargarán
todo el peso seremos los explotados y oprimidos, esto se siente a través de la
creciente carga fiscal impuesta a los contribuyentes y el recorte presupuestal
a derechos fundamentales.
Conclusiones
Las cifras de
las que hoy presume el gobierno de la mal llamada “4T” no representan ningún
logro, sino que ponen en mayor evidencia el grado de desigualdad en el país,
además, por lo que no hay ninguna transformación, seguimos bajo un modelo
económico y político que favorece al capital y empobrece al trabajador.
Las clases
sociales existen en México, por lo tanto, también existe la lucha de clases,
misma que surge producto de las contradicciones entre los explotadores y
explotados y se expresa en incremento de la protesta y descontento popular. La
lucha de varios sectores populares confirma la necesidad de un cambio de
políticas económicas, políticas y sociales.
Un gobierno
que se enorgullece de su “clase media” es un gobierno demagógico, sobre todo
cuando mantiene un discurso de reducción de la pobreza, mas no de su
erradicación total.
La pobreza
tiene origen en la explotación económica, mientras esta no sea erradicada,
jamás será posible un mundo sin pobres. La justicia social sólo puede llegar
con una transformación radical de la sociedad, la historia nos marca hacia
donde debemos conducir al país, hacia el socialismo.
FRENTE
NACIONAL DE LUCHA POR EL SOCIALISMO FNLS
Desarmador Politico