20 de septiembre de 2010

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COTAXTLA DESPUES DEL HURACAN
A las cinco de la tarde enterraron a Alan. Este pequeño de cuatro años apenas había entrado al jardín de niños. Tenía ilusiones. Esperaba con ansias el 19 de septiembre: quizá habría fiesta, era el cumpleaños de su abuela Josefina. Pero ella murió con él. Karl se los llevó.

No se ve al padre de Alan. La búsqueda sigue. No se han encontrado los cuerpos de su hermanita pequeña, de su madre, de una mujer embarazada y de otras siete personas que, desde el techo de un segundo piso a la una de la mañana del sábado, el golpe de agua de Karl los arrastró.

“Como pudimos nos salvamos. Vi a doña Josefina, intentaba nadar a un lado de mí. Ella estaba muy cansada, traté de darle ánimos, pero ella misma me dijo: ‘ya me voy a morir’... después desapareció y la encontramos allá abajo”, dice León, uno de los vecinos de Alan.

Comienza a anochecer. A lo lejos se escucha el ladrido de un perro y desde los árboles el ruido de los pájaros. El rugido del río comienza a apaciguarse. La gente, por el momento, no le tiene miedo, sabe que no crecerá. Ahora sólo les preocupa su futuro. Cotaxtla se llevó a Alan, a su mamá, a su hermana y su abuela... el también murió junto con mi tía.
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NOTA DEL AUTOR DEL BLOG; Nos enviaron este mensaje a nuestro correo-la solidaridad es buena es estos momentos dificiles.

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