13 de noviembre de 2016

MÉXICO ANTE EL ESPEJO DE VERACRUZ

¿No es el espejo tanto un reflejo de la realidad como un proyecto de la imaginación?
 Carlos Fuentes. El Espejo Enterrado 
La profunda crisis financiera de Veracruz es solo una cara del prisma de devastación que hay en la entidad. Crisis de derechos humanos, crisis ambiental y crisis de confianza son otras caras del poliedro de la catástrofe que han dejado a su paso por el gobierno veracruzano Fidel Herrera y Javier Duarte, cuando menos. Imposible explicar la crisis financiera sin mirar las otras caras de la arruinada y lacerada entidad, por lo que acusar al gobernador con licencia (y prófugo) Javier Duarte tan solo por los delitos patrimoniales, desviación de recursos y delincuencia organizada, significa dejar en el olvido, es decir en la impunidad, las otras caras del prisma de la devastación.
Hipotéticamente y en el mejor de los casos, Duarte de Ochoa podría ser procesado judicialmente por tan solo una parte de los delitos cometidos por su administración, sin tocar el resto de infracciones y crímenes que llevan su firma, bien por implicación directa, bien por complicidad, bien por omisión. En cualquier escenario, la ruta de la impunidad está trazada mediante convenientes negociaciones, turbios contubernios y acuerdos en lo oscurito. Cada día, cada minuto que Javier Duarte permanece “prófugo de la justicia” (en Veracruz nadie cree esta versión) es prueba fehaciente de la participación del gobierno federal tanto en la devastación del estado como en la fuga y posterior ocultamiento del –en los hechos- exgobernador. Si Duarte no ha caído es porque a Peña –y al sistema en su conjunto- le conviene que siga fugitivo, quizás a la espera de tiempos electorales para su (más que oportuna) detención.
México está ante el espejo de Veracruz. La catástrofe que vive el estado es acaso una pálida sombra de lo que bien podría ocurrir en todo el país en 2018, si no es que ya está en curso. La complicidad de los tres poderes de gobierno con la delincuencia organizada es la causa de la hecatombe que vive el país y es de la misma naturaleza, en magnitud amplificada, de la triste y dolorosa experiencia veracruzana. Si en Veracruz el Ejecutivo contó con la evidente anuencia de los legisladores, con la venia del Poder Judicial y la complacencia de los medios de comunicación serviles, en México ocurre el mismo fenómeno de corrupción galopante, robo descarado, desvío de recursos, tráfico de influencias, lavado de dinero, ligas con cárteles de la droga y una densa red de complicidades que involucra a empresarios, jerarcas religiosos, “periodistas” chayoteros, políticos de toda laya, “representantes populares” y líderes de baja estofa pero altísima ambición. Si en Veracruz el gobernador con licencia está “prófugo” (de acuerdo con el discurso oficial machacado con sospechosa insistencia), no sería en lo absoluto extraño que en su momento Peña Nieto camine (o corra) por la misma senda, o una similar. De hecho ya lo está haciendo, si nos atenemos a las evidencias.
En Veracruz, Javier Duarte movió a sus peones para que Luis Ángel Bravo Contreras fuese nombrado Fiscal General del Estado, cargo con duración de nueve años, a fin de garantizar su impunidad. Enrique Peña Nieto ha hecho un movimiento semejante al nombrar a Raúl Cervantes Andrade como Procurador General de la República, con la mira de convertirlo en Fiscal General por un periodo de nueve años. Mismos movimientos, mismas intenciones: subordinar la seguridad pública y la procuración de justicia al ejecutivo para, con ello, dar un cheque en blanco a la impunidad. Lejos de buscar la autonomía en las instancias de procuración de justicia, lo que se pretende es asegurar las condiciones institucionales para la reproducción del sistema de arreglos y componendas de la clase política y su intrincada red de negocios legales e ilegales de la que obtiene amplios beneficios.
            En este juego de espejos entre el país y Veracruz, destaca la composición y los pactos en los respectivos congresos (el de la Unión y el local veracruzano) para perpetuar a las élites políticas. El pasado sábado 5 de noviembre tomaron posesión los diputados integrantes de la LXIV legislatura de Veracruz. Más allá del número de diputadas y diputados de las diferentes bancadas, llama la atención la integración del congreso con legisladores que viven de la política, profesionales de la política podemos decir, en varios casos un oficio heredado de sus padres. Veamos algunos casos: Nicolás Callejas Roldán, diputado del PRI, es el junior hijo del viejo líder charro del SNTE Juan Nicolás Callejas Arrollo. También a esta bancada pertenece Regina Vázquez, hija del “cacique del sur” Cirilo Vázquez, asesinado hace diez años. Rodrigo García Escalante es hijo del actual Contralor General del Estado, Ricardo García Guzmán, y hermano del alcalde de Pánuco.
            El PAN no se queda atrás y tiene como actual diputado a Bingen Rementería Molina, hijo de Yulen Rementería, quien fue diputado de la legislatura saliente. Otro diputado es Luis Daniel Olmos, hijo del alcalde perredista de Emiliano Zapata, Daniel Olmos. Asimismo, su fracción legislativa cuenta entre filas a ex alcaldes y ex diputados federales, lo que confirma la hipótesis de que la clase política veracruzana, al igual que la nacional, busca perpetuarse reciclándose como funcionarios de gobiernos municipales, estatales o federal, cargos de representación popular, dirigencias partidistas o asesorías de dudosa eficacia pero elevadísimo costo presupuestal.
            La composición del Congreso veracruzano no tendría mayor inconveniente si los legisladores guiaran sus decisiones en apego a derecho y con altura de miras, acorde al trascendente mandato popular que dicen representar. Sin embargo, esto no es así y las evidencias lo demuestran: la segunda fuerza electoral en Veracruz, Morena, fue excluida de la Mesa Directiva del Congreso de Veracruz. Marrulleros y acomodadizos, los diputados y diputadas del PAN, PRI y PRD se aliaron para sacar de la jugada a Morena; al hacerlo dieron la espalda y desconocieron la voluntad de miles de electores que confiaron su voto al partido de López Obrador. Si el Pacto por México llevó al país en una espiral descendente que no parece tener fin, en Veracruz se repite la historia de la perniciosa alianza cuyo principal objetivo ha sido legitimar la corrupción, el cinismo y la impunidad.
            Juego de espejos donde se reflejan los rostros del país entero y del estado de Veracruz. Realidades compartidas donde los asesinos y sinvergüenzas quedan impunes, mientras la sociedad mira pasmada, enmudecida e impotente. En nuestras manos está trazar una ruta diferente, tanto para Veracruz como para México. En nuestras manos está romper el espejo para imaginar un país posible. Un México construido desde la organización ciudadana que acote, vigile y sancione a las élites políticas.
Alejandro Saldaña Rosas
Sociólogo. Profesor Investigador de la Universidad Veracruzana
Twitter: @alesal3 / Facebook: Compa Saldaña

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