2 de enero de 2020

MALVA MARINA, HIJA DE PABLO NERUDA


Carta en Respuesta a la crónica de el diarío El Mundo
Por Darío Oses, Director Biblioteca Fundación Pablo Neruda

Sr. Director
Diario El Mundo
Madrid

De mi consideración: hemos leído, en la edición digital del diario El mundo, la crónica “La hija madrileña a la que Pablo Neruda abandonó…”, de Paco Riego, que reseña la novela de Hagar Peeters, sobre Malva Marina Reyes, única hija del poeta Pablo Neruda.

Nos parece necesario, hacer algunos comentarios sobre esta crónica.

1.- En sus inicios, esta dice: “Han pasado 84 años y Peeters sacude el manto de misterio que durante ocho décadas cubrió la vida de esta niña con hidrocefalia, Malva Marina, ocultada y repudiada por su propio padre, uno de los más grandes poetas de la historia.”

Esto es falso. Peeters no ha sacudido ningún “manto de misterio”. En su biografía, Neruda, publicada en 1984, Volodia Teitelboim le dedica cuatro páginas a Malva Marina. En Pablo Neruda: los caminos del mundo, de 2001, Edmundo Olivares dedica un capítulo a la niña. David Shidlowsky, también aborda el tema, en Las furias y las penas, Pablo Neruda y su tiempo, (2003), y Bernardo Reyes, escribe un extenso estudio, titulado El enigma de Malva Marina, que se publica el 2007.

El año 2004, en que se conmemoró el centenario de Neruda, la dramaturga Flavia Radrigán estrenó su obra Un ser perfectamente ridículo, puesta en escena por el Teatro de la Universidad de Chile, que desata una cantidad de repetitivas críticas entre otros, del periodista y abogado de ultraderecha, Hermógenes Pérez de Arce, quien escribe: “Su mujer legítima, Antonieta Hagenaar, tuvo una hija enferma de hidrocefalia. Ambas fueron abandonadas por el vate, quedando en la pobreza”. En tanto el escritor Enrique Lafourcade anotaba: “Malva Marina murió a los nueve años. El poeta de la humanidad – que hoy celebramos en forma delirante – declinó volver a verla… Se negó a asistir a los funerales de la niña…”

El mismo año 2004, se encuentra la tumba de Malva Marina, en un cementerio de Gouda, y se publican las primeras fotos de la niña.

2.- En vuestra crónica se habla reiteradamente de una “Malva Marina, ocultada y repudiada por su propio padre”, y del “rechazo” de Neruda por su propia hija.

Advertimos aquí una clara intencionalidad: se usan testimonios, como los del poeta Vicente Aleixandre, que muestran a un Neruda lleno de ternura hacia su hija, o una carta del mismo poeta a su amiga argentina Sara Tornú, en la que le relata su angustia por la enfermedad de la niña, y sus desvelos por el cuidado de ella, como una especie de enajenación del poeta. La crónica dice textualmente: “Al parecer, al comienzo Neruda no era muy consciente del alcance de la enfermedad de su hija, a la que consideró «una maravilla» al poco de nacer.” Así, sobre la base de esta conjetura y de una lectura prejuiciada de los testimonios que muestran a Neruda como un padre preocupado por su hija, se construye la imagen de este padre que al salir de su “ceguera” repudia y oculta a su propia hija.

Se omite el testimonio principal, el poema “Enfermedades en mi casa”, dedicado a la enfermedad de su hija, que es un poema de dolor, que muestra a un poeta que lejos de estar enceguecido por la vanidad paterna, está plenamente consciente de la enfermedad de su hija.

Además, un poeta que quiere ocultar a su hija, no pondría un poema dedicado a ella, en uno de sus libros más importantes, Residencia en la tierra 2, que fue el que le dio reconocimiento en España, entre sus pares de la generación del 27.

3.- En otra parte la crónica dice: “en 1936 el poeta abandona definitivamente a su mujer y a su niña para irse a vivir con la Hormiguita. Las deja casi sin dinero en Montecarlo, ciudad a la que llegan huyendo de la Guerra Civil. Maruca cruza toda Francia con su niña enferma hasta llegar a Holanda, donde se instala en la ciudad de Gouda. Madre e hija pasan hambre y penurias.”

Efectivamente Neruda sale con su mujer y con su hija de España cuando las condiciones creadas por la guerra civil hacen difícil y riesgosa la vida allí. Desde hacía tiempo el matrimonio Neruda Hagenaar estaba naufragando. De común acuerdo con su esposa, ella y Malva Marina parten a Holanda y él se va a París a trabajar en actividades anti fascistas. Neruda fue a ver a su hija la última vez que pudo hacerlo, en 1939, en el último viaje que pudo hacer a Europa, para embarcar a los republicanos españoles en el Winnipeg. Después de ese año, Holanda y prácticamente toda Europa fueron ocupadas por los nazis. Neruda se había comprometido a fondo con los movimientos antifascistas de la época. Si hubiese ido a Europa habría terminado prisionero en un campo de exterminio. Malva Marina muere en Holanda en 1943, cuando los nazis todavía eran los dueños de Europa.

Es falso que el poeta haya abandonado a su mujer y a su hija a la miseria. Está documentado por cartas de la misma Maruca Hagenaar y por documentos consulares, que el poeta nunca dejó de enviarles una mesada. Ésta, al principio era en dólares, pero la misma Maruca la solicitó en otra moneda, ya que no podía cambiar dólares en la Holanda ocupada por los nazis.

Lo que Neruda hizo, es lo que hacía en esa época, y siguen haciendo hasta hoy, la mayoría de los matrimonios que se separan: la madre se queda con los hijos, y el padre les da el dinero y los va a ver de vez en cuando. Solo que por circunstancias históricas, Neruda no podía ir a ver a su hija.


4.- La crónica incurre en errores muy gruesos, como el de afirmar que en Chile “Maria Hagenaar, embarazada, sin amigos y con un marido al que sólo ve al amanecer, se rebela. Ya no soporta más ausencias e infidelidades y quiere volver a Europa. Neruda, para aplacarla, echa mano de influyentes amigos del Gobierno y consigue que lo envíen a Madrid.”

Lo cierto es que Neruda fue destinado a Buenos Aires, donde conoce a García Lorca, luego a Barcelona, y finalmente a Madrid. Tampoco fue cónsul general, como lo señala la crónica.

El antinerudismo es ya una tradición, y como en este caso, muchas de las imágenes anti Neruda, se construyen en gran medida haciendo abstracción de las condiciones del momento, simplificando los hechos y a veces, con un sentido oportunista: el de acoplarse al ícono Neruda, mundialmente reconocido, para alcanzar alguna notoriedad.


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