Desde su llegada a Catemaco, el padre José Luis Sánchez Ruiz abandera las más nobles causas para luchar contra las injusticias cometidas por caciques, la Policía y el Gobierno. En cada misa llovían reclamos contra las autoridades y los grupos delincuenciales que mantienen aterrorizado al sur de Veracruz. Enemigo de los lujos y la pompa, el cura cumple más de 24 horas de desaparecido y el pueblo de Catemaco se ha levantado para exigir su aparición.

Por Ignacio Carvajal 
Ciudad de México, 12 de noviembre (SinEmbargo/BlogExpediente).- Cada vez que había un secuestro en la región, el padre José Luis Sánchez Ruiz subía al púlpito en su Iglesia, la Parroquia de los Doce Apóstoles, y lanzaba incendiarios sermones contra las autoridades, tildándolas de incapaces y corruptas.










Si sabía que algún cacique de la zona quería despojar de sus tierras a campesinos indefensos, el padre de inmediato intervenía para evitar la injusticia.
Y si se enteraba de que había quejas por caminos en mal estado en la zona serrana de Catemaco, que dificultaran el sacar las cosechas, también se metía y era el primero en ir a reclamar a quien fuera para exigir las reparaciones.
Igualmente lanzó críticas contra el Gobierno de Javier Duarte de Ochoa por todas las mentiras que sembró en los Tuxtlas, especialmente con la construcción de una clínica que nuca llegó y la autopista Isla-Santiago Tuxtla.
Si algo le irritaba a este padre, que cumple más de 24 horas de haber sido sustraído de manera violenta de su casa, contigua a la Parroquia donde oficiaba, eran las injusticias y los políticos mentirosos.
El padre Aarón Reyes, vocero de la Diócesis de San Andrés, amigo de la víctima, dice que por el tono de sus sermones, en varias ocasiones el presbítero había recibido amenazas.
Le llegaron por teléfono, por el inbox del Facebook y hasta por el WhatsApp. “Andaba nervioso, pero nada lo detenía, no tenía miedo”, dice entrevistado vía telefónica.
A dos años y medio de haber llegado de Perote a la Iglesia de Catemaco, el padre había cosechado una buena colección de enemistades por usar el altar para señalar lo que Cristo vino a evangelizar, y lo que a la alta jerarquía se le ha olvidado, una Iglesia de los pobres y por los pobres.
El CURA REBELDE
Para evitar problemas, dice el vocero, ya le habían llamado la atención a José Luis Sánchez Ruiz. Al menos en dos ocasiones
Estoico, escuchaba los exhortos de sus superiores para que se manejara con mesura y se alejara del tono beligerante, pero desacataba. Siguió con su evangelización señalando puntualmente nombres, fechas, militancias partidistas, incluso, siglas delincuenciales.

“Pensamos que mucho de lo que pasó tiene que ver con que el padre en sus sermones daba nombres y apellidos de los responsables de la inseguridad, saqueadores del pueblo y generadores de pobreza. No puedo decir quiénes porque está bajo investigación”.
Es decir, mientras el Arzobispo de la Diócesis de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, se codeaba con influyentes como Erick Lagos, Fidel Herrera y Javier Duarte, prófugo de la justicia, Sánchez Ruiz se la pasaba incomodando poderosos. Tanto a autoridades legítimas y electas, como a los del mundo sórdido.
EL CURA DE LOS POBRES
Si algo lo tenía con preocupación a su llegada a Catemaco, era el incremento considerable de secuestros y abusos cometidos por la delincuencia contra la vida, las ejecuciones y el estilo de vida del ajuste de cuentas, la ley del más poderoso que la Biblia predica no debe regir la naturaleza del hombre. Y en eso basaba sus homilías, siempre próximo al pueblo.
El presbítero Aarón Reyes comentó vía telefónica que su amigo vivía con consciencia tranquila por su estilo de vida lejos de los lujos y la pompa. Alguna vez intentaron darle un vehículo nuevo por parte de la Iglesia, y lo rechazó. Se quedó con la camioneta vieja, destartalada, que usa desde su llegada a Catemaco.
En esa unidad desvencijada se movía en la ciudad, y además, se iba por horas, a veces días, a los lugares más recónditos en la selva de los Tuxtlas para caminar y pueblear, como bien lo hizo Jesucristo buscando a sus doce Apóstoles en medio de la pobreza, el hambre y el desempleo.
En esas comunidades pobres de Catemaco, además de llevar apoyos, daba la palabra de Dios, y conocimiento, su obra se enfocaba en abrirles la consciencia por medio del conocimiento de las diversas ciencias, pues además, él es sicólogo de profesión.
Nunca al padre se le vieron muestras de boato, apegado a la Teología de la Liberación, vestía ropa y zapatos regalados, y vivía de manera austera, casi como un monje tibetano, en un cuartito humilde, “con apenas lo necesario para vivir” relató Aarón Reyes.
LUCHA SOCIAL COMO MODO DE VIDA
Unos días antes de que desapareciera violentamente de la casa parroquial, varios feligreses fueron a ver al padre José Luis Sánchez Ruiz con sus recibos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), alegando que estaban alterados, con cobros excesivos.
Al revisar el de la parroquia, el cura se encontró con que de 350 pesos que llegaba regularmente, ahora era de 6 mil pesos, lo cual le pareció un atraco a la Santa Madre Iglesia de los pobres, y no dudó en organizar marchas y protestas afuera de la CFE.
El cura se encontraba, pues, en una serie de negociaciones para que la empresa federal revisara sus esquemas de cobro, cuando se dio la noticia de su ausencia.
“No le gustaban las injusticias, para luchar contra ellas vivía, por eso no dudó en meterse a las protestas contra la CFE, era una causa del pueblo, y la feligresía exigía su liderazgo”, relató su colega Aarón Reyes.
Cuando el padre no se encontraba dando misa, su tiempo lo usaba en obras de acción social o a la prédica de la palabra de Dios.
Y si no era así, se ponía a leer un libro. Su favorito, y lectura obligada por las mañanas, cuando iniciaba el día a las 6:00, la Liturgia de las Horas. En esos textos encontraba la sabiduría y fortaleza necesaria para no desfallecer en el Veracruz gobernado por Javier Duarte de Ochoa y el México de Enrique Peña Nieto.
“Cuando pasó lo de la electricidad, por ejemplo, el sermón de ese día lo dedicó a criticar al Presidente Enrique Peña Nieto pues él en campaña había prometido bajar el precio de la energía, y no fue así”, remarcó el vocero.
UN PUEBLO EN LLAMAS
A las pocas horas de darse la noticia del atentado, repicaron las campanas en la parroquia de los Doce Apóstoles para llamar al pueblo a una jornada de oración por su pronto regreso y con bien.
Sin embargo, al paso de las horas, y al ver los feligreses que las autoridades no daban resultados, a alguien se le ocurrió tomar la carretera 180 Matamoros Puerto Juárez, una de las principales vías de comunicación entre el norte y el sur del país.
Con el bloqueo, expusieron, sí harían presión contra el Gobierno para que buscaran al sacerdote. A la protesta se sumaron grupos de Antorcha Campesina y Pueblos Indígenas Unidos, más otros liderazgos de la región inconformes con la brutalidad de la violencia en Los Tuxtlas. Al cumplirse 24 horas de su ausencia, los inconformes tomaron el palacio municipal de Catemaco para presionar al alcalde, Jorge González, quien ha tenido la virtud de gobernar en tres ocasiones su pueblo, pero nunca lo ha sacado del retraso ancestral.
Como el Alcalde no les solucionó nada, se fueron en vilo sobre una de las patrullas, le echaron combustible y le prendieron fuego en medio de la plaza pública. De ahí, igual de molestos y coléricos, marcharon a la casa del presidente municipal, quien nada pudo hacer para evitar que la turba saqueara su casa y le causada daños.
“Lo del agua al agua”, “eso te pasa por ladrón y corrupto”, “regresa al pueblo un poco de lo robado”, decían anónimos responsables del saqueo en la residencia del edil y en una tienda departamental de la zona centro, donde igual casi todos los negocios cerraron ante la cólera regada en las calles de Catemaco, pueblo conocido a nivel internacional por la fama de sus brujos y hechiceros que cada primer viernes de marzo ofician misa negra, sacrifican un macho cabrío y gallinas prietas con cuya humectan el cuerpo de doncellas esculturales que se contonean eróticamente en danzas para El Caballero.
Hasta el cierre de este texto, la situación era tensa en el pueblo, pero la iglesia católica se desmarcó de los hechos de violencia. “Es que ya le hemos dicho a los fieles que dejen la carretera, que vayan a la iglesia para rezar y que el padre regrese con bien, pero no quieren soltar la carretera”, finalizó el vocero.
EL CONTRASTE
A poco más de 24 horas del reporte ante las autoridades por la ausencia del cura Sánchez Ruiz, el Obispo de la Diócesis de San Andrés, Fidendio López Plaza, desde Acayucan, celebró liturgia en honor a San Martín Obispo y ahí llamó a toda la grey a sumarse a círculos de oración por el pronto regreso del ausente, también llamó a la paz y a la cordura a quienes han reaccionado de manera violenta. Y ahí en Acayucan, igual, la noche del viernes, mientras en Catemaco comenzaba la revuelta, el párroco Lucas Sánchez se entregaba al baile y coplas del cantante popular José Manuel Figueroa, traído al municipio ganadero para rendir homenaje al santo patrono.