17 de marzo de 2014

OCEANOGRAFEANDO CON FOX


Por: Sanjuana Martínez
El gran caso de corrupción y tráfico de influencias, de la primera etapa del sexenio de Enrique Peña Nieto ya tiene nombre: Oceanografía, un entramado de empresas fraudulentas vinculadas al expresidente Vicente Fox y su honorable familia política, los chiquillos Jorge Alberto y Manuel Bribiesca Sahagún, hijos de su amada y humilde esposa, Marta Sahagún. La historia de corrupción de la decente familia Foxiana, empieza ocho años atrás, cuando la Auditoría Superior de la Federación alertó sobre violaciones a las leyes de Obra Pública, pero obviamente el gobierno de uno de los presidentes más ignorantes de México no hizo nada. 

La naviera Oceanografía, fue creando toda una infraestructura para la magistral estafa. Con hombres de paja como propietarios con Amado Yáñez Osuna y Amado Yáñez Correa, había comenzado su despegue desde el 2002. Su ascenso empresarial a gran escala, es gracias al precursor de la venta y consumo libre de marihuana, Vicente Fox y de su compañero de partido, Felipe Calderón. Ambos favorecieron suculentos contratos a favor de esta naviera a cambio de cuantiosas comisiones, según denunció hace años el ex legislador de Convergencia, José Manuel Del Río Virgen. Solamente de 2011 a 2013, Oceanografía obtuvo unos 43 contratos de Pemex Exploración y Producción (PEP) para brindar servicios en altamar, como reparación, mantenimiento y rehabilitación de pozos. 

También brindaron transporte e instalación de plataformas y construcción de gasoductos, entre otros servicios. Los beneficiarios de Oceanografía se embolsaron alrededor de 400 millones de dólares con un fraude bancario contra Banamex, filial de Citigroup, basado particularmente en los llamados “préstamos tóxicos” que Oceanografía pedía al banco, ofreciendo como garantía cuentas por cobrar de los servicios prestados a Pemex con facturas alteradas por un valor de 5480 millones de dólares, de los cuales, solamente se comprobó que 185 son pagos válidos. 

¿Qué hizo la familia foxiana con los 400 millones de dólares restantes? ¿Por qué esa desmedida ambición? ¿Cómo es posible que la clase política mexicana no tenga límites para robar? ¿Cómo queda el PAN con este caso  de corrupción?… 

La inhabilitación en el sector público de la empresa Oceanografía, S. A. llega tarde y mal. Sorprende la forma de trabajar de algunos medios de comunicación que, han pasado del silencio mantenido durante ocho años, al escándalo actual. Todos aquellos que callaron de manera cómplice cuando se destapó este caso, ahora incluyen Oceanografía en su agenda informativa, por orden y línea del PRI en el gobierno. 

Los maestros en legitimación a base de golpes judiciales, están a punto de consumar su nuevo objetivo. Peña Nieto carece aún de legitimidad. Elba Esther Gordillo en la cárcel y el Chapo “detenido”, no son suficientes para alcanzar la popularidad requerida en la Silla del Águila. Peña Nieto necesita más, por eso va directamente al corazón panista: Fox y Calderón, los dos grandes traidores de la derecha “civilizada” del PAN están en la mira del nuevo gobierno, que quiere empezar entambando a los chiquillos Bribiesca, eternamente protegidos y escondidos, bajo la falda de su madre. 

Pero el PAN no está dispuesto a inmolarse más, bastante tiene con el desastre interno. Es un partido en franca decadencia, consumado por la corrupción y el autoritarismo. Y por lo pronto, sabe cómo chantajear al gobierno priísta y ha condicionado el aval a las leyes secundarias en materia energética hasta que se “aclaren” los serios señalamientos contra la honorable Oceanografía y su quebranto a Pemex y Banamex. 

Y para mostrar honorabilidad, el PAN eligió a sus dos grandes estandartes, los intachables senadores Roberto Gil Zuarth y Javier Lozano, quienes defienden lo indefendible e insisten en decir que el fraude no tiene nada que ver con los contratos asignados a dedo por las administraciones de Calderón y Fox, sino con la expedición de facturas falsas para obtener “préstamos tóxicos” de Banamex. 

El ex secretario particular de Calderón, Gil Zuarth se olvidó de mencionar que fue durante el gobierno calderonista cuando Oceanografía logró 68 contratos, el mayor número con Pemex, un 61.8 por ciento del total que le entregaron en los últimos once años por un monto de 50 mil 981 millones 819 mil 596.27 pesos. 

Por si fuera poco, el resto de las instituciones afectadas por su relación con Oceanografía incluye a los institutos Mexicano del Seguro Social (IMSS), del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) y del Servicio de Administración Tributaria (SAT). Nuestra capacidad de asombro no termina, cuando leemos la declaraciones surrealistas del señor Fox, quien dice que él y su familia están muy tranquilos, sin ninguna preocupación sobre Oceanografía, porque dijo, ellos son una familia de “integridad”. 

En lugar de cantinflear como es su costumbre, Fox, se limitó a oceanografear: “No sabemos cuál es el delito, nadie me puede decir cuál es el ilícito y por tanto hay que esperar información, lo único que yo puedo decir con absoluta certeza, por esas malas lenguas que hacen como siempre, aventando la calumnia y escondiendo la mano, que la familia propia (Fox) y ampliada (Bibriesca Sahagún) no tenemos absolutamente ninguna preocupación sobre el tema, porque nunca hemos tenido participación”. 

La soberbia política de aquellos que se saben protegidos por el manto de impunidad generado a base de chantaje, ofrece seguramente ese tipo de “pax”. Sin embargo, es importante señalar que a nadie se le debe olvidar la forma traicionera de actuar del PRI. Para llenar las dosis de legitimidad no solamente necesitan encarcelar a panistas corruptos, sino también a líderes sindicales charros, charrísimos como Carlos Antonio Romero Deschamps, ubicado en la cuerda floja con Fox, desde que llegó el PRI a Los Pinos. 

Detrás del entramado oceonográfico, habría que identificar en las sombras, en las cloacas de las negociaciones donde, la inefable clase política, se reparten el poder, el dinero y la impunidad, la figura de Carlos Salinas de Gortari, el gran operador de este guiñol, moviendo los hilos de todos los títeres. 


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