24 de agosto de 2011

El PAN se pudrió


ACCION IRESPONSABLE
Alvaro Delgado
Análisis
MÉXICO, D.F. (apro).- Los hay profusos, pero dos hechos recientes ratifican la degradación del PAN como gobierno y como partido: La sumisión ante Estados Unidos con la operación ilegal en territorio mexicano de agentes de ese país en labores de seguridad, y el acarreo de miles de panistas en Puebla, como una manada, a favor de la imposición de Ernesto Cordero como aspirante presidencial.
 
Ninguno de los dos comportamientos es novedoso –la sumisión ante Estados Unidos, que ya venía del priato, ha sido ignominioso con Vicente Fox y Felipe Calderón, y las prácticas de coerción y defraudación electoral tienen ya vieja data en ese partido–, pero han llegado a niveles de desvergüenza en los años recientes.

Si a esto se añade que, sólo en cuatro años de gobierno de Calderón, han caído en la pobreza casi 13 millones de mexicanos –con lo que ya suman 57 millones que padecen pobreza patrimonial– y la corrupción prospera en la alta burocracia, entonces el Partido Acción Nacional (PAN) no es ya una opción creíble que pueda ofrecerle algo de bien a los mexicanos.
 
Lo peor es que los propios jerarcas del PAN lo saben y nada hacen para contrarrestarlo, por impotencia o incompetencia –lo mismo da–, y la degradación se profundiza a diario, en la misma medida en que los priistas y Enrique Peña Nieto hacen creer que están llamados a corregir el desabarajuste del que ellos, sin embargo, son cómplices.
 
El reportaje del diario The New York Times, este domingo, sobre la operación en México de agentes de la CIA, la DEA, el FBI y otras agencias estadunidenses en labores que conciernen sólo a los mexicanos exhibe el grado de entreguismo de Calderón, algo que el semanario Proceso ha documentado con las revelaciones, por ejemplo, de la sede en la Ciudad de México de esas agencias, así como la participación de agentes en capturas e interrogatorios.
 
El acarreo de panistas que organizó el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle –el “góber mafioso”–, a favor de Cordero, el sábado, tampoco es inédito, pero ilustra la falta de escrúpulos en la disputa por la candidatura presidencial del PAN, que hace seis años también observó prácticas de defraudación electoral, particularmente de Calderón, que permanecen impunes.
 
Al fin discípulo de Elba Esther Gordillo, emblema de prácticas delincuenciales, Moreno Valle utilizó la estructura gubernamental para la “movilización” de al menos 2 mil personas –la mayoría de condición humilde–, especialidad de Mario Rincón, el subsecretario general de Gobierno que tuvo la misma responsabilidad en la campaña y de Sergio Ramírez, director de Comunicación Social.
 
A cada persona se le entregó una bolsita con una torta y un refresco, además de facilitarle el transporte en autobuses que formaron largas filas fuera de Centro de Convenciones del Centro Expositor, donde obviamente hubo una zona de privilegio –omito el repugnante anglicismo VIP– para la elite panista adicta a la subcultura de la línea.

Apenas la semana pasada publiqué, en Proceso, el documento que elaboró la Comisión de Reflexión y Análisis luego de la debacle de las elecciones de 2009, una rigurosa introspección y un listado de propuestas que, por lo visto, no han servido de nada.
 
“En el comportamiento de los panistas no aplica la fuerza de las ideas, sino la fuerza del interés, la nómina y el poder”; “no hay agenda para y con la sociedad”; “se han tolerado actos de corrupción de funcionarios y militantes”; “se ha privilegiado el arribismo y el oportunismo”; “se permite la democracia simulada” son algunas de las consideraciones que se hacen como partido.
 
El diagnóstico, que se ha escamoteado a la militancia, reconoce que “no ha habido congruencia entre la democracia exigida y las prácticas del partido”, que los militantes y dirigentes del PAN “perdimos el valor de la ciudadanía hasta en la integración del IFE” y la conclusión es lapidaria: “Ya no somos el partido del cambio”.
 
Pero el PAN como gobierno, según el documento que se había mantenido en secreto, también es un fracaso, porque, reconoce, “no hemos construido un modelo de gobierno panista”, “algunos funcionarios hacen negocios desde el gobierno”, “no se redujo el dispendio”, prevalece el “nepotismo”, “hay comportamientos públicos vergonzosos que quedan impunes”, y “se manda un mensaje contradictorio al ejecutar programas contra la pobreza manteniendo el despilfarro y lujo de políticos”.
 
Sí, el PAN se pudrió…

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