3 de noviembre de 2011

MEGANEGOCIO EN MANOS DE FÉLIX GONZÁLEZ CANTO

* Este trabajo periodístico provocó las amenazas y agresiones contra los periodistas Norma Madero Jiménez y Agustín Ambriz, presidenta y directora y director editorial de la revista Luces del Siglo de Cancún el pasado 2 de octubre. Se autoriza su reproducción.
México, D. F., a 2 de noviembre de 2011
 
Desde el poder, el ex gobernador ultimó todos los detalles para que su operador financiero, Omar Giacomán y nadie más, figurara como el representante del millonario proyecto de los puentes Nichupté y Bojórquez.
 
Por Agustín Ambriz
AMucho tiempo antes de dejar la gubernatura, Félix González Canto pavimentó a fondo el camino para que su asesor financiero, amigo, compadre y socio, Omar Giacomán Alborta, manejara a futuro la representación oficial y la operación de los cuatro proyectos nodales de infraestructura urbana en los cuales se proyectan invertir más de 15 mil millones de pesos, durante los próximos cinco años.
 
Se trata de la construcción de dos puentes vehiculares, uno sobre la Laguna Nichupté y otro sobre la Laguna Bojórquez; del Dragon Mart en Cancún; del complejo portuario de altura en Puerto Morelos; y del Parque Eólico en Cozumel, cuyo destino está en manos del ex gobernador y de su operador financiero.
 
Desde junio de 2010, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) le otorgó al gobierno de Félix la concesión por 30 años para construir, operar, explotar, conservar y mantener los puentes. Y el entonces gobernador aprovechó su poder para poner candados y nombrar a Giacoman como “Coordinador de Políticas Públicas del Estado de Quintana Roo, para oír, recibir, ingresar, gestionar y continuar con los trámites relacionados con el proyecto”.
 
Por eso, Giacoman se desplaza hoy con mucha seguridad por secretarías y direcciones gubernamentales pregonando la paternidad del proyecto. “El proyecto es mío y se va hacer”, reparte el enigmático hombre de negro, quien desde el sexenio pasado viene operando los grandes negocios de Félix desde el sector público.
 
La relación entre Félix y Omar data de su época como estudiantes en la carrera de Economía por el Tecnológico de Monterrey. Al llegar a la gobernatura, González Canto nombró a su amigo como asesor de asesores y desde este cargo de bajo perfil se dedicó hacer negocios en todos los ámbitos. Hábil para bajar recursos tanto de la federación como de organismos internacionales, Giacomán aprovechó la oportunidad para hacer negocios propios a través de una empresa familiar de mecánica en general y venta de autopartes. A través de esta empresa se le adjudicaron directamente varias licitaciones para remodelar y componer el parque vehicular del gobierno del estado y el de la mayoría de los municipios.
 
Félix siempre ha mantenido a Omar fuera de los reflectores. En la pasada administración se hizo famoso precisamente porque andaba de oficina en oficina en busca de los grandes negocios. Pidiendo cuentas e información a los secretarios, por instrucciones del “señor gobernador”. Si alguien se oponía o dudaban, de que el hombre de negro goza de picaporte con el gobernador, Giacoman era implacable con ellos.

Así, mitad amigo del gobernador, mitad compadre, mitad asesor, mitad empresario, mitad operador financiero, la función de “El Cuervo”, como se le conoce entre la clase política, es la de un intermediario o broker que saca tajada siempre que se concreta un proyecto gubernamental o se satisface alguna necesidad del Ejecutivo.
 
“Detrás de cada proyecto, hay un gran negocio”, fue la máxima que durante el pasado sexenio puso de moda este boliviano, cuyo gran mérito fue haber sido compañero universitario de Félix González Canto, además de poseer una envidiable destreza para hacer timbrar la caja registradora (la del erario público y la propia), así como saber tejer buenas relaciones en altas esferas del gobierno federal y empresarios nacionales.
 
Recientemente, se evidenció que Giacomán tiene intereses en la empresa Ecolimpia, una de las encargadas de recoger la basura en Cancún. A la empresa se le dieron facilidades para adquirir en remate los camiones chatarra del ayuntamiento de Benito Juárez, mismos que fueron reparados y hoy son los que cobran al gobierno municipal por los servicios de recolecta. En su momento, el presidente municipal Julián Ricalde, aseguró que parte de la flotilla de Ecolimpia también eran camiones de basura del municipio de Cozumel.
 
Ahora, el afán de Giacomán por iniciar el proyecto de construcción de los puentes lo ha llevado inclusive a mentir y engañar al gobernador Roberto Borge Angulo, al asegurar que ya se tienen todos los permisos correspondientes para iniciar la obra. Tal información hizo salir en falso, primero al gobernador Borge, quien anunció el proyecto como un hecho. Y luego a Mario Castro, titular de la Secretaría de Infraestructura y Transporte (SINTRA) quien reprodujo la versión que le vendió Giacomán.
 
Enormemente preocupado, el delegado de la SCT en Quintana Roo, Miguel Ángel Núñez Pérez, aclaró directamente al gobierno del estado que la información era inexacta puesto que el proyecto no contaba todavía ni con la manifestación de impacto ambiental ni con los permisos correspondientes de la dependencia federal.
 
“La SCT avala la concesión, pero el proyecto debe cubrir todos los requisitos de ley y eso todavía no se cumple”, aclaró el funcionario.
 
Molesto por la aclaración del funcionario federal, como es su estilo, Giacomán se dedicó a fanfarronear y retó: “El proyecto se va hacer porque está todo en orden”.
 
Negocio a perpetuidad.

Según el proyecto técnico de la obra, la construcción del Puente Nichupté, de ocho kilómetros de largo, requiere una inversión de 2 mil 737 millones 468 mil pesos, mientras que para el Puente Bojórquez, de 1 kilómetro, se tienen presupuestados 91 millones 837 mil pesos. En total: 2 mil 829 millones 305 mil pesos que el experto Omar Giacomán se encargó de bajar de algunas partidas federales, como lo presume él mismo.

Los términos de la concesión reconocen como organismo directamente responsable de la obra a la paraestatal denominada Administración Portuaria Integral de Quintana Roo S.A. de C.V. (APIQROO), cuyo presidente del consejo de administración es el titular del Poder Ejecutivo, en ese entonces Félix González Canto quien en los hechos sigue asumiendo el cargo.
 
El proyecto no se pudo desarrollar durante la administración pasada, pero el ex mandatario se encargó de que siguiera bajo su dirección, aún después de dejar la silla. Por eso antes de salir, Félix puso al frente de APIQROO a otro de sus incondicionales, Román Quian Alcocer, quien en dupla con Omar Giacomán se encargará de los trámites de licitación de la obra pública.
 
El negocio de Félix pretende ser redondo.

No sólo busca ganar con las licitaciones para la obra y la compra de materiales, sino que una vez concluidos los puentes, la APIQROO goza de facultades para decidir a qué empresa se adjudicará la concesión por el cobro al uso de los puentes, así como la renta de locales o los espacios públicos que estarán integrados a la obra.

 
En el proyecto ejecutivo no se establece la cuota que pagarán los usuarios, pero se puede calcular con base al aforo vehicular previsible diariamente. Por ejemplo, en el primer año por el Puente Nichupté se presupuesta obtener 450 millones 547 mil pesos, es decir 1 millón 234 mil pesos diarios. Si el aforo fuera de 50 mil automóviles la cuota de peaje sería de 25 pesos por cada vehículo.
 
Según estas mismas proyecciones, en el año 30 la concesionaria del Puente Nichupté obtendría por el cobro de peaje recursos por más de 799 millones 928 mil pesos, es decir 2 millones 191 pesos diarios que se calcula se recolectarían a través de 100 mil automovilistas para seguir con la tarifa de 25 pesos por vehículo.

Para otorgar la concesión de la obra, la SCT valoró el acelerado crecimiento de la Ciudad de Cancún y las necesidades de vialidad que despuntarán en los próximos diez años en el destino turístico más importantes del país por volumen de divas que ingresan al país por este concepto.
“Entre los efectos negativos más evidentes del acelerado desarrollo que enfrenta la ciudad de Cancún – se argumenta en la concesión –, se encuentra el aumento de los problemas de tránsito, que se ve magnificado debido a que el principal sitio de trabajo es la zona hotelera, cuya infraestructura vial de acceso se encuentra rebasada con agudos problemas de saturación.
 
“Los estudios de movilidad realizados desde 2006 arrojan que diariamente se trasladan alrededor de 230 mil personas desde la periferia al centro de la ciudad y desde la periferia y centro de la ciudad hacia la zona hotelera, y viceversa. Se espera que en los próximos 10 años la oferta turística aumente 4 por ciento. Cerca del 90 por ciento de la capacidad turística se concentra en una sola arteria vial, el Boulevard Kukulcán, debido a que no existen rutas alternativas; a lo largo del boulevard se registran diversos conflictos viales, sobre todo en su confluencia con las avenidas Cobá y Bonampak, donde se prevé un aumento aún mayor del tráfico conforme avanza el desarrollo del nuevo centro de Cancún en Tajamar y del desarrollo Puerto Cancún, y la movilidad de la población entre la ciudad y la zona hotelera demanda un sistema vial que permita un tránsito eficiente de vehículos”.
 
De concretarse este ambicioso proyecto de los puentes, para los que se estima una inversión superior a los 2 mil 829 millones de pesos con una proyección financiera de 17 mil 377 millones de pesos a la vuelta de 30 años, seguramente Félix y su operador financiero comenzarán a frotarse las manos por el buen inicio de sus negocios que pretenden seguir haciendo ya fuera de la silla y en franca intromisión a la administración del gobernador Roberto Borge.

Web de Luces del Siglo: http://www.lucesdelsiglo.net/
De acuerdo a la proyección financiera del proyecto del Puente Nichupté, tan sólo por el cobro de peaje se pretenden generar durante los próximos 30 años más de 16 mil 745 millones de pesos, es decir casi siete veces el costo real de la obra. Y por el Puente Bojórquez las proyección a 30 años se va a 632 millones 244 mil pesos, cinco veces más que el costo real de la obra.

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