28 de noviembre de 2011

Cerca del final de Felipe Calderón

El último año de la administración inicia con ajuste obligado en gabinete, desconcierto del proceso electoral.
Por: Mayolo López/AGENCIA REFORMA
¿´Preocupado?

Una pesadilla se ha cernido sobre el epílogo del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa. Nadie recuerda que tanta calamidad se haya cebado en la figura de gobernante alguno en la historia contemporánea de México.
 
El trágico accidente que segó la vida del secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, del subsecretario Felipe Zamora y de seis personas más en el (presumible) accidente del helicóptero Súper Puma del Estado Mayor Presidencial, el 11 de noviembre, le descompuso aún más las cosas a Calderón Hinojosa de cara al último año de su de por sí accidentada gestión.
 
Con el dolor a cuestas, Felipe Calderón tubo que lidiar con otro golpe, éste de carácter político, la víspera de que cumpla cinco años al frente del gobierno: la derrota de su hermana Luisa María Calderón, La Cocoa, en las elecciones de Michoacán.
 
El alcalde Fausto Vallejo, emanado de las filas del PRI, le arrebató la gubernatura al PRD y, de paso, asestó uno de los descalabros políticos más duros que pueda sortear Calderón.
 
La Cocoa y su hermano no pudieron llevar a la realidad el sueño de instalar el calderonismo en Michoacán, a pesar de que recurrieron al cobijo de la maestra Elba Esther Gordillo y su partido, el Panal, cuya fuerza no resultó suficiente para apuntalar el triunfo de Luisa María Calderón.
 
Por si fuera poco, La Maestra -principal aliada política en buena parte del sexenio- le dio la espalda a Calderón con miras a la sucesión presidencial: Nueva Alianza decidió ir en alianza con el PRI, el partido que la expulsó en 2006, y con el Verde Ecologista.
 
A mediados de 2011, de hecho, Gordillo Morales había puesto contra las cuerdas al propio Presidente: la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación reveló, en una inusual rueda de prensa, haber pactado con el michoacano posiciones en el gabinete a cambio de obtener su respaldo para las presidenciales de 2006.

Calderón hizo mutis durante varios días pero se vio forzado a aclarar que las posiciones de las que habló la Maestra habían sido pactadas en el gobierno de Vicente Fox; después, en un acto público, afirmó que la única alianza que tenía Gordillo Morales era en favor de la educación.
 
Si el jueves 17 operó el nombramiento de un quinto secretario de Gobernación -en la persona de Alejandro Poiré-, el mandatario pasa aún por otra preocupación: la del estado de salud de Alonso Lujambio, su secretario de Educación Pública, que tuvo que ser atendido de una insuficiencia renal aguda, confirmado el diagnóstico de un mieloma múltiple en etapa inicial.

Calderón abre la puerta al último año de gobierno y la estela que deja tras de sí es sombría: un segundo secretario de Gobernación fallecido en accidente aéreo, 53 personas asfixiadas en el Casino Royale de Monterrey, 35 cuerpos más arrojados a la calle en Boca del Río, Veracruz; la probable existencia de grupos paramilitares, los centenares de migrantes asesinados por el crimen organizado.
 
Y, por añadidura, el ostensible fracaso de la lucha anticrimen señalado tajantemente en el informe que le fue llevado hasta la residencia oficial de Los Pinos por la organización Human Rights Watch el pasado 9 de noviembre. El documento de 236 páginas es contundente desde su título: Ni seguridad ni derechos: ejecuciones, desapariciones y tortura en la "guerra contra el narcotráfico" de México.

"Como Presidente soy muy consciente de que hay miles y miles de mexicanos que hoy están buscando un empleo; también se que hay miles y miles que no están satisfechos con lo que están ganando con el trabajo que hoy tienen", dijo el 25 de agosto reunido con la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México.
 
"Yo no soy poeta..."

El dolido poeta Javier Sicilia alzaría su voz para hacerle notar a Calderón, al calor del segundo encuentro sostenido en el Castillo de Chapultepec entre el Ejecutivo y las víctimas de la guerra contra el crimen -14 de octubre pasado-, que esa determinación de "exterminar" al crimen reflejaba, entre otras señales, tentaciones de carácter autoritario.

Frente al poeta, entonces, Calderón enmendó y ya sólo habló de "retirar" y no de "exterminar".

Ríspido, el segundo diálogo sostenido entre Calderón, Sicilia y las víctimas de la violencia dejó al descubierto la perspectiva que guarda el michoacano respecto de la responsabilidad que algunos gobernadores emanados de las filas del PRI han tenido para solapar la extensión del narcotráfico.
 
Exasperado, Calderón culpó al ex gobernador Fidel Herrera de haber permitido que Veracruz cayera en manos de Los Zetas, amén de insinuar que las autoridades locales habían ocultado cadáveres para propiciar un ambiente de aquí no pasa nada.
 
El 23 de junio, en el primer encuentro que Calderón sostuvo con Sicilia, el primero pidió a regañadientes perdón por las víctimas aparejadas a la guerra que su gobierno ha entablado contra el crimen, "guerra" que por cierto había intentado negar, aunque el registro en las páginas de los diarios diese fe de las no pocas veces que él mismo empleó ese concepto.
 
Lance contra el PRI
 
A esa acusación le siguió otra más fuerte, una que alebrestó a los priistas que, enfurecidos, reclamaron pruebas y presentaron una denuncia en contra del Ejecutivo ante el Instituto Federal Electoral.
 
El domingo 13 de octubre los priistas leyeron una entrevista que Calderón ofreció a The New York Times en la que sostuvo que había algunos, en las filas del tricolor, que consideraban que la paz se podría alcanzar con un pacto de por medio con los narcos.

Cinco días después, Sebastián Lerdo de Tejada, representante del PRI ante el IFE, presentó un escrito con siete puntos a partir de los cuales el Revolucionario Institucional estimó que, con sus declaraciones al matutino estadounidense, Calderón había violentado la legislación y estaba haciendo precampaña en favor del PAN y contra el PRI.

"¡Métanse ustedes!"

Felipe Calderón es un político que con facilidad pierde la compostura, ("es de mecha corta", se dice de él). Este talante quedó al descubierto el 12 de septiembre, fecha en que se reunió con 300 líderes mexicanos, al calor del encuentro anual que organiza la revista Líderes.
 
Notoriamente molesto, Calderón no se guardó nada ante los "líderes" congregados en el Patio del Paraguas del Museo de Antropología: les reprochó la holgura económica y el confort aparejado al prestigio cotidiano en que viven, ajenos a la crítica que habitualmente vive el político.
 
Calderón, de hecho, dijo a los influyentes hombres y mujeres que debían encontrarse con la gente de carne y hueso que tiene hambre y de la cual hablan en los discursos que pronuncian.
 
"Porque lo que necesita nuestro país, se los digo de corazón, sinceramente, a un año, dos meses (y) días de que termine mi Presidencia, lo que necesita México es mejor política, porque tiene ciudadanos valiosísimos, ciudadanos muy altos para la política que tenemos", repuso, para luego apremiar a sus interlocutores a enfundarse la camiseta de político: "así que yo quiero invitarlos amigos, de corazón, a que en estas elecciones, si no les gustan los partidos políticos, hagan un partido político; si no les gustan los candidatos a diputados, sean ustedes los candidatos a diputados. Si no les gustan los candidatos a (alcaldes) o gobernadores, o presidentes de la República, sin agraviar a los presentes, sean ustedes los candidatos y tomen ustedes, líderes de México, a México en sus manos".
 
"La bronca es con el narco"
 
Recrudecida la violencia, al alza la percepción del clima de agobio y desamparo, la muerte del hijo del poeta Javier Sicilia, Juan Francisco Sicilia -el 28 de marzo-, provocó una ola de indignación que derivó en movimientos de protesta y en demanda de paz.
 
A raíz del trágico destino de Juan Francisco, cuyo cadáver fue hallado -junto con los de varios de sus amigos- en la cajuela de un auto en Temixco, Morelos, las consignas "¡Ya basta!" y "Estamos hasta la madre" recorrieron plazas, pueblos y carreteras y su eco retumbó en los puntos más distantes.

El presidente Calderón enfrentó ese malestar exigiendo que las protestas se volcaran hacia los criminales y no hacia su gobierno: "lo que está afectando a las familias mexicanas es la delincuencia organizada, grande o pequeña: desde el que roba la bolsa a una señora hasta el que secuestra a un empresario o al que mata a un migrante. Son delincuentes, son criminales y son enemigos de México. ¡A ellos hay que frenarlos! ¡A ellos hay que condenarlos (y) hacia ellos deber ir un 'Ya basta! colectivo y nacional. ¡Ya basta a los criminales!", expresó, notoriamente molesto, en Torreón el 12 de abril durante una comida con empresarios.

Goza de cabal salud
 
La manta que el diputado del PT Gerardo Fernández Noroña desplegó en la Cámara de Diputados para denunciar el supuesto alcoholismo de Felipe Calderón, el 4 de febrero, desató un escándalo que, entre consecuencias, empujó la salida temporal de la periodista Carmen Aristegui de su programa en MVS Radio y forzó a los estrategas de Los Pinos a hablar de la buena salud del Presidente.
 
En el desconcierto, fue el secretario particular de Calderón, Roberto Gil, y no la portavoz, Alejandra Sota, quien dio la cara para contrarrestar los "rumores y dudas" que, dijo, dolosamente se habían propalado para menoscabar la reputación del Presidente y de su familia.

A sus 48 años, sostuvo Gil Zuarth, Felipe Calderón se despierta a las 06:30 horas, hace ejercicio físico una hora y empieza a desahogar su agenda pública y privada a las 08:30 horas.
 
Ese mismo día -9 de febrero, día de la Marcha de la Lealtad-, Calderón había montado una yegua para emular a Francisco I. Madero y lanzado una bola de beisbol con la novena de los Indios Yaquis, en Los Pinos.
 
El secretario particular del Presidente refirió que, a lo largo de esos primeros 40 días del año, el Ejecutivo había realizado 15 giras nacionales, visitado nueve estados y 22 municipios; presidido 17 reuniones de gabinete y encabezado 79 actos públicos, 43 reuniones con sus colaboradores y cuatro encuentros con empresarios, además de conceder 14 entrevistas.
 
En 2010, detalló, el Jefe de Estado presidió 261 actos en la capital del País; desahogó 108 giras nacionales, 17 internacionales y concedió 49 entrevistas a medios de comunicación y 198 audiencias.
 
"Ese ritmo de actividades es la mejor expresión de su buen estado de salud, de su fortaleza física y de su entereza; es, también, claramente incompatible con los infundios, los rumores y aun las dudas que dolosamente se propalan con el interés de dañar al Presidente, a su familia y a la institución que representa y que nos pertenece a todos los mexicanos", argumentó Roberto Gil.

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