26 de enero de 2016

LOS ZETAS Y EL PRI

¿Hasta dónde llegan los tentáculos del narcotráfico en el Partido Revolucionario Institucional? El cártel paramilitar más sanguinario está unido al PRI, lo que no sabemos es hasta dónde.
¿Es el narco el que somete al Estado o el Estado somete al narco para apoderarse del próspero negocio multinacional? ¿Los gobernadores sirven a Los Zetas o Los Zetas sirven a los gobernadores? ¿Quiénes son los jefes de Los Zetas en los narcoestados de la República? ¿Los Jefes Zetas o los gobernadores?
Tenemos que ir desmontando la idea que los cárteles de la droga existen al margen de la clase política mexicana. Al contrario, los cárteles de la droga existen, se fortalecen y crecen, gracias a los gobiernos de los diferentes narcoestados de la República.
Decir que Humberto Moreira “trabajaba” para los Zetas es incierto, más bien, a la luz de los hechos son los Zetas supuestamente, los que trabajaban para Moreira. No podemos olvidar que durante su mandato, como el de su hermano, Rubén, Coahuila se ha convertido en un narcoestado.
La indagatoria contra los Moreira se inició en Estados Unidos, al igual que las investigaciones contra el ex Gobernador Tomás Yarrington, acusado de trabajar con Los Zetas y con el Cártel del Golfo. Tampoco podemos olvidar la historia de otro priísta vinculado con los Zetas, el ex Gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, precisamente exiliado para protegerlo con patenta de corso del consulado de México, en Barcelona. Pero hay que recordar el testimonio de José Carlos Hinojosa durante el juicio por lavado de dinero para el Cártel del Golfo. El ex contador del cártel declaró que había entregado 12 millones de dólares para la campaña del candidato a Gobernador del PRI, Fidel Herrera Beltrán. No hay que olvidar, al ilustre priísta Mario Villanueva Madrid, Gobernador de Quintana Roo de 1993 a 1999 y prófugo de la justicia más de un año hasta que fue detenido en 2001 y luego extraditado a Estados Unidos en mayo de 2010. Y otros célebres priístas.
Otro Gobernador priísta presuntamente con Los Zetas es Rodrigo Medina, a quién ese cartel le colgó varias narcomantas para recordarle quién le había pagado 20 millones de dólares durante su campaña y los compromisos adquiridos con ellos.
En el caso concreto de la investigación contra Humberto Moreira, sabemos que fue iniciada desde octubre del año pasado y que el gobierno mexicano fue debidamente informado por Estados Unidos. ¿Por qué la Procuraduría General de la República no actuó? Seguramente porque se trata de un ex Gobernador del PRI y lo protegieron, hasta que España lo detuvo bajo la consigna sarcástica de “Misión cumplida”.
Las alianzas entre los Zetas y el PRI tienen su lógica. Este cártel de la droga nació en las entrañas del Estado. Su fundador fue Arturo Guzmán Decena quien se dio de alta en el Ejército mexicano el 12 de mayo de 1992 y desertó en 1997, quien trabajaba para la Policía Judicial Federal (PJF). De hecho, los primeros Zetas eran militares capacitados en la Escuela de las Américas especialista en la llamada “contrainsurgencia” y en preparar auténticos matones y torturadores.
Tres años después, Guzmán Decena conocido como el Z1 empezó a trabajar para Osiel Cárdenas, líder del Cártel del Golfo. Su función era reclutar ex militares y así fue formando el brazo armado de ese cártel, cuyo feudo está ubicado en Matamoros, Tamaulipas. A sus filas, fueron llegando militares de Tamaulipas y también del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) y otros elementos sanguinarios, hasta que se separaron del CdeG y formaron su propio cártel, construyendo así el imperio de terror que ya conocemos.
El poder de Los Zetas al igual que el del PRI, es nutrirse del tejido social más necesitado. Los Zetas fueron creando redes en las distintas ciudades, congregando a una amplia masa de jóvenes marginados, sin posibilidad de estudiar ni trabajar. El ofrecimiento de 5 a 10 mil pesos semanales provocó todo un éxito en el reclutamiento. Actualmente, el ejército de Los Zetas es potente y muy extendido.
Los Zetas controlan generalmente estados gobernados por el PRI en particular en el noreste, pero también en lugares como Veracruz, Zacatecas, Guanajuato, Tabasco o Quintana Roo. Según la PGR hay escisiones claras trabajando en Coahuila y Nuevo León bajo el nombre de “Sangre Zeta”, o el Grupo Operativo Zetas en El Mante, Soto La Marina y Victoria, en el estado de Tamaulipas, mientras los que se hacen llamar Comando Zetas, tienen su centro de operación en las ciudades de Gustavo Díaz Ordaz, Ciudad Mier Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo y Miguel Alemán, disputando territorio al Cártel del Golfo.
En su estructura delincuencial, además de los halcones dedicados a tareas de vigilancia, están los sicarios especializados en cortar cabezas, pozolear, destazar o desollar, mientras los halcones tienen a su cargo la vigilancia y los llamados Cobras, se concretan al trabajo de cobro de piso.
Desde hace algunos meses, algunos grupos de Zetas han ido cambiando de nombre. Ahora se hacen llamar “Cártel del Noroeste” y han ido apareciendo en Nuevo León, Zacatecas y Coahuila. En los últimos meses han colocados algunas narcomantas en Cadereyta y Galeana, Nuevo León, algo que confirma que van tejiendo redes con el poder político local, estatal y federal, para fortalecer su presencia.
¿Cuál es el modus operandi de estas alianzas estrategicas entre gobierno del PRI y Los Zetas? Está basado en el dinero procedente del narcotráfico que llena los bolsillos de los políticos a cambio de otorgar territorio y seguridad a los delincuentes en el trasiego de droga. Luego, algunos narcopolíticos se engolosinan con los billetes verdes, casas, yates, aviones y todo tipo de riquezas y desplazan a los narcos para ser ellos personalmente quienes se dedican a traficar y blanquear el dinero. Los cárteles de la droga, se convierten entonces, en “empresas” institucionales, donde la nebulosa de la actividad política, permite camuflar los colores de la organización criminal a la que realmente pertenecen. La tutela del estado a los cárteles de la droga va mucho más allá de una simple colaboración o un aislado vínculo de participación “comercial”.

¿Cuántos narcogobernadores, narcoalcaldes, narcodiputados, narcoregidores tiene el PRI?… Habrá que preguntarle a la justicia de Estados Unidos o de España.

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