Era una generación que todavía cargaba con el recuerdo de la matanza de 1968 en Tlatelolco, pero que se negaba a quedarse callada. El 10 de junio de 1971, miles de jóvenes comenzaron a marchar por la Ciudad de México. Pedían reformas educativas, más presupuesto y libertad para presos políticos. El gobierno mexicano ej3cutó a 225 estudiantes ese día.
Mientras disparaban contra los manifestantes, los paramilitares gritaban vivas al Che Guevara. Era el 10 de junio de 1971, Jueves de Corpus, y el grupo de choque llamado Los Halcones, entrenado por la Dirección Federal de Seguridad y la CIA, fue soltado contra una marcha de entre 8 mil y 10 mil personas en la Ciudad de México. Ocho años después, el propio regente capitalino Alfonso Martínez Domínguez declaró a Proceso que la mat4nza la preparó el presidente Luis Echeverría para escarmentar a la izquierda y, de paso, deshacerse de él.
La prensa oficial habló de 16 mu3rtos, se publicó una lista de 27 nombres y 13 cuerpos sin identificar, la investigadora Ángeles Magdaleno documentó 32, la UNAM sostiene más de 120 y estimaciones no oficiales llegan a 225. Las víctimas tenían entre 14 y 22 años. Entre ellas, Jorge Callejas Contreras, de catorce.
Los heridos fueron trasladados al hospital Rubén Leñero y a la Cruz Verde, y hasta ahí llegaron los Halcones: entraron a urgencias, intimidaron a médicos y enfermeras, y rematar0n a los jóvenes dentro de los quirófanos. La persecución se extendió esa noche a diez colonias vecinas: Santa Julia, Atlampa, San Rafael, Santa María la Ribera, entre otras.
¿Quiénes eran? Entre 400 y mil hombres, según la fuente. Exsoldados, expolicías, boxeadores, luchadores, porros universitarios y pandilleros excarcelados a cambio de un sueldo mayor. Algunos dispararon como franc0tiradores desde azoteas, con calibre 45 y carabinas M-2. Se entrenaban en un campo en San Juan de Aragón que fue desmantelado tras los hechos. Su jefe operativo, el coronel Manuel Díaz Escobar, fue enviado a Chile en 1973, donde según el Canal 6 de Julio colaboró con la policía secreta de Pinochet, y al volver fue ascendido a general de brigada.
Nadie pisó la cárcel. Echeverría negó todo, aceptó las renuncias de Martínez Domínguez el 15 de junio y del procurador Julio Sánchez Vargas, y en 2002 se convirtió en el primer expresidente citado a declarar ante la justicia mexicana. Fue exonerado del Halconazo en 2005 y de Tlatelolco en 2009. Murió libre, a los 100 años. Y la respuesta juvenil a esa impunidad fue una veintena de guerrillas, incluida la Liga Comunista 23 de septiembre.

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