7 de diciembre de 2019

EL ORGULLO DE DECIR “SOY INDÍGENA”

Foto: Lulú Urdapilleta (@lulurdapilleta)

Desde hace casi una década, Nadia López García escribe poemas y canciones de rap con el objetivo de eliminar la discriminación, al tiempo que es activista a favor de los derechos de las mujeres
Las familias guardan secretos. A Nadia López García le tomó 15 años darse cuenta de que su madre hablaba mixteco a escondidas para evitar que la joven sufriera algún caso de discriminación por ser hija de indígenas.
Once años después de aquel hallazgo, Nadia aprovechó la herencia en vida que le hizo su madre para crear un universo de letras —expresadas en poemas o en canciones de rap— para convertirse en una protectora de la lengua mixteca y hacer activismo a favor de mujeres y niños.
Sin embargo, ser poeta y escritora en lengua indígena tiene un reto muy particular: hacer que las personas escuchen, lean y se interesen por lo que esta joven hace.
“Podemos escribir, pero en la ciudad pocas personas hablan la lengua y a todos les llega la versión en español. A eso agrégale que muchos de quienes hablan no leen ni escriben; entonces, el reto de no dejar morir esa forma de ver la vida a través de las palabras es mayor”, dice.
Apenas en octubre pasado, Nadia, licenciada en Pedagogía por la UNAM, se hizo escuchar más al ganar el Premio Nacional de la Juventud 2018 gracias a su trabajo con indígenas que viven en la Ciudad de México y por dar clases de mixteco a niños con el fin de que las tradiciones y lengua de su pueblo no desaparezcan.
El día que recogió el premio, Nadia llegó con una falda que sus tías le hicieron, una blusa que bordó su abuela y un rebozo que su mamá le regaló. Se paró frente a autoridades federales y dijo “ser joven es resistir, pero ser joven indígena es resistir doblemente”.
El inicio de la resistencia
Nadia considera que su historia de vida es un desafío al futuro. Hija de jornaleros, la ahora joven de 26 años de edad pasó su infancia trabajando en sembradíos.
Ya en la adolescencia, Nadia se enamoró de la obra de Rosario Castellanos y, luego de enterarse que la escritora mexicana estudió Filosofía y Letras en la UNAM, decidió probar suerte y presentó el examen de admisión a la máxima casa de estudios, donde fue aceptada y se convirtió en la primera mujer de su familia en estudiar la universidad.
“Muchos nacemos sin ninguna posibilidad, llegamos a lugares alejados, sin papás que tengan una carrera universitaria, sin tíos que puedan ayudarnos económicamente. Pareciera que nacimos y hay un cierto tope al que debemos llegar”, recuerda la joven, quien consiguió una beca para estudiantes indígenas, al tiempo que vendió dulces, trabajó como mesera y lavó ropa ajena para sostener su estancia en la capital del país, a donde llegó con solo cinco mil pesos en la bolsa.
Redes contra la discriminación
Una vez instalada en la Ciudad de México, Nadia se percató de que los indígenas que viven en la urbe acostumbran tejer redes entre ellos, porque eso es lo único que puede hacerlos sentir cerca de sus tierras y de las familias que ya no ven.
“Aquí no nos unimos para los casamientos. Nos unimos porque nos damos cuenta de que aquí es donde más se discrimina, donde están los casos de racismo y exclusión, es aquí donde te enfrentas a los otros que te señalan porque no eres como ellos”, menciona.
Además, Nadia ha padecido el racismo en su vida cotidiana, desde miradas o cuchicheos en las calles cuando la ven con ropa tradicional o la escuchan hablar mixteco, hasta la discriminación en eventos culturales, en los que los ponentes se sienten “incómodos” por compartir mesa con ella o la cuestionan para ver si es que entiende lo que discuten.
También ha enfrentado resistencia a todo tipo de textos en lenguas indígenas. “Me dicen ‘se escucha bonito’, pero no se interesan más. Aquí no se hace crítica literaria en lenguas”, sostiene.
Su labor como activista
Nadia López García puede presumir el Premio a la Creación Literaria en Lenguas Originarias Cenzontle 2017, obtenido gracias al libro Ñu’ú Vixo/Tierramojada, un poemario con 15 piezas en español y mixteco que tratan el tema de la mujer, su erotismo, la migración y las ausencias.
“Las mujeres de mi cultura no tocan el tema erótico ni la sexualidad, eso tiene que ver con el machismo, pero más con un miedo a expresarse con el cuerpo. Yo quise romper con eso”, asegura.
Además, Nadia compone rap en mixteco, vende mezcal, participa en recitales, da charlas a mujeres indígenas e imparte talleres para niños. Está convencida de que esos esfuerzos pueden hacer niños más conscientes sobre la diversidad cultural y lingüística de México, donde tenemos 68 lenguas indígenas y 364 formas diferentes de interpretarlas.
En ese contexto, recibió, de manos de Enrique Peña Nieto el Premio Nacional de la Juventud 2018, donde sentenció: “Soy Nadia, hija de una mujer que fue monolingüe hasta los 15 años y que no concluyó su educación primaria, porque no podía hablar en español. Una mujer que recibió castigos por hablar y pensar en la lengua mixteca.
“Soy mujer, soy indígena, soy migrante y soy joven, quizá todas las características que dolorosamente presagian un futuro poco alentador”, subraya. “Estamos aquí diciéndole a México: sí se puede (…) Soñemos juntos en distintas lenguas, por un México más justo, más libre y más incluyente”.
Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.

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