3 de octubre de 2017

LA TRAGEDIA POBLANA: POBRES, SIN CASA, EMPAPADOS Y OLVIDADOS POR LA AUTORIDAD

POR GABRIELA HERNÁNDEZ , 3 OCTUBRE, 2017

En el estado de Puebla la tragedia se recrudece… Damnificados de numerosos municipios denuncian que los tres niveles de gobierno los tienen en el abandono. En Coatzingo, por ejemplo, los pobladores, que de por sí ya vivían en la pobreza y ahora perdieron su techo, duermen a cielo descubierto, usando lonas para resguardarse. Y afirman estar dispuestos a levantar sus casas con la basura que encuentren. Entre tanto, el apoyo que les brindan de los voluntarios comienza a escasear y temen una contingencia sanitaria derivada de las terribles condiciones en las que viven.

COATZINGO, PUE. (Proceso).- Desde el día del terremoto, el 19 de septiembre, Pedro Margarito Miranda y su hijo Erasmo duermen en sillas que colocaron sobre la banqueta de su ahora inexistente casa. Para cubrirse de la lluvia, que para colmo no ha cesado en los últimos días, usan una lona publicitaria que también les sirve de cobija.
Como en el caso de miles de pobladores de la mixteca poblana, la vida de la familia Miranda –de 13 integrantes– se ha tornado más dura de lo que ya era en esta región, una de las más marginadas de Puebla.
En la ranchería de Zaragoza, ubicada en Coatzingo, y en los 110 municipios del estado afectados por el sismo de 7.1 grados Richter, la lluvia agrava la emergencia que viven las familias que se quedaron sin vivienda.
Los pobladores aseguran que aquí las réplicas del sismo no han dejado de sentirse, por lo que todos los días entran en pánico. Después del terremoto lo único que les quedó fueron cobijas y plásticos para improvisar techos, pero éstos resultaron insuficientes ante los aguaceros. El de la tarde del 27 de septiembre, por ejemplo, tuvo características de tromba.
De no ser por las brigadas de voluntarios que les han llevado lonas y casas de campaña, y que se han ofrecido para la remoción de escombros, la situación de los pobladores sería aún más dramática, pues denuncian que ninguna autoridad gubernamental los atiende para recuperar un techo.
Víctor Vargas, quien junto con otros pobladores de Izúcar de Matamoros ha recorrido la región para entregar apoyos, advierte que la falta de acciones del gobierno podría generar una contingencia de salud, pues la mayoría de los damnificados subsisten prácticamente en la intemperie bajo condiciones climatológicas adversas.
Cobran por fotos de escombros
En Zaragoza, donde más de 90% de las casas quedaron inhabitables, se abrió un albergue, pero el lugar ha sido ocupado como centro de acopio. Además, como en el resto de las localidades, los damnificados se niegan a alejarse de las pocas pertenencias que les quedan y que han tratado de proteger de la lluvia y de la delincuencia que, dicen, se ha incrementado en estos días.
Según el censo de daños, que aún no concluye el gobierno estatal, las casas afectadas por el terremoto de 7.1 grados, con epicentro entre los límites de este estado y el de Morelos, suman ya 22 mil, de las cuales casi 4 mil requieren ser demolidas.
“Veinte años duré para construir mi casita, pa que en siete segundos se acabara todo”, resume con tristeza Pedro Margarito, quien cuenta que ha pagado 175 pesos a personas que tomaron fotos de los escombros de su vivienda bajo la advertencia de que era “requisito” para que recibiera los apoyos del Fondo Nacional de Desastres (Fonden).
Lo anterior, aseguró, es el único indicio que ha tenido de alguien que dijo representar al gobierno y que visitó esta localidad de 450 habitantes.
Miranda también cuenta que el canal de riego del que depende esa zona agrícola donde trabajaba como jornalero quedó destruido luego de que le cayó un cerro.
“Esto se va a poner cada vez peor. Las ayudas de la gente van a dejar de llegar y entonces ¿qué va a ser de nosotros?”, dice alarmado.
Y parte de esto ya es notorio. En la última semana el tráfico en las carreteras de Puebla se normalizó. El 24 de septiembre dejó de estar congestionada la zona, que estaba abarrotada de brigadas de voluntarios.
Mientras tanto, en Zaragoza, las escenas son estremecedoras a cada paso. Una jovencita, Carmen de la Cruz, se refugia en una pequeña casa de campaña con su bebé, al que dio a luz justo el 19 de septiembre a la una de la tarde. “Nació él y luego, lueguito, fue el terremoto”, relata.
En otro caso, una mujer resultó lesionada de la columna vertebral cuando un refrigerador se le vino encima. Ahora sus tres hijas, de siete, nueve y 11 años, se hacen cargo de un bebé y de la subsistencia de la familia.
María Eufrosina Muñoz, una anciana cuyas atrofiadas piernas no le permiten ponerse de pie, debe arrastrarse por el piso de su vivienda. Así, a rastras, cuenta que se la ha pasado sacando pequeños pedazos de escombro que caen de su techo. “Son cosas que Diosito nos manda”, dice resignada.
“Levantaré mi casa con basura”
La mañana del 28 de septiembre un grupo de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, de las universidades Autónoma Metropolitana (UAM) y Autónoma de Puebla ayudaban a los pobladores en labores de remoción de escombros. Un camión de la línea Flecha Roja los llevó gratuitamente y hasta el conductor de la unidad se puso a ayudar.
Doña Ninfa Barrales, a quien los jóvenes la apoyaron para levantar un techo provisional, dice que si la ayuda del gobierno no llega volverá a levantar su casa con “basura”, con zacate del monte para sus techos, porque eso no cuesta, dice.
Saúl, un voluntario que prefiere omitir sus apellidos, afirma que historias como la de Zaragoza se repiten en otras comunidades afectadas en las que ha prestado su ayuda: las autoridades estatales y federales –incluso el Ejército y la Marina– no han sido capaces siquiera de informar y organizar lo relativo a las necesidades de la población.
“Ya no hacen falta alimentos; lo que ahora necesitan las comunidades son lonas, casas de campaña, polines, herramientas y mano de obra”, aclara.
La ayuda que no llega
En la comunidad de Chietla, en la misma región mixteca, Roberto Gazcón, cuya casa, ubicada en las calles Victoria y Porfirio Díaz, resultó dañada, cuestiona los apoyos que salen en la televisión sobre donaciones de artistas, deportistas, empresas y hasta de gobiernos de otros países.
“No vemos dónde se está quedando todo ese recurso, porque es un hecho que no es en las manos de la gente afectada, y seguramente los que se van a beneficiar serán otros”, denuncia.
Lo mismo considera Víctor Vargas, integrante de los Caballeros de Santiago Apóstol, grupo formado a partir de la emergencia para ayudar a las comunidades: asegura que los gobiernos municipales, estatal y federal están dejando sola a la población damnificada, que ya desde antes del terremoto era muy vulnerable por las condiciones de pobreza que prevalecen en la región.
“Los recursos del Fonden (Fondo de Desastres Naturales) van a tardar y el gobierno no está tomando en cuenta que esta gente no tiene dinero para resolver la urgencia de hacerse de un techo”, insiste.
Además, Vargas señala que en la mayoría de las localidades que han recorrido los escenarios se repiten: los pobladores acusan a sus autoridades de acaparar la ayuda para sus familias y allegados. En otras ocasiones, los damnificados denuncian que sus gobernantes guardan los apoyos en bodegas con fines electorales.
Gilberto Maldonado, líder del Movimiento Magisterial Democrático, quien también ha recorrido la región mixteca con apoyos, sostiene que el gobierno tampoco ha instalado aulas móviles para reiniciar las clases en los poblados afectados. Dice que algunos padres de familia cooperan con lo que pueden, que es muy poco, para comprar lonas con tal de que sus hijos no pierdan más clases.
“Ya hay acusaciones de que están haciendo su guardadito. En todos los municipios se repiten las denuncias y quejas de que las autoridades municipales, en complicidad con el gobierno estatal, cuidan sus intereses políticos rumbo al proceso electoral que se avecina”, refiere.
Moreno Valle, mal constructor
Entre los reclamos también están aquellos que señalan directamente al gobernador panista Antonio Gali Fayad. Maldonado menciona que los damnificados acusan al mandatario de dedicarse a recorrer los municipios afectados sólo “para tomarse la foto”.
El 20 de septiembre, en el municipio de Metepec, fue captado en video cuando le exige a uno de sus colaboradores que impida el acercamiento de personas que le presentan quejas por la falta de atención a los damnificados. “¿A los negativos por qué no los quitas, eh?”, dijo Gali.
Además, el actual gobierno estatal panista ha sido cuestionado por la falta de transparencia en la contratación del seguro contra desastres naturales. Si bien el secretario general de Gobierno, Diódoro Carrasco, ha informado que hay un contrato con Banorte por daños hasta por 30 millones de dólares, la póliza no se ha hecho pública.
También el terremoto del pasado 19 de septiembre sacó a relucir la mala calidad de la obra pública que hizo el exgobernador Rafael Moreno Valle, quien ahora se promueve como aspirante a la Presidencia de la República. Han resultado dañadas edificaciones como la Casa de la Música de Viena y los museos del Títere, el de la Música Mexicana y el Infantil, que durante el sexenio morenovallista se inauguraron con una inversión en conjunto de 266 millones de pesos.
De igual manera ocurrió con otras obras: el Complejo Médico Gonzalo Río Arronte, en el que se invirtieron 326 millones; la Casa de Justicia de Chiautla, que costó 23.6 millones; el Centro Integral de Servicios de Tehuacán, de 300 millones, y el Hospital del Niño Poblano, de 525 millones de pesos.
Mención aparte merece el hospital de Izúcar de Matamoros, donde el gobierno de Mario Marín invirtió 250 millones y el de Moreno Valle 75 millones más, que corre el riesgo de ser demolido por tener afectaciones estructurales.
Al respecto, Gali dio a conocer el 29 de septiembre que la reconstrucción total de infraestructura y vivienda dañada en Puebla requerirá alrededor de 3 mil millones de pesos, pero advirtió que su administración sólo cuenta con 678 millones para iniciar los trabajos que, ofreció, se realizarán con transparencia.

Este reportaje se publicó el 1 de octubre de 2017 en la edición 2135 de la revista Proceso.

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