Polémica, aguerrida, imparable, indisciplinada. Layda Sansores representa sola al partido Movimiento Ciudadano en el Senado y hoy es leal a la estrategia de Andrés Manuel López Obrador
Martes 15 de octubre de 2013
Su oficina en el Senado es sobria. De una de las paredes penden de delgados cables metálicos decenas
de fotografías
de la familia
"Tiene que haber un despertar. Porque el gobierno está coleccionando burradas y torpezas, y todo eso tiene que sacudir a la gente y va haber una reacción ciudadana muy fuerte que la van
a pensar”
Senadora
- Papá, acabo de votar en contra del IVA -dijo una voz ahogada en el teléfono.
- ¿Y la disciplina?
- Confunden disciplina con sumisión, papá.
-¿Y la lealtad?
-¿A quién papá, a estos que están entregando este país?
- Cuando uno no está de acuerdo se sale.
- No papá, voy a dar la cara.
- Abstención.
- No papá, esto es de definición y ya viene
la ola...
La voz del interlocutor se aceleró. Era un hombre hecho en el PRI. Conocía las entrañas del partido y sus modos ante la indisciplina.
Era Carlos “El Negro” Sansores, célebre exgobernador de Campeche.
Al otro lado de la línea su hija Layda. Hacía unos minutos todavía estaba en la tribuna del Senado argumentando su voto en contra del aumento del IVA propuesto por el Presidente Ernesto Zedillo, en 1995.
No pudo convencerla. El intermitente “bip” de un teléfono colgado fue el final de la conversación. Hoy es anécdota pero entonces fue estigma.
Selló sus vidas para siempre. El PRI había sido amniótico en esa familia. Y como en el PRI de entonces la indisciplina se paga, hoy Layda Sansores lleva más de una década en la izquierda.
Pasó de hija predilecta a adversaria vitalicia. Polémica, aguerrida, imparable, indisciplinada. Es ella sola la que representa al partido Movimiento Ciudadano en el Senado. Y hoy es leal a la estrategia de Andrés Manuel López Obrador.
“Haré lo que me pidan”, dice al referirse a que se tiene que impedir el actual proyecto de reforma energética.
Ya en el 2008 dio una prueba de que puede cumplir el desafío.
Su oficina en el Senado es sobria. De una de las paredes penden de delgados cables metálicos decenas de fotografías de la familia.
Entre ellas está su hija que lleva el mismo nombre y que ya también ha hecho polémica al producir el documental Presunto Culpable.
Layda Sansores es originaria de Campeche y sin embargo viste de negro. No tiene el aire campechano, parece más una mujer urbana.
Lleva el pelo de color encendido y un vestido entallado. Ella misma se asume coqueta.
Da un par de instrucciones vía celular y se sienta en la silla que regularmente deben usar los invitados.
Mira a los ojos y sonríe. Da la impresión de sentirse cómoda.
Habla con un absoluto pero dicotómico amor sobre su padre. Al mismo tiempo que lo admira, supo y sabe que junto a él no hubiera crecido.
“Mi padre era como una Ceiba y debajo de las ceibas ni las hierbas crecen”.
La senadora matiza cómo desde entonces podía enfrentarse a los detentores del poder. Sus hermanas no le hacían frente al Negro Sansores sin flaquear. Era el hombre fuerte que no lloraba. El prototipo mexicano.
“Era un hombre profundamente humano, aunque muy firme, era imponente. En la misma familia mis hermanas cuando hablaban con él siempre lloraban, pero yo aprendí a torearlo, entonces me causaba una profunda admiración, una gran identidad, nunca lo vi llorar en la vida. Murió su hermano y tuvo pérdidas muy grandes y nunca una lágrima”.
Nadie tiene la certeza si aquella tarde de 1995, cuando el exlíder nacional priista recibió la llamada de su hija en la que le avisaba sobre su rebeldía, derramó una lágrima.
A su castillo de naipes le quitaban una pieza.
El innombrable de Andrés Manuel
Para Andrés Manuel López Obrador el nombre del expresidente Carlos Salinas de Gortari no merece siquiera ser pronunciado. Durante mucho tiempo, incluso, le dijo “el innombrable”.
Hoy entre los más allegados al político tabasqueño está la senadora Layda Sansores. Ella no tiene pena ni empacho en decir que en los albores de su carrera política el ex Presidente priista fue una especie de mentor.
“Salinas fue para mi un personaje muy cercano, muy admirado, tengo que decirlo. Me cuidó, iba a Campeche, saludaba a mi padre, y mi padre le decía `Laydita no tiene trabajo´”.
Layda Sansores quería estar en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal pero no se lo permitieron. Ganó la elección, pero como en una sopa de dominó de pronto la mula de seis era de alguien más. Ella no podía iniciar su partida.
En el subibaja de la política ella llega de subdelegada de Desarrollo Social a Álvaro Obregón.
“En uno de esos viajes de los reproches Salinas le pide a Colosio que me invite a tomar una café, y ahí él me dice qué quieres ser, y dije yo no quiero trabajo, yo quiero ser diputada”.
La meten a la lista del criticado sistema de plurinominales.
Y es así como llega a la Cámara Baja en el segundo trienio de Salinas. Vive a plenitud el esplendor tricolor.
“Entonces el sistema hizo lo suyo, después de que me quitan la Asamblea no teniendo nada, Salinas me pone de plurinominal y me hace diputada. Hacen todo un juego, quitan a Eduardo Andrade, y lo ponen de subprocurador, y al líder cañero que tenía el 8 dice: por qué no subieron y meten a Layda. Salinas cumplió su palabra y eso se lo tengo que reconocer y ahí aprendí que las facturas en política se pagan.
“Y claro que entro. Ahí se notó quién me había dado mi lugar, yo daba clases por todo México sobre las fórmulas de las plurinominales, era bien romántica, y cuando se da la votación yo veo que no entro, veo que daban 29 y yo era la 30. Me felicitaban y yo les decía no entré. Así como cuando tienes el lugar y te lo quitan, no lo tienes y te lo dan. Así que de repente quién sabe qué le pasó a uno y entré. Salinas me cuidó y me escogió mi lugar y eso se lo reconozco”.
‘Para mi el PRI era una religión’
Durante tres años se comportó como la legisladora más obediente y sumisa. Con gracia se sumó al sinfónico sistema parlamentario mexicano y logró pasar al Senado.
FUENTE: http://www.reporteindigo.com/
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