21 de febrero de 2026
¡EXIGEN JUSTICIA PARA SAMIR FLORES SOBERANES!
19 de febrero de 2026
CUANDO DEJAN DE SER “LOS DEMÁS” : Dedicado a Gisele
CUANDO DEJAN DE SER “LOS DEMÁS”
A Gisele
Gisele tenía treinta y tres años.
Treinta y tres años es la edad en
la que la vida empieza a abrirse, no a cerrarse.
Era psicóloga, egresada de la Universidad Iberoamericana de Puebla. Había elegido escuchar, ayudar, reconstruir a otros desde el dolor. Era el orgullo de sus padres, Alejandro e Ivette. Era una mujer que había hecho todo bien.
Estudió. Trabajó. Cumplió. Creyó.
Creyó que su país era también su casa.
No era una estadística. Era una ciudadana ejemplar. Una joven que no le debía nada a nadie. Que aportaba. Que construía. Que vivía con dignidad.
Y, sin embargo, México la dejó morir.
La asesinaron en Puebla a la 1:52 de la madrugada al salir de festejar con sus amigos: "Un grupo armado que se desplazaba a bordo de motocicletas asesinó a tres personas, dos hombres y una mujer, y dejó cuatro heridos más frente al bar “Despecho”, ubicado en la zona de Angelópolis".
Catorce horas después, llegaron los comunicados. Las condolencias. Las promesas.
Siempre llegan tarde.
Nunca llegan para proteger. Solo llegan para lamentar.
Después vinieron las palabras.
Siempre vienen las palabras.
“Lamentamos profundamente los
hechos.”
“Se llegará hasta las últimas
consecuencias.”
“Habrá justicia.”
Dirán que “perdió la vida”.
No.
Gisele no perdió la vida: la asesinaron.
Era una ciudadana mexicana con todos sus derechos vigentes y todos sus deberes cumplidos. No le debía nada a nadie. No le quitó nada a nadie. No dañó a nadie.
Y, sin embargo, México la condenó a muerte.
No un juez.
No una sentencia escrita.
No un tribunal.
La condenó el abandono.
La condenó la indiferencia.
La condenó un país que dejó de proteger a los suyos.
Gisele salió esa noche a celebrar la vida. A celebrar el amor y la amistad. A hacer lo que hacen los jóvenes en los países normales del mundo: vivir sin miedo.
Los abrazos los puso ella.
Los balazos los puso este país.
Y lo más insoportable de todo es la mentira que intentan sostener: que esto es normal, que esto es inevitable, que “ella pasaba por ahí”, que esto es parte de la vida.
No lo es.
Esto es abandono.
Esto es fracaso.
Esto es indignidad.
En México, salir a celebrar puede
convertirse en una sentencia.
En México, estar vivo se ha
vuelto un acto de riesgo.
En México, hacer todo bien no garantiza nada.
Hoy muchos describen estos hechos tímidos y cautelosos, con indignación legítima, pero distantes.
Yo no.
Gisele no era un nombre más.
Gisele era familia.
Era la hija de Alejandro, primo
hermano de mi esposa Alicia.
Era su sangre.
Era nuestra sangre.
Ahora nos tocó a nosotros.
Nos tocó sentir ese vacío que
dejan las vidas que no debieron terminar.
Nos tocó entender, en carne
propia, que en México nadie está a salvo.
Nos tocó dejar de hablar de “los demás”.
Porque esta vez no fueron los demás.
Fuimos nosotros.
Por eso hoy no escribo con
prudencia.
No escribo con distancia.
No escribo con cortesía.
Escribo con dolor.
Escribo con rabia.
Escribo con la dignidad herida de una familia a la que le arrebataron una parte de sí misma.
Y por eso lo digo como lo siento:
Chinguen a su madre.
No como insulto.
Como límite.
Como la última palabra que queda
cuando un país le falla a los suyos.
Copiado de la red. Descanse e Paz y consuelo a su familia. 🙏
JAVIER DUARTE CREYÓ INGENUAMENTE EN ROCÍO NAHLE; HOY, FGR LE ABRE OTRO PROCESO JUDICIAL
Entre lo utópico y lo verdadero
Por Claudia Guerrero/Columna
Desde la campaña de Rocío Nahle García, como candidata a la Gubernatura de Veracruz, el exgobernador y hoy preso en el Reclusorio Norte, Javier Duarte de Ochoa, quien purga una mínima sentencia de nueve años, por los delitos de desvíos de recursos, corrupción y fraude, en detrimento al erario de Veracruz, este ladrón era un ferviente defensor de la oriunda de Zacatecas y aseguraba que al Estado le iría bien, si ganaba Nahle como gobernadora y dirigir las riendas de esta entidad veracruzana. Duarte pretendía, que la hoy gobernadora Nahle recordara, años atrás, el apoyo económico a Morena y a los candidatos a las diputaciones federales, entre ellas, la de Cuitláhuac García Jiménez, a quien le crearon su plataforma electoral para ganar como gobernador y a la propia Nahle, para hacerla diputada federal.
EL COMPROMISO ERA TAN GRANDE Y FUE OLVIDADO POR LA PROPIA ROCÍO NAHLE.
Resulta que este próximo 15 de abril de 2026, vence la sentencia de Javier Duarte, recordando que en el gobierno de Enrique Peña Nieto se pactó el pírrico castigo de nueve años, ante miles de millones de pesos desviados a cuentas personales de Javier Duarte y su esposa Karime Macías , siendo dinero de los veracruzanos y endeudando a Veracruz por 30 largos años.
Javier Duarte metía en una famosa “licuadora” recursos etiquetados de varias partidas presupuestales y los repartía para el pago de sus excesos personales, propiedades, joyas, autos y ranchos, convirtiéndose en los nuevos millonarios de Veracruz. Así como enriquecer a sus hermanos, quienes gastaban los recursos de los veracruzanos en casinos y propiedades en España y otros países de Europa. Unos cínicos ladrones, dejando endeudado al Estado, como lo dimos a conocer en el libro de nuestra autoría «Sí Merezco Abundancia», de Editorial Planeta..
Ante la próxima salida de Javier Duarte de Ochoa, en abril, un juez federal, bajo petición de la FGR, formuló otra carpeta de investigación solicitando a un juez de control vincular a Duarte a un nuevo proceso penal por la “participación en el desvío de $5 millones de pesos destinados a personas vulnerables en la entidad”. Más de 12 horas duró la audiencia y el juez Gustavo Aquiles Villaseñor determinó vincularlo por la triangulación de cuentas bancarias, operadas por excolaboradores en la Secretaría de Finanzas y Planeación.
El pillo Javier Duarte de Ochoa dio órdenes claras: Los recursos etiquetados fuesen utilizados para la compra personal de inmuebles, ranchos, pagos ilegales a proveedores y contratos a empresas fantasmas o fachada. Estos ladrones encabezados por Duarte de Ochoa fueron tan descarados, robaron tanto y el desfalco fue de tal magnitud, que con base a una auditoría forense, hay faltantes de documentación oficial en casi todas las secretarías, extravío de protocolos de contratos, salida de miles de millones de pesos sin justificar y hacer un rompecabezas auditable en el desastre financiero perpetrado por Duarte, familia y colaboradores.
El asilo político de Karime Macías Tubilla fue negociado. Es indignante, que Inglaterra le haya otorgado este beneficio, para garantizar la permanencia de los recursos económicos con los que llegó la esposa de Javier Duarte de Ochoa a este país y depositarlos en bancos ingleses, siendo dinero ilegal sacado de Veracruz para beneficio de Karime Macías y de sus hijos, bajo un divorcio arreglado y así salvar la fortuna amasada por esta pareja de ladrones, quienes se sentían dueños del Estado.
Ante la resolución de nuevamente vincularlo a proceso, este pasado 17 de febrero, se advierte que Javier Duarte puede llevar este nuevo proceso judicial por uno y dos largos años, bajo el criterio de una investigación llevada desde la Secretaría de Salud de Veracruz y con base a esto, medios nacionales informan: “El juez acreditó que a través de la publicación de una Gaceta Oficial en Veracruz, el 19 de diciembre de 2011, Duarte avaló que al menos tres funcionarios de la Secretaría de Finanzas de Veracruz (SEFIPLAN) operaron el desvío de cinco de los $10 millones de pesos depositados por la Tesorería de la Federación a la Secretaría de Salud de Veracruz para el mejoramiento de dos hogares de personas en situación vulnerable… Dicho mecanismo de distracción fiscal habría operado a través de una cuenta bancaria de BBVA en la que se depositaron cinco, de los 10 millones y que jamás fueron utilizados para el fin que estaba establecido”.
Los fraudes fueron realizados constantemente, bajo empresas fachada y prestanombres, siendo testigo protegido, el entonces tesorero, Antonio Tareq Abdalá Saad, quien señaló directamente a Javier Duarte, siendo gobernador del Estado y quien dio las órdenes para este desvío de recursos, así como el responsable de contratar a los funcionarios implicados para triangular los recursos federales destinados para bajar programas específicos a una cuenta bancaria concentradora y ser usada para pagar cuentas y salarios de funcionarios duartistas.
Y comenta la nota periodística con la liga: https://oem.com.mx/elsoldemexico/mexico/javier-duarte-se-aleja-de-la-libertad-lo-procesan-por-desviar-cinco-millones-de-pesos-28505076, la cual asegura: “Tras vincular a proceso al imputado y a petición de su defensa legal, el juez dio seis meses para la investigación complementaria. Derivado de esto y en caso de que su defensa no busque apelar la prisión preventiva justificada que se le impuso, Duarte de Ochoa permanecería preso, al menos, hasta finales de agosto de este año por el nuevo proceso penal que se le abrió».
Javier Duarte de Ochoa y Karime Macías pretenden librar su responsabilidad en el desastre administrativo operado en Veracruz. Y muchos de sus colaboradores, quienes hoy se hacen las víctimas, son coresponsables de la enorme deuda que los veracruzanos estamos pagando por los excesos, filias y fobias de un exgobernador corrupto, ladrón y sobre todo, sin amar a nuestro querido Veracruz.
Dudas y
comentarios: claudiaguerreromtz@gmail.com
Visite: www.periodicoveraz.com y www.claudiaguerrero.mx
16 de febrero de 2026
ESTADOS UNIDOS LOS LLAMÓ TRAIDORES, MÉXICO LOS LLAMA HÉROES, PERO LOS SOSLAYA; SU HISTORIA TE VA A PONER LA PIEL DE GALLINA
Un imperio avanzaba con pólvora, oro y disciplina. México sangraba, dividido, exhausto.
Pero nadie contaba con ellos. No eran mexicanos. No habían nacido bajo ese cielo ardiente. No rezaban en español.
Eran irlandeses, alemanes, inmigrantes pobres que habían cruzado el océano buscando pan y encontraron desprecio.
En el ejército invasor los humillaban, se burlaban de su fe católica, los golpeaban, les pagaban menos que a los demás. Eran carne de cañón con acento extranjero.
Hasta que un día algo se quebró. Cruzaron el río. Se quitaron el uniforme azul y eligieron otro destino.
Se cosieron en el pecho el verde, blanco y rojo. Así nació el Batallón de San Patricio, un puñado de hombres contra un imperio.
Levantaron una bandera verde con un arpa irlandesa y la imagen de San Patricio bendiciendo su causa. Juraron defender una tierra que no era suya, pero que habían aprendido a amar en las calles polvorientas, en las iglesias humildes, en la mirada agradecida de la gente que los trató como hermanos.
⚔️
Pelearon en Monterrey.
⚔️
Resistieron en Cerro Gordo.
⚔️ Se volvieron leyenda en Churubusco.
Allí, rodeados. Sin municiones. Con hambre. Con heridas abiertas. Siguieron disparando. Cuando algunos soldados mexicanos querían rendirse, ellos gritaban:
—¡No se rindan! ¡Sigan luchando!
Arrancaban la bandera blanca. Cargaban los cañones con manos ensangrentadas. Disparaban hasta que el humo les quemaba los pulmones.
Pero el enemigo era superior. No cayeron por falta de valor, cayeron por falta de balas. Los capturaron.
Y entonces llegó el verdadero infierno. Estados Unidos no los llamó soldados. Los llamó traidores. Hierro candente en la piel. Latigazos que desgarraban la espalda. Cadenas que mordían los tobillos. Y a más de cincuenta, los condenaron a la horca.
Frente al Castillo de Chapultepec, los alinearon. Esperaron a que la bandera estadounidense subiera sobre la fortaleza. Y justo cuando el estandarte tocó el cielo, jalaron las cuerdas.
Murieron mirando cómo caía México, sin pedir perdón. Sin bajar la cabeza. Sus últimas palabras fueron claras:
—Morimos por lo correcto.
Pero hay algo que casi nadie sabe. La noche antes de las ejecuciones, uno de ellos recibió una visita secreta. Un mensaje. Una promesa.
Y lo que ocurrió después, cambiaría la memoria de ambos países para siempre.
¿Quién fue ese visitante? ¿Qué les ofrecieron a cambio de salvar su vida? ¿Y por qué algunos nombres desaparecieron de los registros oficiales? ¿Que pasó después…?
La noche anterior a las ejecuciones, el campamento olía a sudor, pólvora húmeda y miedo contenido.
John Riley, líder del Batallón de San Patricio, estaba encadenado bajo vigilancia. La marca de hierro ardía todavía en su mejilla: una “D” de desertor que no logró doblegarlo. La hoguera iluminaba los rostros cansados de los prisioneros.
Entonces apareció un oficial estadounidense. No gritó. No insultó. Se acercó con calma.
—Aún puedes salvarte —le dijo a Riley en voz baja—Delata a quienes te convencieron. Di que te obligaron. Jura lealtad. Pide perdón y vivirás.
Riley escupió
sangre al suelo.
—No traicioné. Elegí.
El oficial se marchó con la respuesta clavada en el orgullo. A pocos metros, otros prisioneros escuchaban ofertas similares. Reducción de pena. Indulto parcial. Vida a cambio de arrepentimiento público. Ninguno aceptó.
Al amanecer, los sacaron encadenados. El sol caía sin piedad sobre el Valle de México. Los obligaron a presenciar cómo las tropas estadounidenses avanzaban hacia Chapultepec.
La orden fue cruelmente calculada: las ejecuciones debían ocurrir justo cuando la bandera de las barras y estrellas ondeara en el castillo.
Los colocaron sobre carretas, con la soga al cuello. Algunos apenas podían mantenerse en pie. Otros rezaban en gaélico. Uno comenzó a cantar una vieja balada irlandesa; otro lo siguió. Los soldados mexicanos prisioneros miraban con lágrimas en los ojos.
Cuando la bandera estadounidense comenzó a subir lentamente por el mástil, un tambor redobló. El oficial levantó la mano. El viento infló la tela. Y en el instante exacto en que alcanzó la cima… Las carretas fueron empujadas.
Cincuenta cuerpos quedaron suspendidos. Algunos murieron rápido. Otros lucharon contra la asfixia durante minutos eternos. El silencio fue espeso. Incluso algunos soldados estadounidenses apartaron la mirada.
No hubo
discursos finales. No hubo ceremonias.
Solo dignidad colgando del aire.
John Riley no fue ahorcado. Su deserción había ocurrido antes de la declaración oficial de guerra, lo que lo salvó de la horca.
En su lugar recibió 59 latigazos públicos. Uno por cada hombre ejecutado ese día, susurraban algunos.
Cada golpe desgarró su espalda. No gritó. Después fue liberado. Caminó entre ruinas, entre cenizas, entre un país herido.
México cayó oficialmente poco después. El tratado de Guadalupe Hidalgo arrancó más de la mitad del territorio mexicano. El mapa cambió para siempre.
Pero los nombres de los San Patricios no se borraron en el corazón del pueblo.
En los años siguientes, México levantó monumentos en su honor. Sus nombres fueron inscritos en placas de mármol. Cada 12 de septiembre se les recuerda.
En Irlanda también se canta su historia. Porque no pelearon por una bandera de nacimiento. Pelearon por una causa que sintieron justa.
Muchos historiadores estadounidenses los llamaron traidores durante décadas. Pero en México fueron reconocidos como héroes extranjeros que eligieron la dignidad.
John Riley desapareció de los registros después de la guerra. Algunos dicen que murió en Veracruz. Otros que regresó a Irlanda. Otros que vivió discretamente en México, lejos de la fama.
Nadie lo sabe con certeza. Lo que sí se sabe es esto: Cuando muchos huyeron, ellos cruzaron el río en sentido contrario. Cuando muchos eligieron sobrevivir, ellos eligieron creer. Cuando todo parecía perdido, ellos dispararon una vez más.
No nacieron mexicanos. Se hicieron mexicanos con sangre. Y mientras haya alguien que recuerde su historia, mientras alguien pronuncie el nombre “San Patricio” con respeto, mientras una bandera verde ondee junto a la mexicana cada septiembre, no serán olvidados.
Porque hay
derrotas que valen más que mil victorias. Y hay hombres que, al morir de pie,
enseñan a los pueblos a no vivir de rodillas.
https://notiredmerida.com/2026/02/16/el-batallon-de-san-patricio-martires-de-la-patria/
CUANDO SETECIENTOS CUARENTA NIÑOS FUERON EMPUJADOS AL MAR PARA MORIR EN SILENCIO, EL MUNDO ENTERO MIRÓ HACIA OTRO LADO.
Cuando setecientos cuarenta niños fueron empujados al mar para morir en silencio, el mundo entero miró hacia otro lado.





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