24 de octubre de 2016

DUARTE PACTÓ CON ZETAS Y LUEGO CON OTRO CÁRTEL, DICE A VICE LÍDER CRIMINAL DESDE LA CLANDESTINIDAD

Por VICE News en español junio 2, 2016 -
Hay un chiste negro que cuentan los habitantes de Veracruz sobre el nombre de ese estado en el Golfo de México: se escribe con “z” porque el destino dictó que sería dominado por un grupo con esa letra.
Esa broma se repite en la capital — Xalapa-Enríquez, el nombre oficial —, en ciudades importantes como Orizaba, Coatzacoalcos, Ciudad Mendoza, Zongolica, Aculztingo, y en los lugares que tengan una zeta en su nombre, porque en algún momento la leyenda se hizo realidad: entre 2005 y 2013, el cártel de Los Zetas se convirtió en el gobierno de facto en grandes porciones del estado.

“El Sangres” posa para la cámara y, por iniciativa propia, se tapa con una sábana y apunta con sus dedos al lente. Foto: Nathaniel Janowitz, VICE News
Por Óscar Balderas y Nathaniel Janowitz
Ciudad de México, 2 de junio (SinEmbargo/VICE News).- Afuera de nuestra habitación, hay un jefe de sicarios de Los Zetas.
Los que viven en la zona centro de Veracruz saben quién es este tipo o han escuchado de él, y si está del otro lado de tu puerta, significa que en algún lugar, muy cercano a él, hay un comando de jóvenes sicarios que trabajan bajo su mando.
Él nos observó a lo lejos, desde la calle, y avanzó detrás de nosotros, manteniendo una distancia de unos 15 metros para disimular que no seguía nuestros pasos. Vio que entramos al lobby del hotel, al elevador, al pasillo en el primer piso, al cuarto y fue detrás de nosotros. A punto de entrar a la habitación, hizo una pausa, sacó un teléfono móvil de su pantalón y escribió a alguien — ¿a su superior en el cártel? ¿a los sicarios que trabajan con él? — para después abrir la puerta y cerrarla.
Ahora está adentro. Pone el seguro y con su cuerpo bloquea la entrada del pequeño cuarto de hotel barato que se renta por menos de 28 dólares al día: dos camas individuales, una silla, una televisión empotrada en la pared, un baño viejo y unas pesadas cortinas que él cierra para impedir que seamos vistos desde la calle.
‘Anteriormente fui policía ministerial y comandante municipal… [y luego] ‘me llegaron al precio’.
Ocho meses después de búsquedas, preguntas y seguir pistas, estamos frente a un mando de “la letra” activo y en su reino de violencia. Él hará una pausa en su vida asesina para responder sobre la organización criminal a la que pertenece, los cárteles rivales y el rol que juega el gobierno de Veracruz en una trama de política y crimen.
Especialmente, está aquí para responder una duda, ¿están realmente Los Zetas perdiendo presencia en su zona de mayor de influencia en México?
— Muy bien, señores, estoy listo — dice con una voz cavernosa — ¿Qué quieren saber?
Todo en él transmite dureza: su apretón de manos es como atenazar una corteza reseca y su mirada parece cargar con las decenas de muertos que tiene atorados en el alma. Incluso, sentado en la única silla de la vieja habitación, tiene una presencia intimidante. El apodo que elige no es en vano: “El Sangres”.
— ¿Cómo inició usted?, ¿cómo fue que entró a la organización?
— Fue un momento de mi vida de desesperación, aunado a lo que yo sé, a lo que yo me dediqué: anteriormente fui policía ministerial y comandante municipal. Al ver tantas injusticias, yo renuncié a mi cargo. Me hicieron unos achaques en los que yo no tuve nada que ver y no encontraba trabajo. Dijeran por ahí que ‘me llegaron al precio’ y así fue como inicié.
— Usted primero fue policía y después esto, ¿mezcló ambas actividades?
— Para nada.
— ¿En qué año es que ingresa a la organización?
— En la organización llevo ya cinco años.
— ¿Cuáles son las funciones que usted lleva a cabo?
— (Jefe de) Sicarios. Nada más.
— ¿En qué zona?
— Zona centro. Llámese Veracruz, Córdoba, Orizaba, Mendoza… a donde me manden.
— ¿Cuánto gana aproximadamente?
— Dependiendo del trabajo que vaya yo a realizar es lo que me pagan. Oscila entre unos 20 y 25.000 pesos [entre 1.000 y 1.350 dólares].
— ¿Cómo conciben ustedes al cártel?
— Ellos son una familia, mi familia es el grupo que yo manejo. Puros sicarios. Yo no me dedico a extorsionar a la gente. A mi me dicen ‘ve a tal lugar, está fulano de tal, te lo llevas y no lo quiero volver a ver’ (…) Yo sólo voy a mi trabajo. Yo (a ustedes) no les voy a robar lo que traigan en la cartera, no les voy a quitar un teléfono, yo no les voy a quitar un reloj. A mi me dicen ‘llévenselos’ y se acabó.
Los Matazetas o Cártel Jalisco Nueva Generación acusaron al anterior gobernador de Veracruz (PRI) de entregar el estado a Los Zetas. Imagen tomada de Youtube, VICE News
EL ‘DEZTINO’ DE VERACRUZ 
Hay un chiste negro que cuentan los habitantes de Veracruz sobre el nombre de ese estado en el Golfo de México: se escribe con “z” porque el destino dictó que sería dominado por un grupo con esa letra.
Esa broma se repite en la capital — Xalapa-Enríquez, el nombre oficial —, en ciudades importantes como Orizaba, Coatzacoalcos, Ciudad Mendoza, Zongolica, Aculztingo, y en los lugares que tengan una zeta en su nombre, porque en algún momento la leyenda se hizo realidad: entre 2005 y 2013, el cártel de Los Zetas se convirtió en el gobierno de facto en grandes porciones del estado.
La historia de los Zetas no es una verdad oficial, sino retazos de versiones de gobierno e investigaciones periodísticas: entre 1997 y 1999, el Cártel del Golfo, la organización criminal vigente más antigua en México, reclutó a militares de élite desertores del gobierno para convertirlos en su guardia armada. Los llamó Los Zetas y con el tiempo, tuvieron tanto poder que se independizaron de sus jefes y les disputaron el estado donde nacieron — Tamaulipas, que comparte frontera con Texas, Estados Unidos — y sus alrededores. Para 2005, “la letra” ya había invadido Veracruz, en los tiempos del gobernador Fidel Herrera, militante del Partido Revolucionario Institucional y hoy cónsul de México en Barcelona, España.
Para 2010, ya eran un poder de facto que infundía horror por sus sádicas ejecuciones, que en aquel año elevaron los homicidios a uno cada seis horas: colgar cuerpos en puentes peatonales, abandonar cabezas frente a escuelas, desmembrar mujeres, grabar sus asesinatos en video y publicarlos en línea, disolver cadáveres en ácido, secuestrar gente para luego sembrar sus cuerpos en alguna de las 144 fosas clandestinas hasta ahora reconocidas oficialmente, eran sus marcas.
En Veracruz, el crimen organizado está tan presente en la vida pública que en tres días habrá elecciones para renovar gobernador y dos de los tres candidatos punteros — los primos hermanos Miguel Ángel Yunes (PAN-PRD) y el oficialista Héctor Yunes (PRI)— se han cruzado acusaciones de lavar dinero para Los Zetas. En medio de esa guerra electoral, el expresidente mexicano Felipe Calderón afirmó que el PRI, partido en el que milita el actual gobernador Javier Duarte, entregó el estado a los cárteles de la droga.
Ese poder e impunidad con la que actuaban Los Zetas dio origen a casos como el de Fernanda Rubí, ocurrido un año después de que “El Sangres” debutó en el mundo criminal.
Gerson Quevedo fue secuestrado y desaparecido; su hermano menor y cuñado, asesinados. Todo en un mismo día de 2014, cuando el CJNG comenzó a desplazar a Los Zetas de Veracruz. Foto: Nathaniel Janowitz, VICE News

‘LOS ZETAS SE LA LLEVARON POR BONITA’ 
A Fernanda Rubí Salcedo, dicen los investigadores del gobierno, se la llevaron Los Zetas por ser bonita.
La noche del 7 de septiembre de 2012, ella y varios amigos fueron a bailar al Bulldog, un bar de moda en el municipio de Orizaba, una importante ciudad al centro de Veracruz que en los últimos dos años se había convertido en fortaleza del cártel.
Cerca de la medianoche, cuatro hombres armados entraron al bar y se dirigieron directamente hasta Rubí, una joven de 21 años de rasgos finos y figura espigada. Adentro del lugar había un centenar de clientes y afuera había seguridad privada, según recuerdan los testigos, pero nada impidió que el comando se llevara a la aspirante a chef con jalones de cabello desde la pista de baile hasta una camioneta que se perdió en la noche. Tampoco sirvió que el Bulldog estuviera a 50 metros de la comandancia de la policía municipal y a menos de medio kilómetro de una base de la policía estatal.
— Que a un narco le había gustado mi hija y por eso se la llevaron, eso me dijeron — se queja Araceli Salcedo, con un gesto amargo que no se le quita desde hace cuatro años y que se endurece aún más cuando recuerda que el gobierno le quería cobrar 990 pesos por cada manta que quisiera exhibir en la vía pública con el rostro de su hija bajo la leyenda “Desaparecida”.
Ella aún no sabe el paradero de su hija Rubí y el caso parecía olvidarse bajo la pila de 680 desapariciones en el estado, según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, pero su figura tomó dimensiones nacionales el 22 de octubre pasado, cuando un diario local la grabó reclamando a gritos la “ineptitud” del gobernador Javier Duarte, exempleado de su antecesor Fidel Herrera.
“¡No se vale, usted viene con su familia! ¿y la mía dónde está?”, le espetó Araceli, de frente, tratando de que el gobernador se detuviera a atenderla. Duarte siguió caminando, tratando de ignorarla y sonriendo ante el cartel con la foto de Rubí. “¡Y no se burle! ¡Quite su sonrisa! ¡El fiscal es lo mismo que ustedes: pura corrupción!”
— El gobierno tuvo muchas pruebas en sus manos para resolver el caso de mi hija. Yo me metí a investigar muy hondo y les di direcciones, nombres, pistas. Y no actuaron ¿por qué? Porque ellos conocen a Los Zetas. Ellos saben con quiénes están involucrados y no le pueden pegar a esa gente. Son los mismos.
Fernanda Rubí desapareció en Orizaba, Veracruz, en 2012, cuando dicha ciudad era una zona de control de Los Zetas. Foto: Nathaniel Janowitz, VICE News
‘EL GOBIERNO METIÓ AL CÁRTEL’
Cuando alguien piensa en un jefe de sicarios de Los Zetas, llegan a la mente estereotipos que poco tienen que ver con “El Sangres”. Él es un tipo de apariencia “normal” y por ello, tal vez sus víctimas nunca sospecharon que él iba a ejecutarlos… hasta que lo tuvieron encima.
Ha pedido que no se le describa físicamente, pero sí es posible decir que es un adulto, una rareza en el mundo de los cárteles de la droga, pues sus contemporáneos están muertos o encarcelados. Tampoco es posible revelar el lugar exacto del encuentro ni su verdadero alias. Para esta entrevista, él creó su propio apodo que, piensa, representa su carrera criminal.
VICE News corroboró con tres fuentes confiables que él es quien dice ser: un expolicía durante el gobierno de Fidel Herrera, zeta activo y el líder de unos diez jóvenes sicarios que asesinan por dinero, por diversión y por venganza.
— ¿Cuál es el orgullo por pertenecer a los Zetas?
— El sicario nunca debe andar sucio, nunca debe demostrarlo, debes actuar como eres. Tú me revisas mi cuerpo y yo no tengo tatuajes, no tengo nada. Yo no puedo andar en la calle, ¿cómo te diré?, expresando lo que soy. ¿Ando nervioso? Sí, ando nervioso. Y siempre me verás solo, pero en contacto con mis ‘angelitos’, que es el grupo que yo tengo.
— ¿El grupo es grande?
— No. Es pequeño. El grupo que yo manejo es de 10 personas nada más.
— ¿Y usted es el líder?
— Yo lo manejo, pero yo pertenezco a la organización. A la grande.
“El Sangres” suelta respuestas cortas, porque el encuentro debe durar menos de una hora. Su explicación es que su “trabajo” le obliga a cambiar de ubicación cada 60 minutos. Vive con la paranoia latente de que si se queda quieto, un comando llegará a “levantarlo” o a rafaguearlo con la misma frialdad que él ha mostrado con sus víctimas.
Su nerviosismo es evidente. En la esquina de la habitación está sentado en la misma postura que un condenado a muerte en la silla eléctrica: un pie alineado a cada pata y las manos agarran con fuerza los brazos de la silla. Sus yemas están blancas de tanta tensión y mira constantemente la puerta. Aunque no ha pasado la media hora acordada, cada minuto parece más inquieto, así que la conversación debe alejarse de su persona y centrarse en el cártel, su presunta pérdida de fuerza y sus nexos con el gobierno.
Seguramente “El Sangres” recuerda un video aún disponible en internet, solemne, de pobre calidad, pero cargado de violencia: un comando armado declaró la “guerra” a Los Zetas en un mensaje transmitido en Youtube en julio de 2011.
“Le hacemos saber por este conducto, a todo el estado de Veracruz, que ya estamos aquí. Y a toda la República Mexicana, que somos el grupo Matazetas del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG)… Hacerles saber que esta lucha en contra del grupo de secuestradores que se hace llamar Los Zetas ha sido a raíz del daño que le han hecho a muchos de nuestros colaboradores, amigos y familiares y al pueblo entero del estado de Veracruz (…) Aquí ya no es novedad que la policía municipal y estatal trabajan para Los Zetas (…) Asimismo, decirles que no teman, que el que les permitió asentarse en este estado, ya cumplió su tiempo como gobernador el señor Fidel Herrera Beltrán alias ‘Z1’. Todos en la República entera sabemos que él los apoyó para cometer todos los secuestros, extorsiones y demás ilícitos”.
Cuatro años más tarde, a finales de 2015, la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) publicó un mapa con la nueva distribución de los cárteles en México y ponía al CJNG como los dueños del centro de Veracruz y con una metástasis tan rápida y amplia que es probable que desplacen a Los Zetas de todo el estado.
— Hay una narrativa de gobierno federal que dice que su organización está minada y que han ido perdiendo fuerza porque han ido surgiendo más grupos con un mayor fortalecimiento en la zona, ¿ustedes han ido perdiendo fuerza en Veracruz o la han ido afianzando?
— Se ha perdido…
— ¿En qué zonas han perdido presencia?
— Muy fuerte en Boca del Río, Córdoba, Orizaba, se perdió presencia.
— ¿Ante el grupo del Cártel Jalisco Nueva Generación?
— Al grupo contrario, a la contra, se ha perdido presencia ¿por qué? Porque desgraciadamente la organización de la letra está contratando gente inexperta, puro chiquillo que son los que mandan al frente, a los enfrentamientos y no están capacitadas esas personas. Yo te puedo decir que aquí, antes, cuando ingresaba en esto, te mandaban al campo a entrenar, a tirar, yo entrenaba a los chamacos, pero ahorita nada más llegan, les dicen ‘súbete y vámonos’. No hay una capacitación. Si tu ahorita vieras a algunos de los chavos, de 15 a 20 años no pasan. Somos muy pocos los que tenemos una edad madura y conocimiento de a lo que nos dedicamos.
— ¿Cuáles han sido las consecuencias para el grupo de tener gente poco experimentada?
— Estar perdiendo terreno, presencia, respeto, todo.
Otro informe de la DEA, pone al CJNG y a sus socios Los Cuinis como los narcotraficantes más ricos del mundo, por encima del legendario Cártel de Sinaloa y su ahora detenido líder Joaquín El Chapo Guzmán. El estudio ubica a Veracruz con color rojo, como clave para la superioridad económica: gracias a ese estado, el CJNG puede traficar cocaína y metanfetamina hacia Europa, Canadá y Asia.
— ¿Qué problemas están pasando con los otros grupos? ¿hay broncas entre “las letras” o con otros grupos?
— Ahorita el problema es con los grupos, que se están llegando a empoderar o están teniendo más presencia. Los enfrentamientos que se han dado (son por eso).
— ¿Qué otros grupos específicamente?
— Están surgiendo de dos a tres grupos diarios, ¿cómo los ubicamos? Porque muchos de nuestros compañeros se fueron a otros grupos y ellos mismos nos han dicho que ‘ya llegó fulano, ya llegó sutano’.
— Esos grupos ¿están apoyados por el gobierno?
— Así es. Te digo que yo no puedo hablarte de eso porque esos grupos los está manejando el gobierno. Una parte es el gobierno del estado y otra parte es el gobierno federal.
— ¿Es una estrategia…
— Así es…
— … del gobierno para acabar con ustedes?
— Ha habido enfrentamientos para rompernos la madre a nosotros, pero ahí viene disfrazada la Marina, Policía Federal, Mando Único. Vienen mezclados con los grupos (criminales). Prácticamente estamos peleando contra fuerzas federales.
— ¿Qué piensa de México, de su país?
— Pienso que por los políticos estamos como estamos. Aquí en Veracruz, nosotros no estábamos. Entramos porque nos lo permitió el gobierno de (el exgobernador del PRI) Fidel Herrera y eso sí te lo garantizo.
— ¿Cómo fue eso?
— Nosotros estábamos en otro estado (Tamaulipas), aquí había respeto, no podíamos entrar. No había nada acá. Pero Fidel Herrera tenía problemas, mandó a traer al patrón y el Señor mandó a los primeros grupos acá. Pero después empezaron a venir todos. Llegó otro Señor — nuestros jefes — y empezó el secuestro, el homicidio, la extorsión. Fue cuando Fidel ya no pudo con nosotros. A Fidel se le salió de control, ya no pudo, por eso fue que nos asentamos totalmente acá, pero ahorita los grupos que están entrando los está permitiendo el gobierno federal.
— ¿Y la relación con el actual gobernador, Javier Duarte, cómo es?
— Está totalmente rota. Es un títere.
— Está la versión de que no hay una buena relación con el actual gobernador, porque él está permitiendo la entrada de nuevos grupos…
— Así es…
— ¿Para él hacer un nuevo pacto?
— Así es. Él quiere desaparecer a la letra, pero esto nunca se acaba. Matan a uno de nosotros y surgen tres, cuatro.
— ¿El gobernador Javier Duarte está apoyando al CJNG?
— Por supuesto.
— ¿Usted cree que en algún momento Veracruz pueda vivir sin cárteles?
—Sí… sí, se puede. Siempre y cuando, el gobierno del estado autorizara bien que nos rompieran la madre. Hay capacidad en la policía, pero como hay contratos y convenios, no hay nada. La policía no se mete en enfrentamientos. La policía no se va a meter si yo ahorita salgo y te balaceo.
La respuesta flota en la habitación: “la policía no se va a meter, si yo ahorita salgo y te balaceo”
YA LLEGÓ EL ‘CÁRTEL JALISCO’
Si la historia de Rubí es ejemplo de la vida bajo el poderío de Los Zetas y mandos con el estilo de “El Sangres”, la de la familia Quevedo Orozco es ejemplo de la vida bajo el nuevo poder: el CJNG. Diferentes nomenclaturas, tragedias similares.
La mañana del sábado 15 de marzo de 2014, Gerson Quevedo, de 19 años, fue secuestrado a la salida de una tienda de conveniencia en Medellín de Bravo, Veracruz. Horas más tarde, sus captores habían fijado un precio por su vida: 80.000 pesos [4.300 dólares] a cambio de la liberación del estudiante de arquitectura. Esa misma tarde, la familia entregó el dinero, según las condiciones exigidas por los plagiarios, pero la llamada que avisaría a la familia dónde reencontrarse con su primogénito no llegaba.
Cada minuto, aumentaba la desesperación y, con ella, la posibilidad de que Gerson no fuera liberado. En casa, aguardaban papá, mamá, hermana, cuñado, hermano menor y la novia de Gerson, hasta que un supuesto amigo de la familia les dijo que no esperaran más: él sabía donde estaba retenido.
Temerosos de que los secuestradores tuvieran nexos con la policía, el hermano menor de Gerson, Alan, de 15 años, — portero del equipo sub-17 de los Tiburones Rojos de Veracruz — y el cuñado de Gerson, Miguel, de 25, — taekwondoísta — condujeron, sin avisar a las autoridades, hasta una dirección en el mismo municipio Medellín de Bravo. Iban a rescatar a su familiar, pero apenas se acercaron a la fachada de la casa de seguridad, fueron interceptados y rafagueados.
Alan y Miguel fallecieron al instante. Gerson aún está desaparecido. Y la familia huyó de Veracruz a tratar de recomponer lo que les queda de vida, porque tienen la certeza de que los secuestradores son parte del CJNG y están protegidos por las autoridades.
— La célula que se lleva a mi hijo y asesinó a mi otro hijo eran de Los Zetas y ahora son Cártel Jalisco (Nueva Generación). El jefe de la plaza en ese entonces era “don Beto”. El gobierno tiene todos los datos, desde el segundo día, pero como trabajan para ellos, no hacen nada — cuenta Marisela Orozco, mamá de Gerson y Alan.
Ya hay un presunto responsable en la cárcel y, según los dichos del acusado, el grupo criminal tiene en la nómina a autoridades municipales y estatales.
— Es casi imposible buscar. Ya llevamos dos años y, pese a todo lo que este muchacho habló, no se ha logrado casi nada. No sólo desaparecen a nuestros familiares, también desaparecen evidencia, ¿cómo le haces con tanta corrupción? Es nadar a contracorriente — reclama y su voz se quiebra — ¿Qué hacemos? Pinche gobierno, es el que nos está acabando.
VIVIR COMO UN FANTASMA 
— ¿Cómo ha tenido que cambiar su vida para adecuarse a lo que hace?
— Tu vida no cambia, tu vida empeora en todos los aspectos. En lo sentimental, en lo rudo, en todo. Tu vida no cambia, al contrario, se va empeorando cada vez más (…) No duermes tranquilo. Con un presentimiento tienes que andar de un lado para otro, moviéndote, ¿por qué? Porque la misma organización también te quiere dar para abajo.
— Parece que usted trabaja entre dos fuegos: entre la autoridad y sus compañeros.
— Así es, tengo compañeros y excompañeros de mi trabajo y tengo los que se dicen ser compañeros del actual trabajo, pero ahí no hay amigos, hay compañeros. Ahí sí simplemente se hace el trabajo y cada quien por su rumbo. Se dice que somos una familia, pero eso es mentira. Por acá se termina el trabajo y cada quien agarra su rumbo. Esa es mi manera de trabajar.
— ¿Cómo compensan perder terreno? Eso impacta económicamente al grupo, ¿cómo se nivelan?
— No se puede nivelar. Ahorita como estamos nosotros, muchos han desertado, se tienen que ir ¿a dónde? A la contra o a otro lado.
— ¿Es posible desertar?
— Estarás tranquilo uno o dos meses, pero después te ubican y para abajo. Siempre que estás metido en esto o a lo que ya me dediqué.
— ¿Usted está bien con la idea de que en cualquier momento lo van a matar?
— Sí…
— ¿Cómo es su ritmo de vida?
— No aspiro a nada. Mi ritmo de vida es andar huyendo, un momento estás acá, mañana estás allá, hoy duermes en un hotel, mañana duermes en otro lugar, te olvidas de tu familia. La familia para mi ya no existe, estoy solo, a pesar de que sé que la tengo, pero no… ellos ya son…. Ni ellos saben de mi, yo sí sé de ellos, pero no…
— ¿Ellos saben a qué se dedica usted?
— Mi exmujer sí, mis hijos no.
“El Sangres”, por un breve instante, se quiebra. Algo en la dura coraza de su apariencia se requebraja, pero se recompone en segundos.
— ¿Qué piensan ustedes de lo que la gente piensa de ustedes?
— La gente piensa mal de uno. Para la gente somos lo peor, para la sociedad somos de lo peor ¿estamos de acuerdo? Pero no es así. Yo, a los que me he despachado, me los he despachado por algo ¿por qué? Porque la debían, porque se metieron. Yo no he matado gente inocente, ¿qué lo he hecho en caliente y en frío? Sí, cómo va. Pero la gente no lo entiende, que esa gente que está haciendo daño son los que han provocado que el estado esté así.
— ¿Cuál es su opinión de las autodefensas?
— Esto viene siendo porque a la organización que yo pertenezco se divide y unas personas, unos mugrosos, suben a la sierra a extorsionar a la gente. Por eso la gente de la sierra se está defendiendo y qué bueno, qué bueno que lo hagan, pero también qué malo ¿por qué? Porque el día que subamos nosotros, pobre gente, no va a tener la capacidad para defenderse.
— ¿Usted vota en elecciones, se asume como ciudadano mexicano?
— No. Yo no tengo identificación. Yo ya no figuro en ningún lado. Mis expedientes cuando estaba en el gobierno los saqué. Nada…
— Como un fantasma…
— Así es. Puedes buscar mis datos donde quieras, no los van encontrar. Pero si yo te busco, sí te encuentro.
En los próximos días, la nota roja Veracruz saldrá de los diarios locales para llegar a los periódicos nacionales con dos historias: en Xalapa-Enríquez, cinco personas fueron ejecutadas en un bar y en Amatlán de los Reyes se hallaron cinco cuerpos desmembrados de presuntos integrantes de Los Zetas con un narcomensaje que decía “La limpia CJNG, ya estamos aquí (…) X (por) un Veracruz limpio. Esto me pasó por venir a meterme a Veracruz donde limpian con todo a los mugres Z”.
Ese mensaje lo pudo leer todo el país, porque, por alguna razón, la Fiscalía de Veracruz eligió transcribir el mensaje de la narcomanta y enviar el contenido a través de un comunicado oficial. Queriéndolo, o no, el gobierno de Veracruz sirvió como altavoz de las palabras del CJNG.
‘Aquí en Veracruz, nosotros no estábamos. Entramos porque nos lo permitió el gobierno de Fidel Herrera y eso sí te lo garantizo’.
La vibración del teléfono sobre el piso de la habitación avisa que los treinta minutos se han acabado. El pacto que hicimos obliga a parar la conversación.
En unos minutos, el zeta se despedirá. Sonreirá, o eso creeremos, y pedirá — ordenará — que salgamos nosotros primero y lo dejemos dentro de la habitación. Él esperará un momento y abandonará la habitación hacia un rumbo desconocido. A partir de entonces, la comunicación se cortará. Antes de que eso suceda, queremos un último registro del encuentro.
“¿Podemos tomarle una fotografía, aunque sea de espaldas?”, preguntamos y él se niega. “No quiero nada de eso”. Asentimos, sabiendo que hay un plan B: una máscara de plástico blanca, que le cubriría sus facciones y sólo le dejaría mostrar sus ojos.
“Bueno… pero también tápenme el cabello”, accede y se voltea para ajustarse la liga de la máscara al cabello. Cuando levanta sus brazos, se asoma la cacha de su pistola. Todo el tiempo estuvo armado. Se asomará una segunda vez cuando vuelva a elevar sus brazos para colocarse sobre la cabeza una sábana blanca que le oculte el cabello.
Se coloca frente a una pared blanca e improvisa un gesto que nadie le pidió: sube la mano, encoge el meñique, anular y dedo medio, extiende el índice y yergue su pulgar.
Mejor explicado: un jefe de sicarios de Los Zetas en Veracruz, vestido como fantasma, armado de verdad, en una habitación de hotel cerrada con llave, nos apunta con su mano convertida en pistola, luego de contar cómo son los pactos entre su cártel, el gobierno y sus rivales.
Clic.

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