11 de febrero de 2012

La democracia panista

Tulio Moreno Alvarado
La contienda interna panista para elegir a su candidato(a) a la Presidencia dejó en Veracruz una notable huella genética del estilo y la forma de hacer política del neopanismo, nada ajena a métodos francamente delincuenciales como el acarreo, compra y coacción de votos, uso de los recursos públicos para fines partidistas, espionaje y amenazas a trabajadores de la Federación.
 
Aunque Josefina Vázquez Mota era la propuesta más “simpática” y menos vulnerable por su condición de mujer a la crítica dura proveniente del panismo calderonista, sobre todo la que recordaría su desastroso paso por la Sedesol, la SEP y su pertenencia a la cuadra de Vicente Fox, el resultado final deja como conclusión que en Veracruz hay un elevado grado de división interna, producto de la disputa por el control del partido entre el clan Yunes boqueño y los Pipos xalapeños. Ambas camarillas se enfrentaron en una notable contienda en la que prevalecieron las viejas mañas del ex priísta y las propias de la gente de Alejandro Vázquez Cuevas, que ha puesto en práctica durante los más de 14 años que lleva al frente del partido.
 
Dejando de lado también que, al final de cuentas, el ejercicio electoral panista para elegir a su candidato presidencial pudo haber sido una farsa para dar cuenta de aquella supuesta vena democrática de Acción Nacional, la lectura más importante no es dentro del PAN sino para sus adversarios priístas e izquierdistas que sentirán el peso del Estado en el mes de julio.
 
Aunque Vázquez Mota ganó la contienda nacional, en Veracruz, el sacrificado Cordero del calderonato obtuvo una impensable cantidad de votos, fenómeno que no puede atribuirse ni a su sensibilidad social o arrastre personal ni mucho menos a sus dotes oratorias.

Pese a que desde la misma noche del domingo la gente de Ernesto Cordero reconocía el triunfo nacional, insistía por otra parte que en Veracruz el ex secretario de Hacienda obtuvo 32 mil 268 votos, más de 6 mil arriba de los 26 mil 737 alcanzados por Josefina Vázquez Mota (en una cifra curiosamente coincidente y casi inversa a la que oficialmente dio a conocer el lunes la Comisión Electoral Estatal que ubicó en 28 mil 327 votos josefinistas, contra 21 mil 436 de corderistas y los escasos mil 560 para Santiago Creel).

No obstante, el hecho contumaz es que, en efecto, el domingo operaron los dos comités panistas: el formal que encabeza Vázquez Cuevas con Julen Rementería y el que apuntaló al delfín de Calderón –que casi da la sorpresa de creerse al comunicado de Miguel Ángel Yunes Linares con cuyas cifras sólo habría buscado posicionar a su vástago Fernando en la candidatura senatorial.
 
El notable logro corderista se obtuvo simplemente porque tuvo a su disposición la verdadera estructura electoral y los recursos financieros de las delegaciones federales con la que acostumbra operar Acción Nacional en los estados para sustituir así a sus simbólicas dirigencias y representaciones estatales.
 
Esta elección en realidad reflejó la circunstancia del panismo veracruzano que vive en un empate técnico, fracturada por los intereses de las dos facciones que disputan los cargos públicos y las prebendas que da el partido.
 
Así pues, tanto peñanietistas como lopezobradoristas enfrentarán en Veracruz en los comicios para diputaciones y senadurías, y ni se diga por la Presidencia a ese poder de las delegaciones y al aparato del gobierno federal como poderosa maquinaria electoral, que envalentonado por haber sacado a su candidata de un proceso “democrático”, no tendrá empacho alguno para usar a su antojo el cuantiosísimo presupuesto federal para evitar que Felipe Calderón pase a esa particular versión de la historia que poseen los panistas como el fracasado que entregó la silla presidencial.

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