27 de diciembre de 2018

TRAGEDIA Y BARBARIE MORAL


El pasado lunes, a unas horas de Nochebuena, la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso, y su esposo y antecesor en el cargo, el senador Rafael Moreno Valle, perdieron la vida junto con otras tres personas –el piloto Roberto Coppe Obregón, el copiloto Marco Antonio Tavera y el asistente Héctor Baltazar Mendoza– cuando el helicóptero rentado en el que viajaban a Ciudad de México se precipitó a tierra en el municipio poblano de Santa María Coronango, poco después de haber despegado de la Angelópolis.

Las causas del trágico accidente no han sido esclarecidas y es posible que la investigación correspondiente tome algún tiempo, como es habitual en esta clase de sucesos, aunque el gobierno de Andrés Manuel López Obrador reaccionó con rapidez al anunciar una investigación exhaustiva del percance, señalamiento que fue refrendado por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el titular de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo.
Con algunas excepciones, el conjunto de la clase política, independientemente de partidos e ideologías, se sumó a las muestras de consternación y de solidaridad con los familiares de los fallecidos.
La tragedia tuvo dos insoslayables elementos de contexto: por una parte, la polarización política que ha imperado en Puebla tras el conflicto poselectoral que se desarrolló en la entidad luego de los comicios de julio pasado y las impugnaciones al triunfo de Alonso, que a la postre fue ratificado en última instancia por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; por la otra, la crisis del auge delictivo que se registra en el territorio poblano, en donde ha sentado sus reales el robo y el trasiego de combustibles.
Ninguno de esos factores justifica, sin embargo, la andanada de especulaciones, rumores, informaciones falsas y groseras difamaciones que han proliferado en el ámbito de la oposición al actual gobierno federal. Los intentos por capitalizar políticamente la tragedia cundieron en las redes sociales, y no sólo por parte de usuarios reales y de cuentas falsas –los llamados bots– sino también por comentócratas y autodenominados informadores que han hecho de la desinformación su modo de vida. La insidia y la especulación fueron incluso rubricadas en Twitter por firmas no exentas de credibilidad, ya fuera para señalar una supuesta vinculación entre el accidente aéreo y la operación de grupos delictivos en Puebla sino, aun más deplorable, para sugerir o afirmar que Alonso y Moreno Valle habrían sido asesinados por sus adversarios políticos.
Se evidencia de esta forma la pobreza moral en que han caído sectores de la oposición, incapaces de procesar el triunfo de López Obrador en las urnas el pasado primero de julio y el arranque de su gobierno, el primer día de este mes, e imposibilitados incluso para articular un discurso crítico mínimamente serio y fundamentado. Se exhibe, además, la asombrosa mezquindad de quienes están dispuestos a aprovechar la lamentable pérdida de vidas humanas para atacar un proyecto de gobierno y de nación con el que se puede estar de acuerdo, o no, pero que ha sido impulsado en una lucha de muchos años por los cauces legales, pacíficos y democráticos.
Los fallecidos en el percance del 24 de diciembre y sus familiares merecen respeto y Puebla y el país requiere debates de altura, no infundios y desinformación. En estas circunstancias trágicas, es lamentable e inadmisible que algunos se empeñen en intoxicar a la opinión pública con rumores, insidias y calumnias.

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