Laura Inés Miyara
LA VOZ DE LA SALUD
SALUD MENTAL
El experto explica que la consciencia
es la condición que le aporta a nuestro cerebro una flexibilidad para actuar en
situaciones imprevistas que ningún otro animal o máquina posee
28 dic 2025.
Si tuviéramos que explicarle a un ser de otro planeta cómo sabemos que estamos conscientes, probablemente, acabaríamos por utilizar aquella antigua máxima aplicada originalmente a la pornografía: no la podríamos definir, pero la identificamos fácilmente cuando estamos ante ella. Pero si bien delimitar los bordes de la consciencia puede ser más difícil de lo que parece a priori, los neurocientíficos llevan décadas estudiando justamente eso. Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología en el Instituto de Neurociencias y en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, es uno de los expertos más prestigiosos en esta área. En su nuevo libro, El espejo de la imaginación, editado este año por Ariel, nos propone reflexionar acerca de la mente y sus procesos que, consciente e inconscientemente, configuran nuestro mundo.
—¿Qué es, en términos científicos, la mente?
—La mente es un conjunto de procesos cerebrales como percibir, sentir, aprender, recordar, olvidar, dormir o emocionarnos. Todos estos pueden darse de forma inconsciente. Por ejemplo, cuando conducimos un coche lo podemos hacer de manera automática, es decir, inconsciente, o de manera consciente. Cuando explicamos nuestras experiencias personales, nuestros conocimientos, las cosas que nos han pasado, lo estamos haciendo de manera consciente.
—¿Y qué es la consciencia?
—Su naturaleza íntima no la conocemos. Podemos decir que es un estado de la mente que desaparece cuando nos anestesian en un quirófano o, de manera cotidiana, cuando dormimos sin soñar. Pero puede que nunca lleguemos a saber cómo el cerebro produce la consciencia. Digo esto sin que sea demasiado importante el que no lo lleguemos a saber.
—¿Por qué?
—Porque lo que nos podría interesar es despertarle la consciencia a alguien que ha tenido un accidente y está inconsciente en el hospital. Aunque no conozcamos su naturaleza íntima, a lo mejor podremos activar, con medicación o con otro tratamiento, las partes del cerebro que hacen posible la conciencia para que esa persona pueda recuperarla.
—¿En qué parte del cerebro está alojada la consciencia?
—Yo no hablaría de que la consciencia está alojada. Cuando una rueda se mueve, tú no dirías que el movimiento está en la rueda o en una parte de ella, porque el movimiento es algo que la rueda hace, no que está en ella. Lo mismo ocurre con la mente: no está en el cerebro, es algo que este hace. Ahora bien, la parte del cerebro que hace posible la consciencia, según las mejores teorías que tenemos, parece indicar que radica sobre todo en las zonas posteriores: los lóbulos parietal, occipital y temporal. Curiosamente, la parte anterior del cerebro, la prefrontal, que es la parte más desarrollada, no parece intervenir en la conciencia. Un individuo que ha tenido un accidente y tiene lesionada esa parte puede seguir siendo consciente.
Emiliano Bruner es investigador del
CSIC.
Emiliano Bruner, investigador en
enfermedades neurológicas: «Nuestro cerebro es un motor Ferrari dentro de un
Seat»
—¿Cómo se crean los pensamientos en el cerebro?
—El cerebro humano tiene unas 86.000 millones de neuronas interconectadas de forma muy compleja. Cada neurona puede conectarse con más de 6.000 otras en algunos casos. Este complejo entramado es lo que nos permite pensar y razonar. Los pensamientos son una actividad consciente del cerebro, es decir, requieren consciencia. No hay pensamiento inconsciente. No está entre las tareas inconscientes que el cerebro realiza, que son muchísimas, desde la memoria y el aprendizaje hasta dormir. Los pensamientos son una actividad del cerebro dirigida por la parte anterior, llamada corteza prefrontal, que es una región del órgano que solo tenemos desarrollado hasta este punto los humanos. Es el director de la orquesta, por así decirlo. Esta parte del cerebro busca en otros lugares donde están almacenados los recuerdos para combinarlos, procesarlos y hacernos razonar sobre ellos.
—¿Qué ocurre en nuestro cerebro durante el sueño?
—El sueño es un proceso extraordinariamente complejo de nuestro cerebro en el que ocurren muchísimas cosas. El cerebro no descansa nunca, las neuronas nunca se paran. Incluso es mentira eso que se dice a veces de que solo usamos un 10 % de nuestro cerebro. Todo el cerebro, con mayor o menor intensidad cada parte, está trabajando continuamente. Y lo hace también mientras dormimos. En el sueño se está realizando un trabajo no solo de consolidación de los recuerdos y de la información que hemos aprendido durante el día, sino también un trabajo creativo. Se están organizando muchas relaciones entre las cosas que hemos aprendido, de tal manera que cuando despertamos nos podemos encontrar con que en nuestra mente consciente aparece la solución a algunos problemas que andábamos buscando durante el día y no éramos capaces de solucionarlos.
—¿El inconsciente es la parte desinhibida de nuestro ser que describen las teorías de Freud y Lacan?
—No. La mayor parte del trabajo que realiza nuestro cerebro lo hace de manera automática e inconsciente, pero este inconsciente no es algo que esté dentro de nuestro cerebro y que tome decisiones o genere pensamientos al margen de nosotros, de manera independiente. No es una parte de nuestro cerebro que nos manipula. En absoluto. Lo que ocurre es que el inconsciente y la creatividad siempre se basan en elementos que conscientemente hemos aprendido o adquirido de manera consciente.
—¿Cómo funciona la memoria?
—El cerebro no retiene en los sistemas de memoria todo lo que aprendemos durante el día, porque si así fuera, nuestra mente se llenaría enseguida de información irrelevante. Solamente retiene aquella información que tiene para nosotros especial sentido, particularmente aquella que nos ha emocionado, tanto positiva como negativamente. Es decir, no solo recordamos mejor un beso o el nacimiento del primer hijo, sino también el día que tuvimos un accidente o el día que nos pasó algo terrible. Porque el cerebro está preparado precisamente para no volver a tropezar con la misma piedra, para perseguir lo que nos ha gustado y huir de aquello que nos ha creado problemas.
—¿Qué rol tiene el resto del cuerpo, más allá del cerebro, en la consciencia?
—El resto del cuerpo almacena muchísima información de manera inconsciente. Solo se hace consciente gracias a procesos cerebrales. Nosotros podemos coger un vaso con la mano y sentimos la mano que toca el vaso, pero es en el cerebro donde se está produciendo la conciencia de tocar el vaso. La prueba de ello es que una persona que ha perdido una mano puede seguir sintiéndola, tocar cosas después de haberla perdido y sentir incluso dolor o tacto en esa mano. Porque las neuronas que captaban la información de esa mano siguen funcionando, creando esa sensación de que todavía existe esa extremidad.
—¿Qué ventajas evolutivas nos da el tener una consciencia?
—Nos sirve para relacionarnos con el mundo de manera más perfecta que si lo hiciéramos de modo inconsciente. Un coche automático inconsciente podría tener menos accidentes y menos problemas que el conductor consciente. Pero lo que la conciencia le da al cerebro humano, a diferencia de una máquina, es flexibilidad. Una máquina puede tener previstas diez millones de circunstancias para reaccionar a ellas, pero la número diez millones y uno, no. La consciencia le permite al cerebro una flexibilidad de actuación, de evitar errores, que ni la más sofisticada de las máquinas o animales puede tener.
—¿Se puede llegar a crear una consciencia artificial?
—Hoy por hoy no hemos sido capaces de crear ningún programa que tú le puedas aplicar a una máquina para que sea consciente. La conciencia no puede ser computada, nuestra teoría es que es una propiedad intrínseca del sistema. Viene de serie de un órgano extraordinariamente complejo como el cerebro humano. Un sistema con ese grado de complejidad automáticamente es consciente. La conciencia surge de la complejidad del sistema, no de la aplicación de un programa. Si fuéramos capaces de fabricar un sistema tan complejo como el cerebro humano, un sistema artificial tan complejo como el cerebro humano, la consciencia brotaría de ese sistema de la misma forma que lo hace de nuestro cerebro.
Laura Inés Miyara
Redactora de La Voz de La Salud,
periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en
Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me
trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística
e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud
mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia,
y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos
difíciles.
La voz de galicia

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