Sin embargo, detrás de esta llamada nueva izquierda poco parece haber renovación ideológica. Lo que se observa es el reciclaje de personajes que, lejos de mantenerse fieles a una identidad partidista, transitan entre distintas fuerzas políticas de acuerdo con sus intereses y posibilidades de acceder al poder.
El fenómeno exhibe una de las prácticas más cuestionadas de la política mexicana: cambiar de siglas sin cambiar las formas, las lealtades ni las ambiciones. Hoy, integrantes del equipo de Leticia López Landero aparecen vinculados a distintas fuerzas políticas, entre ellas el PT, en una estrategia que despierta cuestionamientos sobre la congruencia de quienes ahora buscan presentarse como una alternativa renovadora.
En Córdoba, el pasado no se borra cambiando de partido. La administración municipal encabezada por Leticia López Landero durante el periodo 2017-2021 continúa siendo un referente obligado en el debate público sobre el manejo de los recursos municipales y las responsabilidades de quienes estuvieron al frente del Ayuntamiento.
Los señalamientos sobre presuntas irregularidades en aquella gestión y el papel de los organismos fiscalizadores, incluido el Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz (ORFIS), forman parte de una discusión que exige claridad, rendición de cuentas y resultados verificables. Cualquier responsabilidad administrativa o penal, desde luego, debe acreditarse por las vías legales correspondientes.
Por eso, el regreso de sus antiguos colaboradores al escenario político no puede pasar inadvertido. Los ciudadanos tienen derecho a preguntar qué cambió, cuáles son sus nuevas propuestas y qué garantías ofrecen de que no repetirán las prácticas que tanto se han cuestionado de administraciones anteriores.
La paradoja es evidente: mientras los partidos hablan de transformación, renovación y compromiso con el pueblo, en Córdoba resurgen viejos grupos que buscan acomodarse bajo nuevas banderas. El PT enfrenta así el desafío de demostrar si realmente apuesta por cuadros distintos y un proyecto propio, o si termina convertido en refugio para políticos que buscan prolongar su influencia.
Porque cambiar
de partido no significa cambiar de historia. Y cuando los mismos personajes
reaparecen con un discurso distinto, la pregunta es inevitable: ¿se trata de
una verdadera renovación política o simplemente de una nueva oportunidad para
seguir viviendo del poder?

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